domingo. 05.02.2023
Víctor Pablo Pérez, director de la Sinfónica de Galicia
Son ya muchas las vivistas que la magnífica Sinfónica de Galicia nos ha hecho a lo largo de los diez últimos años y en cada una de estos encuentros siempre nos ha sorprendido con importantes hallazgos tanto programáticos, como interpretativos o directoriales. La del pasado viernes no fue una excepción y volvió a dejarnos ese dulce sabor de lo genuino y fresco. La primera de ellas fue la de encontrarnos con una cantante de la talla de la soprano francesa Verónica Gens, una extraordinaria voz mozartiana que pasó por el Auditorio casi de puntillas, envuelta en un halo de incertidumbre y expectación unido a un cierto escepticismo por el desconocimiento de la obra que iba a cantar, La muerte de Cleopatra , (aunque en León hemos tenido la suerte de oírla anteriormente dos veces), ya que los programas de mano carecen por norma de cualquier información al respecto de las obras. Y la tercera el ofrecernos la oportunidad de escuchar la sinfonía Titán en su integridad incluyendo su Blumine , un movimiento que Mahler suprimió en una posterior revisión debido a la larga duración de la misma. En León, gracias a la Sinfónica de Galicia y a Víctor Pablo un mahleriano de raza que conoce bien su oficio, lo ofrece con dignidad, conocimiento y perfección, pudimos recuperar esta sinfonía  en su integridad y escucharla tal como el autor la concibió. Emplazado en un principio entre los movimientos primero y tercero, Blumine (flores), con la que se abrió el programa, es una suerte de Andante en el que los primeros violines desempeñar un papel prominente en el desarrollo del movimiento y mantienen un constante diálogo con la madera y el metal de una forma muy lírica algo que la Sinfónica gallega consiguió trasmitir de inmediato a través del soberbio tejido de la cuerda. Trompas y trompetas hicieron de este hermoso movimiento como del resto de la Sinfonía un arrebatado manifiesto a la voluntad y a las aspiraciones de héroe que embargaban al joven Gustav tras leer la enriquecedora obra de Johann Paul Richter Jean Paul . Precedida por un importante bagaje escénico y canoro la soprano francesa Verónica Gens ofreció una excelente versión de una obra tan poco escuchada como La Muerte de Cleopatra de Berlioz  en la que la soprano gala lució un  poderoso registro acompañada por una Sinfónica de Galicia dúctil, matizada y segura en la diferenciación entre el piano y el mezzoforte así como atenta a la distribución del tempo   para facilitar el respiro en cada frase. Víctor Pablo mostró un cuidado control del discurso sonoro que, desde dentro, va sosteniendo el drama hasta hacerlo estremecedor, logrando momentos verdaderamente inspirados con una lectura precisa fresca y elaborada.  La voz de la Gens, en todo momento redonda, de afinación segura, articulación clara y poética, con un sentido de la medida musical y silábica portentoso, legato al servicio del enriquecimiento canoro, ataques contundentes y dulces para alcanzar resoluciones sin rigidez ni brusquedad, y sobre todo con la técnica al servicio de la idea que es lo que se requiere para cantar partichelas como la que nos regaló, fue un lujo que no todos los presentes supieron apreciar. Cerró la intensa velada una Titán de reclinatorio. Aquí orquesta y director pusieron  arte, oficio y sensibilidad al servicio de la acabada técnica de unos profesores que por sí mismos son auténticos solistas. Los tres primeros movimientos evolucionan del silencio al silencio, de una inmovilidad a otra, para alcanzar el triunfo en el último de ellos en el que el viento metal jugó, especialmente en esta versión, un protagonismo fuera de lo común desde la apertura del primer tema hasta el final de segundo movimiento y la apoteosis del cuarto. El espectacular trabajo de la percusión, delineada por las trompetas en la fanfarria, la tremenda respuesta de la madera y la delicada melodía de la cuerda fueron decisivos para hacer de esta primera de Mahler algo fuera de lo común  gracias a la excelente lectura que Víctor Pablo supo hacer  con una orquesta que por si misma es una auténtica revelación.

Víctor Pablo: El hombre que reinventó a Mahler
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