viernes. 09.12.2022
Los manchegos mantuvieron una gran solidez defensiva durante todo el encuentro. FERNANDO OTERO

Lo sabía Manolo Cadenas y por eso quiso dar un toque de atención a los suyos esta semana. Una advertencia más, pero esta vez también de forma pública. «No estamos al nivel que esperaba a estas alturas», subrayó el técnico del Valdevimbre sin ánimo de ponerse la venda antes de que el Cuenca infligiese la primera herida grave de la temporada. Los de Lidio Jiménez —que ayer cumplía sanción— llegaron al Palacio con la lección aprendida y derrotaron al Abanca Ademar (28-32) desde la calma, una buena defensa y sobre todo habiendo estudiado las carencias atrás de los leoneses. Se habían empollado a conciencia los tres encuentros anteriores (Benidorm, Villa de Aranda y sobre todo Puente Genil) y fueron un paso más allá. Un paso que marcó Simonet y al que pronto se acoplaron Doldan, Dutra y Alves. Slavic hizo de Slavic, pero esta vez no fue suficiente para tapar las vergüenzas.

Al cuadro marista le volvió a costar coger ritmo de partido y ya al minuto 15 de la primera mitad (5-7) quedaron claras varias cosas, entre ellas que las exclusiones —tanto a favor como en contra— iban a resultar determinantes para decantar la balanza en una u otra dirección. Y Cuenca fue mucho mejor también en ese apartado. Cierto es que tienen un bloque más compacto y veterano que los leoneses, pero no así tanta profundidad de banquillo, lo que no se notó en absoluto en todo el duelo. Natán Suárez marcó los dos primeros tantos del Ademar pero de nuevo las pérdidas y precipitaciones en los pases le enviaron directamente al banquillo para dar entrada a Lucin. El central fue el faro en ataque en los minutos finales del primer envite, pero a pesar de ello sus cuatro goles solo sirvieron para evitar males mayores antes del paso por vestuarios, a donde los manchegos se fueron —sin mucho ruido— uno arriba (12-13).

Cuenca mandaba en el marcador pero eso no era lo más preocupante. Lo que encendía las alarmas de verdad fue ver cómo secaron a Rubén Marchan en el pivote —su primera ocasión y gol llegaron en el minuto 43— y también a los extremos. Ni Jaime ni Gonzalo tuvieron su día. Y sin contras ni pivote ofensivo el ataque del Ademar se resiente demasiado. Las transiciones pausadas y punzantes fueron haciendo mella en un equipo local incapaz de defenderse con contundencia. Y ayer no llegaba con aferrarse a los porteros. Salió Khalifa, por cierto, pero no mejoró los números del por ahora guardameta titular.

Pasaban los minutos y el Ademar, que se revolvía con más corazón que cabeza cada vez que los visitantes le endosaban un parcial de 0-2 o 0-3, pecó de impaciente tras colocarse —por vez primera en la segunda parte— por encima en el luminoso (21-20). En otras ocasiones la siempre esperada reacción de los ademaristas hubiese sido suficiente para acobardar al rival, pero al Cuenca ayer no le asustaba nada. Venían heridos —y quizá dando la falsa sensación de tapados— después de caer con Granollers en su casa. Pero lo cierto es que no se saltaron ni una sola coma del guion aprendido. Una actuación que a falta de diez para el final (23-25) se iba a ganar el merecido Oscar como en los grandes filmes made in Hollywood. Fue ahí —en el tercer y definitivo acto— cuando Maciel se puso bajo los palos para acabar desquiciando a los de Manolo Cadenas. Hasta cinco intervenciones de mérito que permitieron irse de cuatro a los conquenses. No había nada que hacer.

Como dije antes, las exclusiones se antojaron definitivas y el Abanca Ademar no las supo gestionar. Tuvo dos a favor mediada la segunda parte y Cuenca las resolvió con parciales de 0-2. Eso, unido a las continuas precipitaciones en los pases, terminó de condenarles. Mucho van a tener que mejorar los de Manolo Cadenas si no quieren perder la estela de los gallitos. Falta más gente en ataque que aporte goles y sobre todo falta construir un muro atrás que de momento brilla por su ausencia. Las sombras de Carou y Juanjo Fernández son muy alargadas. Tampoco Cadenas supo aportar ideas al 6-0 defensivo, que se veía superado una y otra vez tanto en el lanzamiento exterior como en primera línea. Para cuando apostó por un 4-2 ya era demasiado tarde. Primera derrota de la temporada. Es solo un aviso a navegantes, queda mucho por disputarse, pero a nadie se le escapa ya que apostar por la juventud tiene sus riesgos y necesita, sobre todo, tiempo para que cuaje. Tiempo escaso pues la próxima jornada se miden al Granollers lejos del Palacio. Cadenas no quiso señalar a nadie, pero sí pidió a sus jugadores —a aquellos que entrenan bien pero se encogen el día de partido— que den un paso al frente.

Cuenca destapa las carencias del Ademar
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