martes 18/1/22
Gimnasia rítmica

Vídeo: La «secta» que baila al Ritmo de Ruth

Tres generaciones de gimnastas relatan sus experiencias en la alta competición en las dos últimas décadas

Todas coinciden en el «miedo» a la entrenadora de rítmica más laureada

Informes médicos y psicológicos en poder de este periódico avalan las supuestas consecuencias de lo relatado

res generaciones de gimnastas relatan sus experiencias en la alta competición en las dos últimas décadas. Todas coinciden en el «miedo» a la entrenadora de rítmica más laureada. Informes médicos y psicológicos en poder de Diario de León avalan las supuestas consecuencias de lo relatado

El 29 de diciembre pasado, Claudia Jaimez desveló su experiencia en el CAR de León en un vídeo de Instagram. A la semana, los diarios nacionales Marca y El Mundo se hacían eco de la «denuncia» de «insultos y trato vejatorio» por varias entrenadoras del mismo Centro de Alto Rendimiento (CAR). La respuesta de Ruth Fernández —entrenadora del CAR de León, exseleccionadora nacional y máxima exponente del Club Ritmo— y Nuria Castaño —directora técnica del

CTD de Gimnasia de Castilla y León, miembro del Comité Técnico de la Real Federación Española de Gimnasia (RFEG) y también entrenadora del reconocido club leonés— fue inmediata. El 8 de enero exigieron una rectificación, disculpa y eliminación del vídeo en cuestión, bajo el amparo de una prestigiosa firma de abogados especializados en redes sociales. Cuando Claudia, adolescente de 15 años, cogió el móvil aquella tarde, vísperas de Nochevieja, no imaginaba que su testimonio acabaría en manos de abogados. Y ni mucho menos que provocara un efecto dominó. Tras la publicación de un artículo de opinión en este periódico, varias exgimnastas de alto rendimiento que compitieron desde el año 2003 hasta el 2020 se pusieron en contacto con DIARIO DE LEÓN para contar, en exclusiva, cómo es la vida en el Club Ritmo de puertas adentro. Algunos de esos relatos están amparados en sus consecuencias por informes médicos y psicológicos que están en poder de este periódico.

Insultar está a la orden del día

Quien ha estado allí lo sabe. Si no es porque lo ha sufrido en sus propias carnes, es porque ha sido testigo de los desprecios que Ruth Fernández emplea a diario para dirigirse a la mayoría de sus gimnastas, todas en edades comprendidas entre los 8 y los 16 años.

Aversión al llanto

«Odiaba vernos llorar porque decía que era de débiles», aseguran varias entrevistadas

Conseguir un mayor rendimiento es el objetivo que, a priori, consideran que tenía su entonces entrenadora. Sin embargo, la psicología de cada niña es distinta y en muchas este tipo de trato llegó a acarrear problemas de autoestima e inseguridades, tanto a nivel físico como psicológico, que siguen pagando a día de hoy. Algunas han necesitado tratamientos psicológicos que mantienen en la actualidad. Además de la normalización del insulto, denuncian también favoritismos, chantaje emocional, ridiculización, exclusión grupal injustificada...

«Ruth odiaba vernos llorar porque decía que era de débiles», afirma una de sus ex gimnastas.

Sobre Nuria Castaño

«Es la única capaz de parar los pies a Ruth», pero si están juntas «es un perrito faldero»

Esta aversión provocó una de las escenas más impactantes. Una de las chicas no paraba de llorar por los nervios que la atenazaban. Entonces Ruth fue al baño, cogió un rollo de papel y la envolvió como si tuviera un pañal puesto, obligándola a pasar así la tarde de entrenamiento, tiempo durante el cual aquella chica no dejó de llorar por la humillación a la que le estaban sometiendo. Encerrar a una niña con los ojos vendados en un cuarto a oscuras hasta que cesaran sus llantos es otro de los episodios que rememoran. Todas las fuentes contactadas para realizar este reportaje confiesan haber llorado todas las semanas.

Una pesadilla

«Recuerdo ir llorando y temblando a los entrenamientos en el coche de mi madre cuando sabía que Ruth me iba a dirigir ese día», explica otra de las entrevistadas. Las que fueran sus gimnastas describen a la entrenadora de rítmica más laureada de Castilla y León como una persona narcisista, impulsiva, testaruda, calculadora, fría y manipuladora. Tal vez por ello la gran mayoría de las adolescentes que han pasado por la tutela de Ruth Fernández en alta competición deportiva están marcadas por un mismo denominador común: el «miedo». Un miedo insuflado que se traduce en bloqueo mental y físico, mucho nerviosismo, elevada presión y agonía. Miedo al «repeat».

Cuerpos imperfectos

«Es complicado sentirte contenta si te dicen que no entras en los cánones de lo que amas hacer»

«Te mandan a un tapiz en el que estás sola, sin entrenadoras y sin compañeras, con tu música puesta en el casete y haces el ejercicio constantemente sin que te corrijan, sin que te miren, sin parar. Generalmente te lleva a terminar agotada, a cometer fallos que acabas haciendo repetitivos y, en muchas ocasiones, a lesionarte», explica una de las jóvenes, que remarca que pasó una temporada completa en el «famoso repeat». Este pavor que sentían solo se reducía cuando Nuria Castaño entraba en escena. A Nuria, mano derecha de Ruth Fernández, la consideran más comprensiva, empática y respetuosa, y todas destacan su gran sentido del humor. La califican como «la única capaz de parar los pies a Ruth». Pese a ello, coinciden en que la relación entre ambas es tan estrecha que «Nuria se convierte en un perrito faldero» y cuando Ruth está presente su actitud cambia por completo, llegando a ser cómplice de «situaciones que no están bien». Es en Nuria Castaño donde encuentran el apoyo, la asertividad, la paciencia y templanza que creen que requiere un buen entrenador. Por otro lado, destacan la ambición, creatividad, perseverancia y tenacidad de Ruth Fernández.

Un círculo hermético

Ninguna de las fuentes ha accedido a dar sus datos personales por temor a consecuencias, ya que el Club Ritmo es uno de los más poderosos de España. Tanto Ruth como Nuria presumen de sus puestos en la Federación de Gimnasia de Castilla y León, así como en la RFEG. Los cargos que ostentan las han convertido en «intocables» y de nuevo el miedo por echar a perder una carrera deportiva provoca que tanto niñas como padres guarden silencio sobre una metodología de entrenamiento por la que Ruth Fernández ya ha sido apercibida por el Consejo Superior de Deportes. Apercibimiento que no fue correspondido por la RFEG.

«Los trapos sucios se lavan en casa, todo queda dentro del club.

A cualquier precio

«A la larga, no merece la pena sacrificar tu salud mental y física por ganar una medalla»

Muchas reproducen en su etapa de entrenadoras el trato que recibieron como gimnastas, creando así un círculo que se retroalimenta y nunca muere, de forma que ciertas actitudes normalizadas van pasando de generación en generación», lamenta otra exgimnasta.

«Es como una secta», insisten.

La jerarquía de poder está claramente identificada con Ruth a la cabeza, Nuria en segunda posición, el resto del cuerpo técnico en tercer lugar y, en el último escalafón, las deportistas de élite como una pieza más del engranaje para que todo siga su curso.

Comparan su estancia en el club con ser «la mano de obra» de una «empresa» en la cual «si eras prescindible te lo hacían saber y sentir». El círculo es tan hermético que, cuando las gimnastas del Ritmo acuden a campeonatos, tienen prohibido expresamente relacionarse con las integrantes de otros equipos. Si una rival lo hacía bien y recibía aplausos por parte de integrantes del club leonés «Ruth nos reñía y nos decía que no les diéramos ni agua, que era el enemigo», revela la gimnasta que más años estuvo en el equipo. La competitividad llevada al extremo infundiendo valores que rozan lo antideportivo.

Trastornos alimentarios

Este deporte está marcado por unos cánones físicos muy estrictos: chicas delgadas y de extremidades largas. Pero el cuerpo humano evoluciona, tanto en hombres —España permitió en

2005 la modalidad masculina— como en mujeres. El impacto en las féminas es aún mayor en la adolescencia con el desarrollo hormonal. Entendida esta cuestión, hay que señalar que existe un gran número de gimnastas que por genética, constitución y su propio crecimiento biológico se salen, en mayor o menor medida, de esas pautas. Como consecuencia, los entrenadores velan por la salud de sus gimnastas cuidando extremadamente su alimentación para que no se pasen de peso en relación con su edad y altura a fin de evitar lesiones. Algo normal en el deporte de élite que en ocasiones acaba resultando contraproducente. Sobre todo al encasillar a varias deportistas en «el grupo de las gordas», o al llamarlas «bollicao», como ocurría en el Club Ritmo, creando complejos innecesarios en personas cuya edad juega un papel fundamental en la interpretación de los acontecimientos. «Es complicado sentirte contenta si constantemente te dicen que no entras en los cánones de lo que amas hacer, por mucho amor propio que tengas», matiza otra exgimnasta. Así, de la noche a la mañana, Ruth comenzó a pesar a las deportistas que no daban el peso diariamente en 2008. No hay ningún testimonio que confirme esta práctica entre 2014 y 2017. Pero sí hay fuentes que corroboran pasar por la báscula desde dos veces a la semana hasta dos veces al día entre 2017 y 2020. Los casos más extremos han llegado a pesarse cuatro veces al día.

Es entonces cuando nace la obsesión con la comida, creando hábitos insanos, evitando ingestas fundamentales por miedo a subir unos gramos y, finalmente, generando Trastornos de Conducta Alimentaria (TCA). Los más comunes son la bulimia o la anorexia. Varias de las entrevistadas reconocen que antiguas compañeras sufrieron este tipo de enfermedad. Una de las fuentes sigue tratando su TCA ocho años después de dejar el equipo. La dureza y la disciplina caracterizan a la gimnasia rítmica como uno de los deportes más duros, pero también es uno de los más bonitos de practicar para los deportistas. Su impacto visual y estético atrapa. ¿Qué crío no desearía lucir esos maillots tan estéticos y brillantes? La versatilidad de aparatos lo engrandece: cuerda, aro, pelota, mazas y cinta bailan en armonía dirigidos por elementos de la gimnasia, el ballet y la danza. Un espectáculo visual, creativo y artístico en el que elegancia, potencia, plasticidad y fuerza son los pilares de un ejercicio iluminado por un halo de perfeccionismo que apenas refleja todo el sacrificio que esconden 90 segundos sobre el tapiz. La expresividad corporal juega un papel tan importante como la exigencia física, que a veces supera los límites del cuerpo humano, más aún en el alto rendimiento deportivo. Pero todo ese trabajo no sirve de nada si no hay una persona que la defienda en cuerpo y alma para conseguir sus sueños. Y los sueños se esfuman cuando tienes miedo a quien, por deber, ha de prepararte para alcanzarlos. «Ganar competiciones siempre fue el objetivo y era lo único que importaba. Ahora que lo veo retrospectivamente, ni a mi ni a ninguna niña le puede merecer la pena a la larga. Porque al final, es sacrificar tu salud mental y física por una medalla», concluye una exgimnasta de competición del conjunto leonés. La capacidad de autocrítica es una oportunidad de retomar el camino correcto. De reciclarse para crecer mediante métodos actualizados que esquiven los defectos importados desde Europa del Este a esta disciplina majestuosa.

La negación reiterada de los hechos no hace más que confirmar que en León existe esa «secta» a la que se alude en los testimonios que baila al Ritmo de Ruth Fernández con el silencio cómplice de sus adeptos. Si nada cambia, alguna niña seguirá sufriendo.

Tanto Ruth Fernández como Nuria Castaño han declinado una entrevista para hablar de lo que se publica en este reportaje.

Vídeo: La «secta» que baila al Ritmo de Ruth
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