sábado 15/8/20

De repente, el último librero

Tras la desaparición de Adonino Llamazares ‘Moncho’, gran referente de las librerías de viejo en León y a nivel nacional, Abel Vieito, de la Paraíso Lector, toma el único relevo
Vieito cuenta con importantes colecciones y libros con León como referente en su tienda en la calle de la Torre. FERNANDO OTERO
Vieito cuenta con importantes colecciones y libros con León como referente en su tienda en la calle de la Torre. FERNANDO OTERO

En estos casos, el dicho de que alguien tendría que hacerlo se tornaba un deseo difícil de cumplir y de encomendar. Murió Moncho, con nombre real y menos conocido Adonino Llamazares, y el sector de las librerías de viejo de León se quedó huérfano y muchos añadieron que para siempre. Pero en la calle de la Torre se fraguaba el relevo tan entusiasta como tranquilo en la figura de Abel Vieito Fernández, un hombre que proviene de la hostelería, en concreto del Restaurante Valderas. Ahora, al frente de Paraíso Lector, receta la lectura como la mejor forma de alimentar cuerpo y espíritu.

«La idea ya rondaba desde hace algún tiempo, pero surgió por la necesidad de cambiar de aires. Después de 20 años en hostelería necesitaba hacer otras cosas y tener unos horarios más normales. La hostelería es apasionante, sobre todo si te gusta como era mi caso, pero también es muy esclava sobre todo en cuestión de tiempo, de ahí surgió la posibilidad de realizar el cambio», relata sobre lo que seguro que rumiaba como sueño del pasado sin pensar que ahora sería su medio de vida.

Así, Vieito regenta esta librería de amplio catálogo, capaz de satisfacer búsquedas que a veces el empeño hace creer que seguro que fuera de León se encontrarán. Hay quien ha hecho la prueba, y después de rebuscar por Internet descubrió que a tiro de piedra tenía el ejemplar específico que buscaba.

Por eso, ante este hostelero y librero interesa saber qué se disfruta más, si servir un delicioso plato o vender una joya en forma de libro. Pero parece que todo puede ser interesante a tenor de la respuesta: «Es una pregunta complicada. Yo creo que depende del momento, pero en los dos casos, si son buenos, son inolvidables. No se me olvidarán jamás las gambas con salsa de puerros del Restaurante Rocco ya desaparecido, pero no creo que olvide nunca el día que leí Cien años de soledad. Es una pregunta dificil», reitera, pero deja sobre la mesa dos propuestas que abren los mejores apetitos.

Siempre al otro lado de la barra, sí que se descubre como un amante del disfrute como consumidor de los mejores libros, comidas o caldos, que en esta tierra abundan en todos los frentes: «El placer de entrar en una librería de viejo, revolver entre sus estantes y encontrar ese libro que andabas buscando, es una de las mayores alegrías que te puedes llevar. Y ahora lo hago desde el otro lado», reflexiona.

Ahora que de repente es el último librero, el juego también consiste en preguntar si se acuerda de su primer comprador. Y esa leyenda del librero que guarda en su memoria a sus clientes, en Abel Vieito se cumple: «Fueron días de mucho estrés por la apertura, pero si lo recuerdo porque fue una amiga y me compró el libro Finalmente juntos, de Josie Lloyd, que llevaba tiempo buscando», rescata como gran anécdota. En esa memoria también cabe el recuerdo de Moncho como homenaje pendiente: «Sí, claro que lo conocía, primero como cliente suyo y después como colegas, recogiendo todos los consejos que pudo darme. Una pena, León se quedó huérfana de sabiduría en nuestro sector», asegura. Se despide con «un saludo y buenas lecturas», y una recomendación: «Dijo Umbral que escribir es la manera más profunda de leer la vida. Yo añado que leer es la manera más maravillosa de vivir».

De repente, el último librero