martes. 29.11.2022
Esquí adaptado

Una niña extraordinaria de lo «más normal»

María Martín-Granizo sueña con ir a los Juegos, pero, sobre todo, derribar la discapacidad. Nació con una agenesia femoral hace trece años pero sus padres buscaron "soluciones" para que pudiera hacer lo mismo que sus hermanos. Hoy es embajadora de Soltra por la inclusión y una de las esquiadoras más prometedoras del país
María, que esquía desde los seis años, entrena unos cincuenta días por temporada. FERNANDO OTERO

María Martín-Granizo derriba prejuicios a la misma velocidad que desciende por las montañas. No conoce límites. Y lleva «fatal» que algunos padres coarten la libertad de sus hijos discapacitados. Ella solo tiene una pierna, la izquierda, pero esquía desde bien pequeña. También hace surf todos los veranos y nada un par de horas a la semana. E, incluso, ha jugado al baloncesto o practicado karate.

«Soy una chica normal», subraya esta joven leonesa mientras enumera la lista de deportes que realiza. Seguramente muchos más que cualquier niña de su edad. O al menos tantos como su hermana melliza Cecilia o su hermano Rodrigo. Apenas hay diferencias entre ellos aunque María lo ha tenido más difícil porque nació hace trece años con una agenesia femoral.

«Nosotros esquiábamos todos. Cuando nació y le faltaba una pierna, podíamos dejarla en casa o buscar una solución para que viniera a la nieve con nosotros», recuerda su madre Natalia, que junto a Rafa, el padre, contactaron con Carlos Rolandi y Teresa Silva, de la Fundación También, que les prestó la primera silla, cuando María apenas tenía seis años.

«Al principio esquiaba sentada, pero después me cambié a la modalidad de tres huellas —un esquí y dos estabilos—», explica con una gran sonrisa, la misma que se enciende cada vez que habla de la nieve. O de las bajadas al límite mientras intenta robarle tiempo al cronómetro. Compite en eslalon y en gigante. El año pasado quedó campeona de España y es la primera persona con discapacidad que ha participado en la Copa Cordillera Cantábrica.

Reconoce que en las pruebas cerradas para deportistas con «distintas capacidades», como remarca ella misma, apenas hay gente joven. «Me lo paso mejor en las otras carreras», apunta María Martín-Granizo, embajadora también de la campaña ‘Hazte Incluencer’, impulsada por Soltra —uno de sus principales patrocinadores— para significar la importancia de la integración de este colectivo.

«Antes sí que me miraban raro, pero ahora ya no. A mí me falta una pierna, pero hay gente que está loca de remate», insiste Martín-Granizo, que solo pretende dar visibilidad a algo que, como matizan sus padres, debería ser «totalmente normal».

Espera que otros niños y niñas sigan sus pasos. Sin miedo. Les aconseja que hagan deporte. Y a sus padres que «no los encierren en casa» por el hecho de tener una discapacidad. Sabe que ella tuvo suerte porque nació en un entorno favorable. «Mi familia ha buscado soluciones. Otros creen que a sus hijos los van a discriminar y por eso no les dejan salir. Me parece fatal y les diría que eso es una bobada», reflexiona.

En la misma línea se expresa su madre Natalia. «Estamos luchando para que se abra un camino. El miedo aparece muchas veces por desconocimiento», señala. «El otro día, sin ir más lejos, me hice un esguince. Todo el mundo se va a hacer daño alguna vez en su vida», interrumpe María, convencida de que no hace nada extraordinario, aunque sea todo un ejemplo.

Tiene los mismos sueños que cualquier niña de su clase. Estudia segundo de la ESO en el Divina Pastora. Le gustaría ir a la Universidad y licenciarse en Ciencias del Deporte. Da mucha importancia a la formación académica, aunque las matemáticas no sean su fuerte, asume resignada. Le ayuda su hermana Cecilia cuando se pierde las clases por las concentraciones con el equipo nacional. Pasa unas seis semanas al año en Sierra Nevada, donde comparte entrenamientos en el Centro de Alto Rendimiento con varios de los esquiadores más prometedores del pais.

Quiere ir a unos Juegos, aunque no es algo que por ahora le quite el sueño. «Me gustaría ser profesional, ir a una Copa del Mundo, unos Juegos... pero todavía no he pensado en eso», asegura.

Sabe que hasta dentro de tres años no podrá dar el salto al circuito internacional, aunque este curso quizá vaya a Francia como invitada. Estuvo antes en Holanda. Y en verano estiró la temporada en el glaciar de Saas Fee (Suiza). Lamenta que el circuito para los discapacitados esté «bastante limitado» y reconoce que si no fuera por la Fundación También lo tendría muy difícil para competir. Soltra, Telesquí, Dr. Hofmann, Las Antonias y Fisioterapia Martín Granizo son los otros patrocinadores que la respaldan.

Considera que se han dado pasos importantes hacia la integración, pero «no puede ser que solo tengamos una carrera al año». Reitera que la «normalización» pasa por abrir el resto de torneos. De momento, esta temporada podrá participar también en la Copa de España gracias al acuerdo alcanzado entre la Federación de Deportes de Invierno y la de Discapacitados.

En ese sentido, los padres de María no tienen queja. «A nosotros siempre nos han dado facilidades», agradece Rafa, que nunca trató de «forma diferente» a ninguno de sus tres hijos. «Todos han hecho el deporte que han querido», matiza.

De hecho, alguno se ha ido al «lado oscuro», bromea María para revelar que su hermano Rodrigo ahora practica snow, aunque a Cerler, donde pasará toda la familia esta Nochevieja, se «ha llevado los esquíes». En esa pequeña estación del Pirineo Aragonés hará las últimas bajadas de 2019. Después volverá a San Isidro, donde prepara la campaña invernal junto al resto de compañeros del Peñanevares. No falla ningún fin de semana. Desde los seis años, aunque se levante ‘conelpieizquierdo’, como ha llamado a los perfiles que mantiene activos en las redes sociales para contar su historia.

Una niña extraordinaria de lo «más normal»
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