jueves. 30.06.2022
MARCIANO PÉREZ
MARCIANO PÉREZ
Me di cuenta por la mañana. Haciendo zapping radiofónico. Casi pongo footing. Que eso además de un lapsus, me delata como antiguo. Pero no hay que alarmarse. De hecho, me enteré de que era fiesta hora y media después de haberme despertado. Es decir, que a estas alturas de este partido, darse cuenta de algo, igual tampoco tiene mucha importancia. Incluso se puede dejar como recurso: Luego, a media película, me doy cuenta de que la había visto... O, de que este libro que busco ya no lo encontré ayer. Pero me extrañaba que no hubiera nadie en la calle. Qué poca gente se ve hoy a primera hora, murmuré para mi mismo, para disfrutar del no darse cuenta. Bueno, pensar eso ya fue un lujo que me permití aprovechando que el Bernesga supongo que seguirá pasando por el Puente de los Leones. Hay momentos en los extremos de estos días que pasarían desapercibidos en una situación normal. A primera hora y a última hora, la ciudad es un lugar normal. Sal de esta ensoñación y entra para casa, puede que también me dijera acerca de todo esto. Calculo que en estos tiempos, en los que todo el mundo maneja y consume información con cierta militancia creyendo que la suya es la buena, si se nos ofrece un artículo un poco largo y documentado, o qué necesidad de leer, qué empeño, digamos un video de cinco o seis minutos, en ninguno de esos casos lo leemos o lo vemos entero. O, como los niños, no atendemos hasta el final. Bastante tenemos con enviar lo nuestro como para recibir lo de los demás. Tengo el móvil petao, ya lo veré. Salvo que supusiera el refrendo completo de los pensamientos actuales. Que ahora mismo estamos en nivel científico... Hay noticias que salen ahora que ya salieron el otro día. Como si volvieran en búsqueda de una segunda oportunidad. Piden volver a ser leídas. A veces no dieron miedo en su día y regresan para volver a intentarlo. Hay que dejarlas, porque nosotros estamos en un viaje eterno buscando la salida. Es mejor leer libros. Estoy insistiendo mucho en la lectura. A ver si se me ha metido el Día del Libro en el cuerpo. Me gustan las ferias de libros, que por cierto salvo la de Madrid no son eventos masivos. Y, en algunos de ellos, por sistema se dobla sin querer la distancia de seguridad. Pensábamos que en una situación como esta iban a entrar nuevos aires por nuestras neuronas, y que lo de ser comprensivos lo íbamos a aplicar en una extensión de la palabra lo más decente posible. Puede que en los próximos días tengamos la oportuidad de demostrar nuestros avances en respetar las normas de convivencia aunque sean excepcionales. Cuando la mañana estaba vacía pasó un gato que suele chequear los contenedores de basura. Incluso, sin gente, anda con gesto precavido. Si los gatos hablaran... Son expertos en distancias de seguridad, en no salir de casa, en estar solos, en dejarse acariciar a cuentagotas, en amor de gatos. ¿Cómo lo haremos nosotros cuando salgamos? ¿O en una fiesta? Pues como ayer. Pensemos que ayer era fiesta. Y no sigamos que era la de Castilla y León. Pues a mi me gusta. Los lamentos, como lo de darse cuenta, también pueden dejarse en el aire a ver si se van solos.

Amor de gatos
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