martes 07.04.2020
Patrimonio minero

Sabero planea que su ferrería sea Patrimonio de la Humanidad

■ El alcalde y el consejero de Cultura ya negocian la recuperación del patrimonio minero del valle ■ El Ayuntamiento pide la declaración de BIC para los castilletes Herrera I y Herrera II
Sabero planea que su ferrería sea Patrimonio de la Humanidad

Sabero puede tener otra oportunidad con la minería. Su alcalde, Francisco García Álvarez, se entrevistó la pasada semana con el consejero de Cultura y Turismo de la Junta de Castilla y León, Javier Ortega, y con sus directores generales, a los que trasladó la necesidad de declarar Bien de Interés Cultural (BIC) los Castilletes Herrera I y Herrera II, así como la creación de un grupo de trabajo coordinado por el Museo de la Siderurgia y la Minería de Castilla y León que estudie la declaración del conjunto industrial Ferrería de San Blas como Patrimonio de la Humanidad, por tratarse de un espacio singular y excepcional en el mundo.

El regidor municipal se interesó por el estado de la intervención en los restos de los altos hornos de la ferrería, para su musealización y puesta en valor como elemento visitable, un proyecto impulsado desde la Dirección General de Patrimonio la legislatura pasada y del que aún no hay resultados.

También puso sobre la mesa la restauración de la locomotora de vapor Bilbao 8, única que ha quedado sin restaurar de las que contaba la empresa Hulleras de Sabero y cuya finalización completará una de las colecciones de locomotoras mineras a vapor más importantes de Europa.

Asimismo, abordaron la rehabilitación y recuperación de las instalaciones de la mina Sucesiva, para que se integre en el complejo industrial de la ferrería de San Blas. El alcalde pidió al consejero que se retome el proyecto abandonado en su día por motivos presupuestarios de la segunda fase del museo, buscando alternativas más económicas y un nuevo proyecto acorde a la situación actual.

García Álvarez salió satisfecho de la reunión «por la receptividad y sintonía» encontrada, «agradecido por el apoyo de la Consejería» y «esperanzado por el compromiso de estudiar las propuestas y ver cómo se pueden desarrollar en el tiempo».

LOS PRECEDENTES

El fin de la minería en la cuenca de Sabero en 1991, después de más de 150 años de actividad extractiva, dejó sumida a toda la comarca en una crisis económica sin precedentes y también en una crisis de identidad desconocida hasta esa fecha.


Foto antigua de los hornos. DL

Más de 500 mineros se quedaron sin trabajo y otros cientos de empleos indirectos se vieron igualmente afectados. Al ser la primera gran cuenca minera de León en cerrar, las administraciones se implicaron con la constitución de la denominada Mesa para la reindustrialización de Sabero, formada por la Junta de Castilla Y León, la Diputación, los ayuntamientos de Sabero, Cistierna y La Ercina, la empresa Hulleras de Sabero y los sindicatos, cuyo objetivo era la búsqueda de empresas que generasen empleos para cubrir los perdidos.

Al calor de esta dinámica reindustrializadora surgió también la idea de poner en valor el importante potencial turístico de la zona como elemento generador de actividad económica, aprovechando el rico patrimonio natural e industrial que tenía, entre el que destacaba la impresionante instalación de la ferreria de San Blas, primer horno alto de España, que funcionó de forma moderna y con carbón de cok, declarado en 1991 Bien de Interés Cultural.

Nace así desde la sociedad civil y el Ayuntamiento de Sabero la idea de usar esta gran nave de estilo neogótico para albergar un museo dedicado a la minería, que sirva por un lado como eje principal sobre el que gire toda la atracción turística de la comarca y por otro como homenaje y recuerdo a una actividad y unos trabajadores a los que tanto debían León y el resto de España, paliando así en parte la pérdida de identidad minera.

El proyecto, por aquel entonces solo una idea, sufrió con el paso del tiempo dos modificaciones importantes. La primera fue la implicación decisiva de la Junta, cuya Consejería de Cultura lo asumió como propio, haciéndose cargo de su redacción y financiación, en colaboración estrecha con el Ayuntamiento de Sabero, que cedió los edificios y la mayor parte de las piezas de su colección. Esta implicación trajo consigo que el museo adquiriese rango autonómico, convirtiéndose en el centro de referencia de la temática minera e industrial en la comunidad y en el primer gran museo autonómico fuera de una capital de provincia. La segunda fue la ampliación de la idea inicial para incluir no solo la parte minera sino también la historia siderúrgica de Castilla y León, especialmente la relativa a la ferrería de San Blas, dada su importancia a nivel nacional.

La magnitud y lo ambicioso del proyecto hizo que se planificará en varias fases, que comprenderían en una primera etapa la restauración y puesta en valor de la ferrería de San Blas, en una segunda la construcción de un lucernario-almacén para albergar y exponer grandes piezas y la rehabilitación de las instalaciones de la mina Sucesiva y en una tercera etapa la construcción de una mina imagen.

La primera fase consumió un presupuesto de más de cinco millones. La segunda fase costó otros seis millones. En la tercera fase, la consjería encargó una memoria a la empresa Sadim, para realizar la mina imagen, pero al igual que con la segunda fase, nunca se hizo ninguna actuación.

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