miércoles. 08.02.2023
La maldición que obsesiona al número uno del mundo, Lleyton Hewitt y el vacío del público australiano, que no ve ganar a un jugador aussie desde que el mítico Ken Rosewall lo hiciera en 1976, ha prolongado su historia de la forma y en el momento más inesperado. El triunfo del marroquí Younes El Aynaoui en octavos de final fue reconocido por los 15.000 espectadores presentes en el Rod Laver Arena del Melburne Park, entre lamentos de frustración local pero alentados por el espectáculo presenciado. El tenista de Rabat, de 31 años, tardó más de tres horas y media en contradecir las predicciones de los expertos y las expectativas de las apuestas. Un saque intratable y una notable fortaleza física bastaron para inclinar las rodillas del joven de Adelaida, coronado como el mejor pero apartado del primer Grand Slam de la temporada. El torneo se queda sin representación australiana. Y eso que este parecía el año indicado. Pero ni la prolongación de un brillante final de temporada, ni las notables ausencias, ni la teórica accesibilidad del cuadro pusieron coto al maleficio del jugador en un escenario en el que tiene todo el apoyo.

La maldición australiana
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