miércoles 19/1/22
Pere Aragonès conversa con la presidenta del Parlament, Laura Borràs. ENRIC FONTCUBERTA

El independentismo catalán sigue enredado en sus propias batallas internas. En consecuencia, Pere Aragonès volverá a fracasar en su segundo intento para salir elegido presidente de la Generalitat este martes. El dirigente republicano, como ya ocurrió en la votación del viernes, en el pleno de investidura, contará con los votos a favor de su partido, ERC, y los nueve de la CUP. Un total de 42 diputados, insuficientes para ganar por mayoría simple contra los 61 que sumarán los grupos de la oposición.

Como el viernes pasado, Aragonès hincará la rodilla por la abstención de Junts, anunciada este lunes tras la ejecutiva del partido. El bloqueo de los de Carles Puigdemont a la investidura y la negativa de la formación de Oriol Junqueras a buscar mayorías alternativas al independentismo provocan que Cataluña, mes y medio después de las elecciones, siga sin poder formar gobierno. Desde el cese de Quim Torra, inhabilitado por desobediencia, la comunidad catalana lleva seis meses sin jefe del Ejecutivo autonómico.

Una vez que la Cámara catalana certifique el segundo fracaso de Aragonès, se pondrá en marcha la cuenta atrás hacia unas nuevas elecciones, comicios que públicamente descartan las dos formaciones secesionistas, pero que sobrevuelan las negociaciones.

El independentismo se presiona con el hecho de que tiene más diputados que nunca (74, sobre 135) y con el hecho de que por primera vez obtuvo más del 50% de los votos. ERC y Junts no se ponen de acuerdo para reeditar un nuevo gobierno de coalición, apoyado desde fuera por la CUP, pero ambos aseguran que el pacto es posible e incluso los postconvergentes confiaron en que no será necesario agotar el plazo de dos meses para desencallar las negociaciones. Ya no hablan de «semanas», sino de «días».

La prioridad, a día de hoy, es rehacer las confianzas mutuas. Junts reclama una bicefalia, en la que ERC lideraría el Govern y Puigdemont, el ‘procés’. Esquerra se niega. Los postconvergentes recelan de sus socios y piden garantías de que los republicanos no tendrán como único objetivo de la legislatura ir arrinconándoles para hacerse con la hegemonía en el soberanismo. La pugna por la que andan enfrentados a cara de perrro desde 2015. ERC cree que no hay «escollos insalvables» entre las dos formaciones y que solo les separan algunos «flecos». Y considera que ya ha cumplido la primera parte del pacto, que fue votar a favor de la elección de Laura Borràs como presidenta del Parlament y que ahora quien tiene que cumplir su parte es JxCat invistiendo a Aragonès. Los junteros, en cambio, consideran que aún tienen que cerrar lo más importante: la estrategia independentista, el plan de gobierno, su estructura y el reparto de funciones.

Puigdemont mantiene el bloqueo a la investidura de Aragonès en Cataluña