viernes. 09.12.2022
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La mesa camilla en el colegio electoral de Fontecha sirve a la interventora del PP para tomar nota de la jornada. MARCIANO PÉREZ

Fontecha del Páramo, un pueblo a 26 kilómetros de León con apenas 130 habitantes, duplicaba ayer la población que puede pasar por su plaza al ser también sede de la mesa de votación para los pueblos de Palacios de Fontecha y Pobladura de Fontecha.En las antiguas escuelas conservan el suelo de tarima, la mesa de la maestra y una pizarra. Lo que más llama la atención es la enorme mesa camilla en la que la interventora del PP y presidenta de la Junta Vecinal, Rocío Vidal Álvarez, toma nota de la jornada.«Va a venir poca gente. Tenemos 276 electores y han venido 56». El local, que ahora se usa como sala de reunión de las mujeres y como biblioteca, está bien caldeado, aunque en caso de necesidad el brasero de la mesa camilla está dispuesto para enchufarse. hace recuento a las 13.00 horas.

Ángela, que aterrizó en el pueblo de sus antepasados el pasado verano, está de vocal. Es maestra y cambió su plaza en Melilla por una escuela en Astorga y optó por vivir en el pueblo. Una excepción porque lo más habitual es que el padrón baje por la mortalidad de los mayores. «Muere gente y no se repone porque no hay ayudas ni incentivos para repoblar», afirma.

«Es un contraste porque vengo de un lugar que tiene 12 kilómetros y solo 6 kilómetros construidos. Vivimos hacinados. Vienes aquí y es una maravilla. Es calidad de vida», afirma. Entre vivir en León y en un pueblo cercano como Fontecha tiene claras las ventajas de lo segundo. «Dicen que ‘pueblo pequeño, infierno grande’, pero las relaciones ya no son la de antes y tienes la calidad humana de la gente, nos ayudamos aunque haya diferencias y en los colegios rurales los niños son otra cosa, más nobles», señala la nueva vecina de Fontecha.

Ángela nació en París porque su padre, al igual que todos sus hermanos, emigró como otros habitantes del valle. Francia, Luxemburgo, Holanda, Alemania y Suiza fueron los destinos de la gente de estos pueblos que pertenecen al Ayuntamiento de Valdevimbre, de tradición vinícola. Las viñas no daban para todos los que nacían en la época de la posguerra y el baby boom. «Somos hijos de inmigrantes, nietos de inmigrantes y estamos volviendo a las raíces», apunta.

Leticia Fernández Fernández, vecina de Palacios de Fontecha, la presidenta de la mesa electoral, corrobora las bondades de vivir en el pueblo. «Soy joven, tengo dos hijos y me he hecho la casa en el pueblo», afirma al defender las ventajas de vivir en el medio rural.Sus hijos tienen transporte escolar para ir a Santa María del Páramo y aunque ella se ocupa de llevarles a actividades extraescolares cree que usa menos el coche que si viviera en la ciudad. «Dame un pueblo con casa y no me des piso en la ciudad».En su caso tiene la ventaja, admite, de trabajar en el pueblo, en la oficina de una empresa familiar. «Ya podían encargar de hacer esto (por la mesa electoral) a la gente que está en el paro y anda pidiendo comida», afirma aunque está encantada con prestar el servicio y ya ha cogido el tranquillo para aplicar el protocolo covid sin que los votantes tengan que depositar su DNI en la bandeja dispuesta. «No es práctico», dice mientras se aplica el gel hidroalcohólico.A las 13.30 horas la gente sigue entrando a la escuela. Mayores y jóvenes. «Claro que son unas elecciones importantes, como todas... si no votamos entonces ¿Qué va a pasar?», comenta un otro vecino. Y su esposa le refuerza: «Son muy importantes. ¿Son las de la autonomía de León, no?

Podría ser...

Al final de la jornada más del 50% del censo electoral había acudido a votar en esta pequeña mesa a pocos kilómetros de León.

De Melilla a la mesa camilla electoral de Fontecha
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