lunes 18/10/21

De Montoro a Montero, dos realidades con los mismos números para un país

La crisis provocada por la pandemia del coronavirus obliga a aprobar unas cuentas basadas en las cifras actuales en vez de las de 2018, cuando España crecía al mayor ritmo de la eurozona
La ministra de Hacienda María Jesús Montero conversa con el exministro Cristóbal Montoro en el Congreso en 2018. JUAN CARLOS HIDALGO

La maquinaria ha comenzado a funcionar para que por fin se aprueben unos nuevos Presupuestos Generales para 2021. El panorama político ha supuesto que las cuentas públicas elaboradas por el exministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, y aprobadas en 2018 sigan vigentes hoy en día, a pesar de que la situación social y económica es completamente distinta.

Es más, las cuentas fueron propuestas por el Gobierno de Mariano Rajoy, pero quien las aprobó finalmente en el Congreso fue Pedro Sánchez el 28 de junio de 2018, ya que tras la moción de censura no tenía margen de maniobra para aprobar unos Presupuestos propios. Así, las cuentas de Montoro han logrado un récord histórico, en enero de 2020 se prorrogaron por segundo año consecutivo, y Sánchez, tras más de dos años en La Moncloa, sigue bajo unas cuentas elaboradas por su rival político y que se negó a respaldar en su momento.

Pero más allá de las rencillas políticas, los Presupuestos quedan antiguos porque fueron creados en un momento de crecimiento económico, nada que ver con la situación que vivimos ahora. En 2018 la economía avanzó un 2,4%, medio punto por debajo del año anterior, pero aún creciendo al mayor ritmo de toda la eurozona. La tasa de paro cerró el año en el 15%, arrastrando aún las elevadísimas cifras que dejó la crisis de 2008, pero reduciéndose paulatinamente hasta terminar el año siguiente en el 14%.

Pero en 2020 todo ha estallado. Las previsiones del Gobierno eran que el PIB del país creciera este año un 1,5%, en una tasa más estable y aún por encima de su entorno, y que el paro se pudiera reducir a tasas cercanas al 12%. La realidad ha sido otra muy diferente. La crisis del coronavirus obligó a cerrar toda la actividad económica a mediados del mes de marzo, con un mes de abril completamente a cero y un mayo de lenta apertura.

Ese parón, nunca visto hasta ahora, produjo un inmenso agujero en la economía, que se desplomó un 18,5% en el segundo trimestre quedándose casi en la peor posición de los países que componen la OCDE, solo superado por Reino Unido. Y a pesar del ansiado rebote que se espera para el tercer y cuarto trimestre, el Banco de España prevé que el PIB termine el año con una caída de entre el 9% y el 15% en función de la evolución de la pandemia de aquí a final de año.

LA CRISIS DEL DESEMPLEO

Y la situación del empleo también es bien distinta. En julio de 2018, cuando se aprobaron los Presupuestos de Montoro, España había sumado 479.000 ocupados en el segundo trimestre, una creación de empleo récord que contrasta con la destrucción de más de un millón de puestos de trabajo en el segundo trimestre de este año, el peor de la serie histórica, como consecuencia del cierre de toda actividad no esencial para contener la propagación del virus.

Pero se espera que la peor cara de la crisis del coronavirus en el empleo se muestre a partir de octubre, cuando los erte por fuerza mayor lleguen a su fin -a no ser que en los próximos días se prorroguen más allá del 30 de septiembre fijado actualmente- y muchas de estas personas pasen a aumentar las listas del paro. La temporada turística finalizará del todo y los pocos contratos temporales que se hayan firmado este verano finalizarán.

De Montoro a Montero, dos realidades con los mismos números para un país
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