jueves. 08.12.2022
Roglic con los maillots de la General y Regularidad escoltado por el blanco de Mas (Joven) y Guillaume Martin (Montaña). HUESCA

En Madrid, al sprint y cien días después del reinicio de la temporada, el alemán Pascal Ackermann ganó por medio palmo ante Sam Bennett la última carrera del año. Puso fin a una edición de la Vuelta España que, como la de 2019, figura ya en el palmarés del esloveno Primoz Roglic, con el ecuatoriano Richard Carapaz (a 24 segundos) y el británico Hugh Carthy (a 1.15) como compañeros de podio y con el joven Enric Mas en la quinta plaza.

En la salida de esta etapa final, Carapaz y Eusebio Unzué, mánager del Movistar, el equipo que había ayudado a Roglic frente al sudamericano el sábado en la Covavilla, se saludaron. Se dieron la mano. «No fue una revancha», aseguró el técnico navarro. Sellaron la paz. Al fin y al cabo, todos coinciden en que ha ganado el mejor: Roglic.

En estos meses en los que todo ha cambiado, hay cosas inalterables como el dominio del ciclista esloveno en la ronda española. La ha conquistado antes y durante la guerra contra el covid. Roglic es un tipo al que nada le altera los planes.

Se fija una meta y va a por ella. Laurent Fignon no superó nunca haber perdido el Tour de 1989 ante Lemond en la contrarreloj final. A Primoz Roglic le sucedió eso hace mes y medio frente a Pogacar. Y sigue como si nada.

Roglic repite en lo alto de la Vuelta a España
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