miércoles 22.01.2020
JAVIER CERCAS | PREMIO PLANETA

«Repetirse es la muerte del escritor»

Los escritores Manuel Vilas y Javier Cercas, finalista y ganador del Premio Planeta. TONI ALBIR
Los escritores Manuel Vilas y Javier Cercas, finalista y ganador del Premio Planeta. TONI ALBIR

Melchor Marín, un mosso d’Esquadra con pasado terrible como delincuente y un presente heroico, investiga un crimen múltiple y salvaje en la Cataluña pobre, en Gandesa, durante el tsunami independentista del ‘procés’. Esto es, en esencia Terra Alta, la novela que ha dado a Javier Cercas (Ibahernando, Cáceres, 1962) el 68 premio Planeta. Un Cercas que huye de sí mismo, cambia de registro y que por primera vez su vida se presentaba a un premio. «Una de las razones es que cada año, al día siguiente del Planeta, mis vecinos, la portera y el kiosquero, me miraban con compasión y solidaridad. ‘No se preocupe ya se lo darán’, me decían», ironiza. Ahora, con el talón de 601.000 euros en la mano, dice ser «otro Cercas».

 

—Pasa de esos ‘cocidos’ de sus otras novelas, que fundían géneros, a una con trama clara.

 

—Las anteriores sí tenían argumento, pero mezclaban cosas, en efecto. Esta es quizá la novela más novela de Cercas. No hay ensayos de por medio, ni está trufada de otros géneros. Es ficción pura. La trama no es lo esencial, pero es la primera vez que es muy relevante.

 

—La escribió porque necesitaba un cambio. ¿Cercas se hartó de Cercas?

 

—Sí. Me harté de mí mismo. Había llegado al límite de una serie de cosas. Podría haberme repetido, aburrirme y aburrir a todo el mundo. Pero repetirse es la muerte del escritor. He huido de mí mismo para construir otro yo, para buscar un territorio que no fuera el mío y conquistarlo. Escribir una novela es formular una pregunta compleja de la manera lo más compleja posible. Y si la formulación es la misma, la novela es mala.

 

—¿Sale Cercas bien librado?

 

—Lo dirá el lector. Estoy muy contento y a los primeros lectores parece que les ha gustado. Un libro es una partitura que debe interpretar el lector, que siempre tendrá la última palabra.

 

—No es una novela del ‘procés’ ni política, dice, pero admite que no la habría escrito sin el ‘procés’ y que habla de política.

 

—Es una reflexión sobre el valor de la ley, de la justicia y la legitimidad de la venganza, asuntos que no habían sido esenciales para mí hasta ahora. La pregunta crucial es en qué consiste la justicia y hasta dónde puede llegar. Un tema muy actual. No es una novela sobre el ‘procés’ pero surge de mi experiencia en estos años, que han sido traumáticos para mí y para tanta gente. El ‘procés’ no es el tema de la novela, pero sin él no existiría. Es su carburante. Esa serie de circunstancias desdichadas de la vida de nuestro país han sido muy positivas para mí como escritor y me han cambiado. Sin esos cambios jamás habría escrito Terra Alta. Que nadie busque opiniones políticas. No las hay.

 

—Cierra un ciclo, asegura.

 

—Sí. Abro otra senda que no sé dónde me llevará. Y es lo que más me alegra. Me siento joven y enérgico. Soy un escritor nuevo y distinto. No sabía dónde iba, pero tuve la certeza de que el libro anterior, El monarca en las sombras, era el final de algo, de llevar l al límite cosas que comenzaron con Soldados de Salamina.

 

—El personaje de Melchor Marín, un héroe que se enfrentó a los yihadistas tras los atentados de Cambrils, ¿llega para quedarse?

 

—No sé si habrá serie. Confesaré, sí, que es un personaje al que adoro. Un tipo con una infancia y una adolescencia muy complicadas que me gusta mucho. En teoría no tiene nada que ver conmigo, pero le he metido todo lo que tengo. Está sediento de justicia y es capaz de ir a los extremos.

 

—En la novela policíaca hay dos líneas, la intriga pura y la sanguinolenta. ¿En cual está?

 

—Son las líneas de Sherlock Holmes y de Hammet, que cambia la novela y la hace social, pero que hoy se han mezclado completamente. Las primeras páginas de Terra Alta son bastante gore.

«Repetirse es la muerte del escritor»