lunes 1/3/21
Arte

Reivindicación de El Ggodo

La legendaria y bohemia figura del pintor nacido en Veneros es impulsada tras su muerte por Alexander Rodríguez, uno de sus hijos, dispuesto a transmitir su arte, León y su vida única
Un retrato representativo de la obra de El Ggodo. DL

El Ggodo no era el pintor más célebre, pero sus cuadros pueblan multitud de casas leonesas y hay obra suya hasta en la Catedral. Y fuera de León, también. Desapareció sin dejar pistas pero llegan señales lejanas desde Canadá, Alemania, Australia... El hombre, Pedro Rodríguez Fuertes, había nacido en León, pero el pintor, El Ggodo, en San Sebastián. Y todo explicable. Da lo mismo, son la misma persona. Más que de un tipo singular, que lo era, podríamos hablar de un tipo plural. Alguien no dispuesto a dejar pasar el enamoramiento. Y, lo que ya no se sabe si clasificar como destreza o patología, no olvidar nunca a las mujeres a las que amó. Murió en León, pero apenas se supo. Una esquela en los medios de comunicación vascos y una despedida en el tanatorio Sarria de Mungia (pueblo de Vizcaya) fue su última reseña. Tal vez, un quiebro más al destino pero lleno de sentimiento. Ahora, desde Australia su hijo Alexander Rodríguez lo reivindica a través de una web en un vertiginoso recorrido artístico y vital.

En el mundillo artístico local pocos lo recuerdan, pero su obra está presente en lo privado y lo institucional. Su retrato biográfico es a primera vista deslabazado. El autobiográfico, un torbellino. Y sus lazos, más que persistentes. «Estuve en León en 1984 y 1985, en 1993 y 1999. Disfruté cada viaje allí. Tengo buenos recuerdos de Veneros y León y su gente. Me gustaría llevar a mi hijo a España», remarca su hijo Alexander, hijo también de una tenista australiana llamada Susan Alexander. Ese sitio virtual es un tratado de vida.

La bohemia

Es el recorrido del hombre errante, como lo define Victoriano Crémer. Y a veces errático, reconocido por él mismo. El pintor romántico o el bohemio que vivía como un rey. El recuerdo tan orgulloso como melancólico. Puede que el amor de su vida solo fuera uno, pero tuvo muchos. Los enumera él mismo y parecen claves en la influencia de su devenir. Dato que incurre en la contradicción constante de El Ggodo y que tiene el sentido en este relato, puesto que es él mismo el que en primera persona y para explicar su vida y obra recurre a estos datos personales y que son de enamoramientos compulsivos y mucho viaje.

El Ggodo era de Veneros en León pero vasco en Euskadi. Aunque terminó definiéndose ciudadano del mundo. Nació en 1933 pero también en 1960, cuando dice que en un restaurante de San Sebastián, su padre y el dueño del local le bautizaron como Godo. Luego él añadió una g y aseguraba décadas después que hasta la plagiaban la tipografía de su firma y de su nombre escrito así: EL.GGoDo. Y ahí parece que se inicia su vida de artista.

Hay intelectuales leoneses que lo recuerdan pero no tantos. Máximo Rascón, que incluso reclamaba hace meses un merecido documento seguro más profundo que este texto, para glosar la figura del pintor de Veneros, considera más que justo que sea recordado. Es más, sí tuvo conocimiento de la muerte de El Ggodo, acaecida el pasado junio. Y así a vuelapluma recuerda que hay obra suya en la Catedral, pero que al final de su etapa más activa como pintor ofreció unos cuadros extraños. En aquellas pinturas hay ovnis, naves espaciales, astronautas... junto a los símbolos religiosos. Y debió de chirriar un poco. Pero pintó paisajes, retratos, abstracciones... Puede que Marcelino Cuevas, añorado crítico de arte de este periódico, hubiera podido elaborar alguna teoría de garantía sobre este misterioso mutis.

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Imagen del artista junto a una de sus obras. CUEVAS

Vicente Pueyo, también fallecido e ilustre de esta casa, escribió sobre él en Diario de León.

Y, cómo no, consta que el eterno Victoriano Crémer le dedicó un Crémer contra Crémer. Y aunque decía que El Ggodo era capaz de lo sublime y lo olvidable, en esas líneas lo define como un creador deslumbrante de realidades.

En la memoria

Pero resulta que aparece esto: «In loving memory of my father Pedro Rodriguez Fuertes, EL.GGoDo 26th of March 1933 — 11th of June 2020». Y se trata de su hijo Alexander J. Rodríguez. La idea de Alexander a través de esa web es que la figura de su padre se conserve como llama artística. De hecho, afirma que «siempre me ha gustado saber quién disfruta con las obras de mi padre». Y a partir de ese leit motive, como por supuesto los lazos familiares y emocionales, Alexander remarca el origen de El Ggodo en Veneros.

Tuvo dos hijas más, ocho nietos, un biznieto y dos hermanos. Él mismo recuenta hasta 1.600 obras, que seguro que fueron más y que están sembradas por los lugares de su vida.

La historia termina en Veneros, donde empezó. Tal vez se despierte ahora la curiosidad por saber más de él mismo y de su obra. O simplemente sirva para poner en orden un ingobernable catálogo del que hay un apunte en la citada página web. Porque da la sensación de que la historia de El Ggodo en lugar de un The end parece merecer el asterisco de ‘continuará’ como una vida que solo cabía en otras muchas vidas.

Reivindicación de El Ggodo
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