miércoles 21.08.2019
triatlón

La bañezana Jael no encuentra barreras

Una mujer de récord Jael Fernández es la primera mujer de León en acabar un Ironman de 4 kilómetros a nado, 180 kilómetros en bicicleta y una maratón de 42 kilómetros.
Jael, segunda por la derecha, junto a algunos de los participantes en el Ironman. DL
Jael, segunda por la derecha, junto a algunos de los participantes en el Ironman. DL

ÁNGEL FRAGUAS | LEÓN

Jael Fernández Castaño (La Bañeza, 1977) es la primera mujer en León en acabar un Ironman compuesto por un recorrido de 4 kilómetros nadando, 180 kilómetros en bicicleta y una maratón de 42 kilómetros. Todas las pruebas citadas de forma continuada. Sin descanso. Todo un logro para una leonesa que no hay quien la pare. Sin barreras. El Ironman es la prueba más exigente del triatlón, que no echó para atrás a la licenciada en Odontología, que ejerce en su propia clínica de León, Fernández Castaño Odontólogos. «Siempre hice deporte, desde pequeña. Ballet, gimnasia rítmica, baloncesto, aerobic, step y otras disciplinas. Al empezar la carrera lo aparqué un poco y volví a retomar cuando comencé a trabajar. Con el aerobic, step y demás clases de baile, siempre me gustó mucho la música y bailar. Un día mi amiga Ana, que en paz esté, me dijo que por qué no me apuntaba a una carrera de 5 kilómetros que había en León contra el Cáncer de mama, que ella y otras mujeres de La Bañeza iban a participar y que lo pasaríamos bien. Y me animé. Lo pasé bastante mal, no tienes ni sentido del ritmo ni de los tiempos ni de nada. Salí a correr a tope y me costó llegar a meta. Pero me gustó mucho la experiencia, el ambiente, las risas con las mujeres running y la superación de haber corrido esos 5 kilómetros. Y ahí empezó todo, vinieron san silvestres, medias maratones, viajes a distintas ciudades a correr carreras de la mujer con ellas, las mujeres running y al final estaba tan enganchada como ellas», razona Jaelchy.

A continuación, afirma: «Al estar en León, se me hacía duro entrenar sola y decidí apuntarme a una escuela de running y poder compartir entrenos con alguien. Como ya llevaba unos años corriendo, era como que me apetecía probar otras cosas y la bici era una de ellas. Me animé a hacer un par de duatlones, apenas sin entrenar la bici y me gustaron. Entonces un amigo de la escuela que hacía triatlón, me dijo que por qué no me animaba a entrenar con ellos triatlón. Dudé, porque yo no sabía nadar muy bien, lo comenté con otros compañeros y al final me decidí. Ahí empecé en el triatlón en el 2014, teniendo como objetivo el triatlón olímpico de Lisboa. Un kilómetro nadando, 45 kilómetros en bicicleta y 10 kilómetros corriendo. Me gustó tanto que me enganchó más que el running».

«El primer año de triatlón, realicé pruebas de distancia supersprint, sprint y olímpica. En el 2015, volvimos a Lisboa a competir en mayo y al terminarlo decidí preparar un triatlón de media distancia en las islas Cíes. Me parecía una distancia demasiado larga para mí, entrené duro y cuando lo terminé tuve la sensación de que me había sabido a poco. Entonces fue ahí cuando me empezó el gusanillo de preparar larga distancia», argumenta Jael.

«Pasó la época de descanso y en mis grupos de triatlón, se empezaban a barajar destinos y pruebas distancia Ironman. Yo sólo observaba. No hacía más que darle vueltas. Sí, no, seré capaz... Hasta que un día, decidieron ir al Ironman de Gandía. La fecha era el veintitantos de octubre. Yo seguía con mis dudas. De repente un día comentan que la organización había cambiado la fecha de la prueba, para el día 8 de octubre, día de mi cumpleaños. Ahí estaba perdida, era como una señal de que tenía que hacerlo. Y me apunté», afirma con rotundidad Jael.

«Fue un verano bastante duro, porque combinar trabajo con este deporte es complicado. Es un deporte que necesita muchas horas de entrenamiento, más para las distancias largas. Salía de mi consulta a mediodía y me iba a la piscina, o al gimnasio Victoria, dónde entreno cuando las condiciones meteorológicas no permiten entrenar al aire libre. Volvía a trabajar por la tarde y al terminar otra vez a correr o a salir con la bici. El fin de semana nos juntábamos unos cuantos compañeros y hacíamos tiradas más largas de bici, ya que es cuando más tiempo libre teníamos todos», expone.

«Después de tantos entrenamientos, llegó la fecha. Decidimos ir unos días antes, para ver recorridos de la prueba y aclimatarnos un poco a aquel clima, mucho más húmedo que el de León. Fuimos una representación bastante grande de leoneses, más de 20 junto con familiares y amigos que nos fueron a acompañar y a apoyar en todo momento. Ese mismo día, fue la reunión técnica, donde nos informaron de todo lo que necesitábamos saber de la competición, circuitos y horas de salida de cada modalidad. Recogimos dorsales, preparamos bicicletas y las llevamos a la transición, colocadas ya en la posición que iban a estar al día siguiente», afirma Jael Fernández.

«Ya por la noche en el hotel, se empezaban a respirar algunos nervios, siempre unos más que otros y quedaban los últimos preparativos. Preparar la ropa, zapatillas, casco, portadorsal,chip y la alimentación e hidratación que ibas a llevar, tan importante como todo el entrenamiento previo que llevaras, para poder aguantar toda la competición sin problemas de calambres ni pájaras. Nos vamos a dormir y la noche se hace demasiado corta, como normalmente antes de una competición», recuerda.

«Suena el despertador a las seis de la mañana. Desayunamos dos horas antes de la salida para evitar problemas estomacales. Y comienza mi prueba, mi primer Ironman a las 8.15 de la mañana. Salgo bastante tranquila. Éramos solamente seis chicas y no nos molestamos apenas para nadar. Se nada en el mar en una zona recogida con poco oleaje y el agua está hasta demasiado caliente. Tenemos que dar dos vueltas para completar los 3.800 metros. La primera vuelta la doy tranquila, no he notado ansiedad en ningún momento ni me he acelerado, queda mucho todavía. Mientras nado, me doy a mi misma ánimos, ‘vas muy bien, estás llevando la respiración muy controlada, ¡upsss cuidado con esa medusa!’ La segunda vuelta se me hizo mas corta,el neopreno me agobiaba un poco, pero sólo pensaba en llegar a la T1. Por fin salgo del agua y me dicen que voy tercera, lo que me sorprende pero me pone contenta», relata.

«Después, hago la T1 con calma, me seco, me cambio de ropa, me enjuago para quitar la sensación de agua salada, como un plátano y cojo la bicicleta. Me pongo a pedalear y según salgo tengo a mi grupo de [email protected] animando como si no hubiera un mañana. Yo sonrío y aprieto mas los pedales para coger velocidad. Teníamos que dar seis vueltas a un circuito, para completar los 180 kilómetros con zonas de asfalto irregular, adoquinado y carretera. Las dos primeras vueltas se te pasan muy rápido. Vas con muchas ganas y el cansancio no te viene a visitar. Se hace bastante ameno porque vas buscando cruzarte con tus compis, con mi hermano, que también competía, llegas a la zona donde están los cheerleaders y cada vez aparecían con algo nuevo para animarnos, gritos, aplausos, pamelas, bubucelas... Tenían toda una fiesta preparada», señala la luchadora atleta bañezana.

«Después de seis horas, llego a la T2, dejo la bici y me pongo a correr. No tengo demasiadas ganas, pero solo necesité correr unos 100 metros para encontrarme con toda la gente animando y voceando, para que me entraran ganas de correr sin pensar en el cansancio ni en ningún dolor muscular. 42 kilómetros tenía por delante. A parte de eso me cantaron el ‘cumpleaños feliz’ y me sacaron una super sonrisa. La primera vuelta voy fenomenal de piernas y de cabeza. Demasiado rápido, pienso, me quedan muchos kilómetros, debo bajar el ritmo. Cogí un ritmo cómodo y así fueron pasando los kilómetros casi sin enterarme. En los avituallamientos me refrescaba y me hidrataba, eran las cuatro de la tarde y todavía hacía mucho calor y la humedad era brutal. El público estaba volcado con todos los participantes y a mí no se me quitaba la sonrisa de la cara. Iba disfrutando más de lo que nunca hubiera imaginado. De hecho me llamaban ‘la chica de la sonrisa’, cada vez que pasaba. Fueron siete vueltas a un circuito. Hubo un par de momentos que me emocioné. Te acuerdas de todo el verano que llevas entrenando, lo duro que ha sido, de tu familia, de los seres queridos que te faltan, de mi perrita, amigos... Los ojos se llenan de lágrimas, mezcla de emoción, añoranza, satisfacción. Se hace de noche, vamos quedando menos participantes, pero a mí no dejan de sacarme sonrisas a cada paso. Y llegan los últimos metros. Saco todas las fuerzas que me quedan y hasta sprinto y cuando estoy a 10 metros de meta, con todos los gritos de ánimo y aplausos, suena por el altavoz la canción de ‘cumpleaños feliz’ y veo a todos mis amigos y a mi hermano al fondo y ya no puedo seguir corriendo. Entro en meta caminando y llorando de la emoción de haber terminado y de todo el calor que estaba recibiendo. Era como que hubiera llegado la primera de toda la prueba a meta. Estaba como en una nube. Vienen a abrazarme, me ponen un gorrito de cumpleaños, me estampan una tarta en toda la cara y yo no puedo parar de llorar de felicidad y alegría. Había terminado mi primer Ironman, cumplido años. Y todo rodeada de [email protected] mejores. Y encima quedando tercera y primera de mi grupo de edad. No podía pedir más. Después me enteré que era la primera leonesa en terminar esa distancia y me hizo bastante ilusión», indica con mezcla de emoción y orgullosa de sí misma Jael.

Así fue la experiencia de Jael, una mujer de récord. Ya piensa en su siguiente Ironman.

La bañezana Jael no encuentra barreras
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