Diario de León

El Teatro Emperador tendrá un diagnóstico 16 años después de su cierre

Cultura estudiará en octubre la rehabilitación del Emperador. El Ayuntamiento de León solo puede leer hasta ahí porque no sabe más. Es lo que le han trasladado desde Madrid. Mientras, Amithe y el colectivo que recogió firmas para su salvación muestran su malestar por ser ignorados.

Fotografía aérea del Teatro Emperador tomada en 2015 en la que se ve el edificio completo. RAMIRO

Fotografía aérea del Teatro Emperador tomada en 2015 en la que se ve el edificio completo. RAMIRO

León

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La rehabilitación del Teatro Emperador es una incógnita. Porque, de momento, lo único que se conoce es que en octubre, Cultura o bien el Inaem, en lo que respecta a la representación del Gobierno central, estudiarán qué plan, qué proyecto o qué futuro puede ser posible para acometer la recuperación de un inmueble que tiene en vilo a buena parte de la sociedad leonesa. Fuentes municipales aseguraron a este periódico que el último trimestre será clave, octubre en concreto, para que desde Madrid lleguen vientos de futuro para el Emperador, aunque también dando a entender que el contenido o no se conoce o aún no existe. Este último punto es ante el que muestran su malestar representantes de la Asociación Amigos de los Teatros Históricos de España (Amithe) o el colectivo que lideró la recogida de firmas y que con tanta fuerza impulsó Goyo Álvarez Barriales, entre otros, como representante de esta demanda cívica. No cuentan con ellos.

«Nos horrorizó escuchar que se planteaba una solución inmediata, incluso su reapertura. Un edificio de este valor y estas características requiere unos trabajos serios», indicó Alejandro Conty, arquitecto leonés y cabeza visible de Amithe en el amplio proyecto que ofrecieron sin éxito al Ayuntamiento de León.

Es decir, que lo de un lifting exprés para el Emperador, además de una aberración histórica, se puede saber que no será. Es más, cerrado en 2006, y a cal y canto poco después, el estado interior del teatro es otro misterio.

Sí es cierto que la prudencia al respecto por parte del Ayuntamiento se ha producido. Al igual que maniobras para implicar a otras instituciones, aludiendo a que en situaciones similares se ha producido así.

Una de las pocas imágenes del interior, fechada en 2014. JUAN LESMES

Una de las pocas imágenes del interior, fechada en 2014. JUAN LESMES

En el caso de buscar confluencias se debe recordar que coincidiendo con el día de la protesta convocada en las puertas del Emperador por Amithe y Álvarez Barriales, sumando además una buena recogida de firmas, el Ayuntamiento, a través de su alcalde, optó por lo que se denominó un movimiento de ficha: Diez explicó que se persigue un proyecto para hacer del Emperador un teatro del siglo XXI, con una serie de instalaciones en su interior que lo asemejen al Matadero de Madrid, un novedoso centro cultural, «pero guardando siempre su idiosincrasia», publicó este periódico.

Amithe, por su parte, apuesta por una idea que casi requiere cierta revolución urbanística. Puesto que como se dijo aquel 25 de mayo, un futuro viable para el Teatro Emperador pasaría por «plantearlo como un centro escénico de alto nivel. Pero también como un espacio abierto a todo tipo de actividades para eventos y formación actoral, por ejemplo. Con servicio de hostelería... Y una opción es recuperar el frente del teatro y peatonalizarlo», explicaba Conty.

Anatomía de un teatro en peligro

Amithe además del proyecto de futuro, explica características clave para advertir sus peculiaridades. Así, explican que en la planta del edificio contrasta la forma en herradura de la sala, insertada en el centro, con el perímetro poligonal del conjunto del edificio, de forma trapezoidal. Contraste que se resuelve ocupando el espacio libre con usos terciarios o residenciales, tales como oficinas o viviendas.

Por su carácter polivalente, la organización de la sala viene condicionada por el casi imposible compromiso entre las exigencias propias del teatro, que aconsejan una disposición focal de la platea frente al paralelismo de las butacas con la pantalla de cine. En esta disyuntiva, los arquitectos se decantan por la función dramática adoptando la forma de herradura típicamente teatral, aunque intentan corregir las desventajas para el espectáculo cinematográfico con el alineamiento de las filas de butacas en el entresuelo y el anfiteatro. Esto es, si sobrevivió así el Emperador de 1951 a 2006, ahora debería poderlo.

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