martes 24/5/22
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El 25 de febrero de 2022 se me insinúa por mi hija la posibilidad de acompañarla a El Cairo para hacer una reunión de jueces auspiciada por la AECID española. El anuncio me hizo sonreír y le dije que la acompañaría fiada en la remota posibilidad de que el anuncio se hiciese realidad. Dos días antes de la supuesta partida no sabía aún si el viaje se materializaría o no, ya que no le enviaban los billetes prometidos y aún debía comprar los míos. Con esa incertidumbre pasamos del 25 al 28 de febrero donde el viaje finalmente se confirmaba y había que disponer todo a gran velocidad. Con nervios y con ilusión comenzamos a comprar los billetes de tren a Madrid desde donde volaríamos al Cairo a bordo de la línea Egipcia, Egipt Air. Nos documentamos básicamente sobre la historia de Egipto y sus dinastías de Faraones y dioses así como obre las múltiples divinidades del antiguo Egipto que veríamos con profusión en la visita. Una incidencia con los juzgados hizo que tomásemos un hotel por cuatro horas en Madrid para que Silvia la resolviese ‘online’. Desde allí al aeropuerto de Barajas donde después de dos largas horas de trámites de covid, de pasaportes, de aduanas y varios cambios de ventana para el embarque, salimos hacia la tierra de los faraones dispuestas a comernos una por una todas las pirámides, aunque entonces no sabíamos que eran tantas.

El viaje en avión fue sin novedad, aunque al aproximarnos al aeropuerto nos llamó la atención la riada de automóviles que circulaban en amplias caravanas por una red intrincada de carreteras que surcaban la ciudad en todas direcciones. A la llegada nos esperaban un par de kilómetros caminando por el inmenso aeropuerto a través de los cuales nos pidieron dos veces la vacunación covid, tres veces el pasaporte, la aduana, los equipajes que tardaron una hora y media y salían a cuenta gotas y la comprobación de que correspondían a cada viajero llevaron otro buen rato. Cuando esos trámites terminaron había que afrontar el peligro de contratar un taxi al que había que pagar en libras egipcias que habíamos cambiado en Madrid después de una hora de espera en una casa de cambios en el aeropuerto. Un policía que hablaba con un amigo nos recomendó el taxi de su amigo y subidas al mismo situado bien lejos de la puerta principal, nos encaminamos a iniciar nuestra aventura egipcia. Tres cuartos de hora más tarde, después de sufrir el atasco que habíamos visto desde el avión, llegábamos al hotel Conrad Hilton de una conocida y elitista cadena hotelera.

Los múltiples empleados nos recibieron con toda su afabidad y exagerada servicialidad hasta depositarnos en una lujosa habitación, con amplia terraza dando sobre el majestuoso Nilo que nos daba una regia bienvenida, sereno, tranquilo, ancho y antiguo, por el que varios barcos con luces paseaban a turistas ansiosos de desquitarse de dos años de pandemia. La habitación disponía de albornoces, caja fuerte, plancha o bastantes amabilités de cortesía como café con leche, té, agua, etc. que nos hicieron fáciles los cuatro días pasados en el mismo. La consabida conexión a internet de ordenadores y teléfonos nos permitieron anunciar a la familia nuestra llegada y ponernos al día en los correos y demás novedades del día. Sin embargo pronto supimos otras características menos amables del hotel: su propiedad militar y el hecho de que todas las ventanas exteriores estuviesen enrejadas como una cárcel; eso sí disfrazadas de exuberantes vegetaciones que desde el suelo ascendían cual yedras trepadoras al techo del edificio. 

A ello se unió el rápido cobro por adelantado de tres noches de mi como acompañante de Silvia a razón de 50 euros por noche (en Madrid, en Pontevedra y demás lugares españoles, en hoteles de cuatro o más estrellas nunca me han cobrado suplemento por el acompañante). Nos informamos cuanto la habitación para una sola persona y nos dijeron que 300 euros por noche, lo que da idea de la magnificencia y lujo del hotel. Esa eficiencia recaudatoria no se mostró en absoluto correspondida con el servicio: nos asignaron una gran habitación, sí, pero al final del recorrido de dos largos pasillos con doscientas habitaciones por pasillo. De tal modo que ir a la recepción nos llevaba largamente diez minutos y hubo que hacerlo varias veces ya que las llaves solo nos abrieron una vez la habitación y cada vez que salíamos y llegábamos rendidas al descanso las llaves se negaban a abrir y hubo que reformarlas reiteradamente. La diligencia en cobrar el suplemento se echo bien en falta al facilitar el servicio pagado que casi hubo que ganarlo en una tournée por los larguísimos pasillos del hotel. El nombre del hotel también tenía su aquel: Triump Luxury Hotel. La primera manifestación que evidenciaba su segundo nombre la vimos en la habitación: una amplísima galería con un solo cristal daba al cuarto de baño, donde adosada a ella, una sinuosa bañera de hidromasaje permitía a quien estuviese en la cama de la habitación disfrutar de las abluciones, la espuma y el lavado de la persona ocupante de la escatológica bañera. 

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Habíamos contratado por medio de la agencia Civitatis dos días de excursión: el primero para visitar las Pirámides de Giza, Menfis y Saqqara; el segundo día completo Alejandría. Contratamos para el primer día una excursión de 8 horas de duración con un guía que hablaba español y se llamaba Yaser. Era una persona educada conocedora del terreno, de la historia de su país y dispuesto a ilustrarnos sobre ello a la vez que disfrutábamos de las emocionantes e históricas piedras que habían contemplado tantos siglos y que nosotras contemplaríamos por primera vez. La excursión pagada comprendía la recogida en el hotel y traslado de regreso; el transporte en un vehículo con aire acondicionado una comida tradicional, las entradas al exterior de las pirámides de Kefrén y Micerinos y la entrada al interior de la Gran Pirámide de Keops. Compartimos la furgoneta de turistas con cuatro argentinas muy alegres y con tanta ansia como teníamos Silvia y yo de asomarnos a los siglos que las Pirámides llevaban a cuestas. En media hora escuchando las referencias históricas y geológicas llegaríamos a ver esas enormes pirámides que nunca habíamos pensado que alguna vez tendríamos tan cerca. Muy poco después de salir del hotel comenzamos a ver los vértices de las pirámides desde el vehículo al asomarse entre calles desastradas cargadas de los más variopintos vehículos: camiones de todos los tamaños y en diverso nivel de uso, carros de mulos, de caballos o de burros cargados de los más raros productos: verduras de la tierra, muebles, panes, esponjas de mar, colchones que salían por todos los lados, muebles, personas, sobre todo mujeres y niños y lo más extraño que pudimos ver: un caballo tirando de un carro en el que transportaba otro caballo muerto. 

Al fin, y con los nervios a flor de piel, la furgoneta nos depositaba a la entrada del recinto que alberga las pirámides. Se nos dijo que en Egipto hay más de cien pirámides, pero nosotros buscábamos las tres de referencia ancestral. Nuestros ojos no pestañeaban de asombro y nuestro corazón aceleró sus latidos; apenas podíamos oír lo que el guía nos decía de las familias y personajes que las nombraban. Las pirámides se configuran como grandes monumentos funerarios y como si aún contuviesen a sus destinatarios y su ansia de permanencia nos provocaron un choque de realidad. Tanta era la emoción, el asombro y la felicidad por hallarnos ante las milenarias figuras pétreas que el guía tenía que llamarnos reiteradamente para la continuidad de la visita cada momento.

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La  pirámide de Keops  es la mayor de las pirámides de la necrópolis de Guiza. Data de la IV dinastía y su construcción fue dirigida por el arquitecto Hemiunu bajo las órdenes del faraón  Keops hacia el año 2570 a.C. Aunque estuvo revestida perdió parte de esa capa en el terremoto del siglo XVI y por el saqueo otomano. Las enormes piedras que la componen forman especie de escaleras que nos sorprendieron ya que esperábamos superficies laterales lisas. El enorme tamaño de esta pirámide 138 metros de alto por 227 metros de ancho y casi un km. de perímetro nos hizo verla como la madre de todas las pirámides y sentadas en la explanada ante ella invocamos el espíritu de Keops y su grandiosa permanencia a través de los siglos que impertérritos contemplaban nuestra insignificancia personal y temporal. El guía nos dijo que la pirámide tenía dos cámaras que veríamos al entrar al interior de la pirámide: la Cámara del Faraón hecha de granito, de forma rectangular, lisa y sin decoración con un sarcófago en ella; Cámara de la reina que no era tal, sino que contenía una imagen espiritual del faraón Keops, llamada  estatua Ka; y una cámara subterránea de suelo irregular, paredes lisas como las anteriores, dos habitáculos y un pozo. Además hay tres grandes pasadizos uno subiendo y otro bajando.

Nos encaramamos a las enormes piedras que apenas dejaban un hueco poco visible en la ladera de la pirámide y escalando llegamos a la entrada comenzando una subida por un largo pasadizo en rampa con tablillas para no resbalar por la misma y agachadas ya que el pasadizo no permitía ir de pie. Con un poco de miedo y sintiéndonos Indiana Jones, nos adentramos en lo desconocido durante unos interminables minutos esperando una recepción por el titular de la Pirámide, el Gran Keops, que no se produjo y que fue un poco frustrante y claustrofóbico. Bajamos nuevamente inclinadas y como habiendo perdido un poco la inocencia y el misterio que sigue encerrado en los eternos enigmas de las máscaras fascinantes, las momias y los sarcófagos vacíos que luego en el museo Egipcio nos harían comprender su significado y funciones. El guía nos llevó luego a las siguientes pirámides de Kefren y Micerinos, situadas algo alejadas de la hermana mayor y vimos otras tres pequeñas pirámides que al parecer correspondían a hijos del primer faraón. El Guía nos llevó a los lugares más estratégicos para conseguir fotos maravillosas con las pirámides y con el agreste paisaje. Después en la visita al barrio copto, pudimos ver fotos antiguas donde el agua del Nilo pasaba al lado de las pirámides, lo que explica las filtraciones y deterioro de algunas de las momias. 
De esta pasamos a la pirámide segunda, la de Kefren, que aunque un poco menor de tamaño sigue siendo muy grande y tiene la particularidad de que conserva un pequeño fragmento del recubrimiento original en la parte superior de la misma. Finalmente visitamos la menor de las pirámides, la de Micerinos , de 66 m de altura y algo más de 100 m.de lado. Micerinos era nieto de Keops e hijo de Kefrén y presenta un enorme hueco en su cara norte debido al frustrado intento de demoler las pirámides que en el siglo XII por el monarca Al-Aziz Uthman.

Maravilla

Pero nos quedaba en la zona la esfinge: esa maravilla con cuerpo de león y cabeza humana de un faraón de la cuarta dinastía. A diferencia de las otras pirámides realizadas aún hoy sin saber exactamente como, la Esfinge fue tallada sobre un montículo de roca caliza y estaba pintada en vivos colores: rojo el cuerpo y la cara, y el  nemes  que cubría la cabeza con rayas amarillas y azules, a semejanza de los tocados de los grandes faraones. Junto a esta estatua se construyó un templo para hacerle ofrendas a esa diosa viviente que se identificó con los nombres de Horum y Horus. Nos dio pena que hubiese perdido la nariz y preguntamos desde cuando, y se nos dijo que no se debía a los soldados de Napoleón, sino que ya antes hay documentos de que no tenía la nariz; por su parte, la barba se encuentra en el museo Británico de Londres en un gesto de rapiña poco comprensible. Las correspondientes poses para conseguir fotografías que diesen la imagen de que estábamos abrazando y aún besando a la Esfinge, nos ocuparon un buen rato y el salir de la hondonada en la que se encuentra también. Nos había sorprendido mucho tanto su situación como su tamaño que esperábamos casi igual al de las pirámides, y, aunque es muy grande, la esfinge tiene 20 m de altura y 70 de longitud, menos que ninguna de las vistas anteriormente y nuestros ojos acostumbrados a la grandiosidad, se sintieron algo defraudados por el tamaño y las marcas inexorables del tiempo en el rostro de la Esfinge. Hicimos unas fotos desde lejos que simulaban acariciar su cuello y besar los labios sempiternos. Con pena y prometiendo volver nos despedimos de la Esfinge y de las pirámides para poner camino a Menfis y ver la no menos famosa pirámide escalonada de Saqqara a unos 22 km. de las anteriores. Menfis fue la primera capital de Egipto y hoy es una populosa ciudad que contiene una gran necrópolis  con los restos de complejos funerarios, erigidos por los faraones del  Imperio Antiguo  y con gran cantidad de tumbas de nobles, pues el lugar, consagrado al dios  Sokar, fue elegido por los  faraones  del Imperio Antiguo para establecer su cementerio.

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En Saqqara, la primera pirámide del mundo nos dio la bienvenida desde una base cuadrada, de 63 metros de lado y ocho de altura, 140 de largo y 118 de base, también construida por el mismo ingeniero pero en época  Sanajt, el faraón anterior. Fue esta pirámide el primer monumento del antiguo Egipto utilizando piedra tallada. Es la tumba del faraón Zoser de la III Dinastía del Antiguo Egipto y su cámara funeraria se encuentra y tiene esa forma especial en seis grandes escalones o mastabas una encima de la otra. Aunque no pudimos visitarla en el interior sí sabemos que la cámara funeraria de Zoser está en el centro de la pirámide, en el fondo de un pozo de 28 metros de profundidad y siete de anchura. Lastima del tiempo que en ese lugar transcurre muy de prisa. 

De allí pasamos al templo de las tres columnas acanaladas y sobre todo llegamos a la Casa del Sur, imponente edificio simbólico decorado con cuatro columnas acanaladas de doce metros de altura, con nichos para ofrendas y también a la Casa del Norte, próxima la anterior, tiene una fachada semejante, variando sólo los  capiteles, allí aparecieron los nombres grabados de dos princesas egipcias de esa época. 

En Menphis visitamos también el museo al aire libre de Menfis donde se encuentra una monumental escultura de piedra caliza del faraón Ramses II, que originalmente medía trece metros, pero que debido a la destrucción de sus piernas ahora solo alcanza diez metros.  Además, también nos llamó grandemente la atención en ese museo la Esfinge de Alabastro. Se trata de otra pieza con cuerpo de animal y rostro humano que está esculpida en una sola pieza de alabastro y mide 4 metros de altura, 7 metros de larga, y pesa 80 toneladas. Se cree que la cara es el rostro de la reina Hatshepsut. Nos gustó también pasear por los restos de lo que fuera el gran templo de Ptah, antes de dejar la primera capital de Egipto. El resto de la ciudad no difiere del paseo por el Viejo Cairo: tortuosas calles, atiborradas de variopintos vehículos, industriosos comerciantes que sentados a la puerta con un te en la mano parecen desafiar el inexorable paso del tiempo. 

Alejandría

El segundo día lo dedicamos a la mítica ciudad Alejandría, populosa ciudad de más de cinco millones de habitantes situada en el estuario del Nilo con puerto al Mediterráneo. Fue fundada por Alejandro Magno que le da el nombre hacia el año 332 antes de Cristo siendo el foco cultural de la Antigüedad. Dista de El Cairo 205 Km. que, aunque con autopista, soporta tal tráfico que lleva tres horas largas su recorrido. Ellos la llaman la carretera del desierto, haciendo alusión al pasaje que atraviesa que, aunque con modernas técnicas y con limo traído del Nilo van haciendo que las palmeras y otra vegetación del desierto vaya arraigando en sus márgenes, tiene toda la impronta del mismo. El camino tiene también a sus lados una inmensa cárcel moderna y otra abandonada antigua, pero no hay poblaciones en la misma, sino alguna que otra urbanización muy cuidada y casi fortificada con lujosas mansiones en el interior. En la Antigüedad Alejandría tuvo un famoso faro incluido entre las Siete maravillas del mundo y una importante biblioteca que ya no existen. Lo más destacado de Alejandría y que pudimos visitar fueron los lugares donde estuvieron los faros, la biblioteca, la columna de Pompeyo, las Catacumbas de Kom el Shogafa y la Ciudadela de Qaitbay ya del S. XV. De pasada también nos fijamos en la Mezquita de Abu al-Abbas al-Mursi, de poco interés turístico. Las Catacumbas reciben ese nombre por su similitud con las conocidas romanas y realizadas en el  siglo I  y principios del  II, en la época de la dominación romana, fueron descubiertas en  1892. Parece ser que comenzó siendo un sepulcro privado para una familia, que después se fue extendiendo en sus extremos, en los laterales y en las esquinas hasta formar todo un cementerio. Tiene tres niveles, de los cuales dos estuvieron anegados hasta 1995, pero ahora están saneados. Tiene numerosos pasajes:  vestíbulo,  antecámara,  cámara funeraria  y nichos excavados en la roca. Lo más llamativo es una escalera circular que desciende hasta el último nivel, en cuyas paredes hay aberturas para permitir el paso de la luz. Abajo hay un vestíbulo en cuyo centro hay una rotonda con pilares y motivos de dioses griegos como Atenea o Medusa, pero también en la cámara aparecen con dioses egipcios como  Anubis  y  Tot. Asombra la expansión de la civilización romana a ambos lados del Mediterráneo ya en la antigüedad. 

En medio de una amplia explanada repleta de ruinas que conforma el parque arqueológico se conserva la Columna de Pompeyo por ser el lugar donde se creía que había sido enterrado Pompeyo. Pompeyo fue asesinado por el esposo de Cleopatra y su cabeza fue ofrecida al César a manos de Ptlomeo XIII. Es de granito rojo y tiene 9 m de circunferencia; su altura es de 27 metros y se estima que su peso es de 285 t². En ese lugar se hallaba en la Antigüedad el templo del Serapeo fundado por las Ptolomeos, 300 años antes de Cristo. Junto a él Cleopatra creo la segunda gran biblioteca de Alejandría. El templo fue destruido por los cristianos por orden del Emperador Teodosio quedando solo la columna. Es una columna hecha de granito rojo de Asuán, y es la mayor de este tipo construida fuera de las capitales imperiales de Roma y Constantinopla. En este parque y cerca de la Columna de Pompeyo podemos contemplar varias piezas encontradas en otros lugares de Alejandría, entre ellas dos esfinges de granito rosa muy bien conservadas que datan de la primera época de los Ptolomeos.

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Otra de las joyas del lugar fue el Faro de Alejandría que era fue una torre construida en el siglo III a. C. en el reinado de Ptolomeo II en la isla de Faro en Alejandría, Egipto, para servir como punto de referencia del puerto y como faro, con una altura estimada de al menos 100 metros. Fue una de las estructuras más altas hechas por el hombre durante muchos siglos, y forma parte de las  siete maravillas del mundo antiguo  aunque destruido en el S. XV, hoy sumergido nada queda de él sino el lugar aproximado de su ubicación. 

La mítica biblioteca de Alejandría fue la más grande del mundo antiguo. En su interior se encontraban ‘Las semillas del mundo actual y moderno’, según varios expertos. Ella hizo de Alejandría la sucesora de Atenas en el saber. Fue construida en el siglo III a. C. en el palacio de la ciudad de  Alejandría  durante el  período helenístico del Antiguo Egipto, la biblioteca formaba parte de una institución de investigación conocida como  Museion, que estaba dedicada a las  musas, las nueve diosas de las artes. La idea de su creación puede haber sido una propuesta de  Demetrio de Falero, un estadista ateniense exiliado, al  fundador de la  dinastía ptolemaica, Ptolomeo I Sóter, quien, al igual que su predecesor,  Alejandro Magno, intentaba promover la  difusión de la cultura helénica. Sin embargo, probablemente no fue construida hasta el reinado de su hijo,  Ptolomeo II Filadelfo. Se adquirieron un gran número de  rollos  de  papiro  gracias, sobre todo, a las políticas agresivas y bien financiadas de los reyes ptolemaicos para la obtención de textos. No se sabe con exactitud cuántas obras componían su fondo, pero se estima que albergaba entre treinta mil y setecientos mil volúmenes literarios, académicos y religiosos. El fondo de la biblioteca creció tanto que, durante el reinado de Ptolomeo III Evergetes, se creó una dependencia de la misma en el  Serapeum de Alejandría. Otras fuentes señalan que desde el siglo III a.C se guardaron en esta biblioteca casi 1.000.000 de documentos que desaparecieron con su misteriosa destrucción. Solo pervive de ella el mítico recuerdo en textos y memorias de autores de los siglos siguientes. Impone el conocer su relevancia, su depósito de saber y la cantidad de papiros que atesoró. 
Para compensar esa pérdida secular, los egipcios se han dado el honor de inaugurar en 2002 una nueva biblioteca, en el mismo lugar de la antigua, cerca del mar y con todo el peso de la modernidad, como lo fue la primera biblioteca de Alejandría. En 1988 la Unesco patrocinó un concurso internacional donde resultó ganador el proyecto de la firma noruega  Snøhetta. Tiene forma de un enorme cilindro de cemento, cristal y granito, con materiales traídos desde Assuan dispuesta con bajorrelieves caligráficos de la mayoría de las lenguas del mundo, que ocupan gran parte de su fachada El presupuesto para la construcción fue de 230 millones de dólares, financiado por países de todo el mundo. El edificio fue inaugurado oficialmente el 17 de octubre de 2002 en la misma ubicación que tenía en la Antigüedad, 1.600 años después de la desaparición definitiva de aquellas grandes colecciones del saber. La Biblioteca de Alejandría actual tiene forma de disco cilíndrico y es extremadamente moderna.

La ciudad también tiene hitos grecorromanos, cafés del mundo antiguo y playas. En la actualidad, la Ciudadela de Qaitbay del siglo XV en el paseo costero es un museo.  l Fuerte está situado en la zona oriental de la  isla del Faro  en el  puerto de Alejandría. Se edificó en el S. XV por el sultán mameluco  Al-Ashraf Sayf al-Din Qa’it Bay, en el mismo lugar donde se encontraba el derruido  faro de Alejandría. Fortificó el lugar como parte de su proyecto defensivo costero contra el  Imperio otomano, que amenazaba a Egipto durante esa época. Construyó la fortaleza y ubicó una mezquita en su interior. Ejerció su función hasta la Edad Moderna pero con el bombardeo británico en el S. XIX fue casi abandonada. En el S. XX fue restaurada y alberga un pequeño museo de historia naval y el Museo Oceanográfico de Alejandría. La visita por sus múltiples dependencias da imagen de la época bastante oscura que tuvo una función básicamente defensiva. 
 

Por el bajo Egipto
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