martes 24/5/22
                      Imagen de productos que pueden sufrir la reduflación. EUROPA PRESS
Imagen de productos que pueden sufrir la reduflación. EUROPA PRESS

Reduflación. Quédense con ese término surgido en el diccionario de esta nueva crisis derivada de la guerra en Ucrania. Porque hace referencia a una estrategia casi imperceptible para los consumidores, pero cuantiosa para las empresas de determinados productos que se venden al peso: pastas, ‘snack’, conservas, embutidos... No hay un registro oficial, pero sí una tendencia que ha analizado la OCU y que ha reflejado en un informe en el que indica que algunos fabricantes de alimentos» están reduciendo el contenido de sus envases entre un 5% y un 10% para despistar a los consumidores y que no se note la subida de precio».

Se trata de una tendencia, según explica esta asociación, cada vez más extendida, «que afecta también a productos de higiene y droguería». Es decir, que «los precios pueden estar subiendo más de lo que parece».

Por poner unos ejemplos prácticos, podría parecer que el precio medio del paquete de lomos de merluza de una conocida marca ha bajado un 7,1% respecto al precio de venta al público que tenía en 2020. Pero si se tiene en cuenta la reducción de peso que ha aplicado esa empresa a ese producto, que ha sido del 10% en esos lomos, en realidad su coste para el consumidor ha subido un 3,2% al contabilizar que está pagando ese precio por menos producto en el envase.

Esta misma situación se propaga en otros bienes que se venden al peso, en función de sus contenidos. Se trata, por ejemplo, del cacao soluble, determinados tipos de yogures, paquetes de margarinas y, sobre todo, envases de pasta, como macarrones o espaguetis. También, y con frecuencia, en los ‘snack’, como las patatas fritas de bolsa y otros aperitivos similares. ¿Quién no ha notado que el envase se encuentra con menos peso -y más aire- del habitual? Esa es la pregunta que resuelve la reduflación, pero que tiene una complicada respuesta o actuación desde el punto de vista del consumidor.

La OCU advierte de que esta reducción del peso de algunos envases podría estar empezando a afectar incluso al cálculo del IPC: la inflación interanual cerró en marzo en el 9,8%, la tasa más alta desde principios de los años 80. En el caso la cesta de la compra propia que elabora esta organización, la evolución media del precio de los productos de marca envasados estaría registrando ya una subida adicional del 0,7% (del 1,1% al 1,8%). Y teme que «las constantes y significativas subidas del coste de la energía impulsen a los fabricantes a reducir el peso de sus productos envasados con el fin de mantener los precios de venta».

Por este motivo, las organizaciones anima a los consumidores a estar atentos sobre posibles cambios en el peso a la hora de hacer la compra. El secretario general de Facua considera que la reduflación «es una practica con la que se encubren subidas de precios». No tiene dudas al respecto. Y argumenta que «es difícil combatirla porque se trata de una técnica de marketing para intentar mantener la fidelidad del consumidor sin que se dé cuenta de que está subiendo el precio» del producto que está consumiendo. Más aún porque el cliente suele estar acostumbrado a comprar un producto de toda la vida y no se fija en si el peso o la cantidad que contenga ese envase ha cambiado de un día para otro. Para Rubén Sánchez, «la clave es estar atento a los cambios que se puedan dar en un producto y atender, por ejemplo, al precio de kilo o por litro» que nos están ofreciendo. Así tiene una forma de comparación, una referencia a la que aferrarse para comprobar si está pagando más por menos.

El peso de la cesta de la compra mengua en plena escalada de precios