jueves. 08.12.2022
Mondelo, en la exposición fotográfica sobre Miguel Induráin en la Casa de Cultura de Villablino. FERNANDO OTERO PERANDONES

Siendo un niño, Desiderio Mondelo sintió pasión por la fotografía. El Valle de Laciana fue testigo de su primer contacto con el mundo de la imagen. También de su afición por el ciclismo.

En él, se fusionaron el espíritu minero y el deporte señero de la comarca por aquel entonces, determinantes para que Mondelo se atreviera a mudarse a Madrid a capturar todo tipo de eventos. Sin embargo, siempre mantuvo una máxima que le llevó a lograr una exitosa carrera: el respeto.

Ahora, la Casa de Cultura de Villablino acoge su exposición sobre un amigo que conoció trabajando, el gran Miguel Induráin.

—¿Cómo comenzó su trayectoria en el mundo de la fotografía?

—Mi padre era minero, pero cuando no trabajaba se dedicaba a hacer las fotos de carnets de la gente del Valle. Por su parte, mi madre se apuntó a un curso para aprender a revelar las fotos. Desde muy pequeño, yo les ayudaba. A mi me encantaba y, poco a poco, se fue convirtiendo en una pasión.

—¿Y qué ha sido lo mejor que le ha dado en su vida?

—Cuando tenía diez años, nació mi hermana. Como no podía ir al hospital, mi padre le hizo unas fotos y yo las revelé. Ver como iba apareciendo mi hermana en aquella foto para mi fue fundamental para valorar la imagen.

—Ha cubierto todo tipo de eventos, tanto políticos como deportivos y sociales, ¿cómo es cubrir una guerra?

—Es muy duro porque puede pasar cualquier cosa. Pero ser fotógrafo de ciclismo también lo es.

«Ver a José López Rodríguez recorriendo el Valle de Laciana me inculcó el espíritu del ciclismo»

«Miguel es un caballero para todo. Incluso sus propios rivales muchas veces trataban de ayudarle»

—¿De dónde le viene la afición ciclista?

—Viene de José López Rodríguez y de la huella que dejó en el Valle de Laciana como deportista. En nuestra época, saber que en tu pueblo había un ciclista profesional que había corrido el Tour de Francia, la Vuelta a España...No había nada más importante en el Valle. Cada vez que escuchaba que había ganado cualquier cosa, para mi aquello era libertad. Ya cuando yo trabajaba , ver ganar en Madrid a quién a mi me inculcó el espíritu del ciclismo fue brutal.

—¿Cómo comenzó su relación con Miguel Induráin?

—Fue en 1985 en una Vuelta a España cuando le conocí. Era un chaval joven con mucho potencial, y yo ya me empecé a fijar en él y me di cuenta que ya le había fotografiado en los Juegos de Los Ángeles. A partir de ahí, comencé a tener una relación muy buena con él. Se convirtió en mi amigo e incluso fui yo quien le hace las fotos de su boda.

—¿Cómo es trabajar con él?

—Es muy fácil. Miguel te pone las cosas fáciles porque sabe ponerse en el lugar del otro. Por aquel entonces, para mi era una gran responsabilidad estar cubriéndole a él. Algunas veces, por ejemplo en el Tour, incluso dormía en el coche enfrente del hotel donde él estaba, porque no quería le pasara nada y yo me enterase por la radio Esos esfuerzos Miguel los veía y sabía que yo no estaba ahí para molestar.

—Miguel Induráin, el caballero del deporte, ¿por qué ese nombre para la exposición?

— Porque es un caballero. Lo es para todo: como amigo, como profesional, como ciclista...Recuerdo en una etapa en el Tour de Francia en que otro ciclista iba en cabeza y le sacaba los suficientes minutos a Miguel como para conseguir el maillot amarillo. Y hubo un momento en que Induráin tuvo que parar con el coche de apoyo. Perdió tiempo pero el resto de ciclistas, que eran conscientes de que tenía problemas, se apartaban del pelotón para que él continuara su carrera, e incluso le empujaban para ayudarle. Aún siendo sus propios rivales, que lo conocen, muchas veces trataban de ayudarle. De ahí viene el nombre, porque sus valores como persona y como deportista son magníficos.

—¿Algún recuerdo que nunca olvidará de su amistad con Miguel?

—Son muchas los momentos que he vivido con él. Incluso fue el padrino de mi boda. ¡Qué más puede haber!

«Los valores de Induráin como deportista y persona son magníficos»
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