sábado. 03.12.2022
El presidente del PP, Pablo Casado, durante la visita a la bodega Lagar Blanco. RAFA ALCAIDE

ramón gorriarán | sevilla

Dicen en su partido que las elecciones andaluzas llegan demasiado pronto para Pablo Casado. Han transcurrido cuatro meses desde la victoria en el congreso del PP que le entronizó como sucesor de Mariano Rajoy, pero no es tiempo suficiente para ahormarse como jefe de la oposición al frente de un partido en crisis. Un buen resultado le consolidaría, uno malo haría tambalear su liderazgo. Pero no esconde la importancia del envite ni las consecuencias que pueda tener, y él mismo, con ribetes temerarios, se ha encargado de subir el listón: «Lo que pase el 2 de diciembre será la primera vuelta de las elecciones municipales y de las nacionales».

Aunque las encuestas y sensaciones digan lo contrario, está convencido de que saldrá airoso de la prueba. Para el PP en estos tiempos un buen resultado no es pelear la victoria al PSOE, es ganar a Ciudadanos.

Para los estrategas de la campaña, el escenario ideal del 2 de diciembre pasa por resistir la pujanza de Ciudadanos y mejorar sus números, ahora tiene 33 de los 109 diputados del Parlamento andaluz; conseguir que la subida de los liberales sea a costa de los socialistas; y que Adelante Andalucía, la alianza de Podemos e IU, muerda votos al PSOE. Mas no parece que vayan por ahí lo tiros.

El promedio de los sondeos publicados constatan que los populares no solo no ganan escaños sino que los pierden, están empatados con Ciudadanos diputado arriba diputado abajo, y el crecimiento del partido naranja se alimenta de sus deserciones y no de un trasvase socialista; además la candidatura que encabeza Teresa Rodríguez mantiene sus apoyos sin restar al PSOE.

Casado es terco y no se resigna. Va ser el líder nacional con mayor presencia en Andalucía, encabeza su propia caravana electoral y en los carteles anunciadores de los mítines su nombre sepulta por tamaño de letra al del candidato andaluz. Ha puesto toda la carne en el asador y ha convertido las autonómicas en lo más parecido a un plebiscito sobre su futuro político. Es consciente de que un mal resultado cegaría su camino a la Moncloa, no en vano los andaluces eligen 61 de los 350 diputados del Congreso, y sabido es que sin ganar o tener un buen resultado al sur de Despeñaperros no hay nada que hacer en unas generales. Hasta ahora, a dos semanas de las votaciones, su empeño no se ha visto premiado. Las prospecciones de las encuestas publicadas hasta el viernes son casi todas desfavorables, señalan que es el líder nacional menos conocido por los andaluces y el peor valorado. El candidato Juan Manuel Moreno tampoco ayuda, saca la peor nota de los aspirantes y uno de cada tres no sabe quién es.

A la luz de estos datos, no parece que Andalucía vaya a ser el bálsamo de Fierabrás para sus males. Casado, en 150 días como líder del PP, no ha dado con la tecla para asentarse como líder de la oposición. Lo reconocen en voz cada vez menos baja dentro de su partido, sobre todo los que acumulan algunas legislaturas a la espalda. «Su discurso, aunque suena explosivo, no hace daño al Gobierno», comenta un veterano diputado. Su actividad desde el primer día es arrolladora. Está en todas partes, casi no hay jornada sin declaraciones suyas, y multiplica las iniciativas, aunque algunas tengan dudoso éxito como la cumbre de fuerzas constitucionalistas que convocó del pasado miércoles en el Congreso en la que el único líder fue él.

Casado se juega la presidencia del PP al sur de Despeñaperros
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