domingo 13/6/21

Iglesias, viaje del cielo a los infiernos en 7 años

Pablo Iglesias había empezado a meditar su adiós a la política y el traspaso de poderes en Podemos a Yolanda Díaz meses antes de que Ayuso adelantara las elecciones. Su figura política estaba desgastada por la sangría de votos desde 2018, con tres elecciones generales en caída libre, pese a la paradoja de haber entrado en el Ejecutivo de coalición en enero de 2020. Su adiós abre incógnitas y deja las riendas en manos de la Ejecutiva al menos los seis meses que debe estar como afiliada Díaz.

Le atormentaba también haberse convertido en destinatario de insultos personales y la situación de su familia por el acoso diario de un grupo de ciudadanos apostados en la puerta de su casa en Galapagar, sobre todo por sus tres hijos. El martes por la noche, además, comprobó que su presencia como candidato había perdido el tirón de antaño al «fracasar» en medio de una participación récord, a la que él mismo había apelado durante la campaña («Que hable la mayoría», rezaba el eslogan). No había excusas. «Creo que no contribuyo a sumar», reconoció en otra amarga noche electoral.

La apuesta de Iglesias había sido audaz y desesperada, pero también personalista. Se vio relegado a una posición marginal en la Asamblea regional, con el agravante de que Más Madrid, el partido fundado por su ex mano derecha y rival por el mando del partido en 2017, Iñigo Errejón, obtuviera más del doble de asientos (24). La lectura que él mismo hace es la de haberse convertido en «chivo expiatorio» de la derecha. En solo dos meses pasó de vicepresidente del Gobierno a líder del último partido de Madrid. Deja todos los cargos del partido que fundó en enero de 2014.

Su ascenso fue uno de los más vertiginosos que se recuerdan, la igual que su ocaso. Siempre a lomos de un liderazgo implacable y feroz con la disidencia interna, hizo gala de un discurso agresivo, constante y en todo. Estrategia que también utilizó contra sus rivales y sus socios de Gobierno del PSOE, sobre todo en asuntos como la monarquía, la vivienda o cualquier tema que no se adaptara a la literalidad del pacto firmado tras el abrazo con Pedro Sánchez. Ahora quiere hacer, «periodismo crítico» con Jaume Roures y volver a dar clases a la universidad. En aquellos comienzos, Iglesias pregonaba que su final se iba a producir «cuando nos parezcamos mínimamente a la casta».

Iglesias, viaje del cielo a los infiernos en 7 años