domingo 28/2/21

Los republicanos se desmarcan de la estrategia rupturista de Puigdemont

Plantan al expresident en un acto en el que se llama a hacer efectiva la secesión
Imagen de una concentración pro políticos presos en Barcelona. ENRIC FONTCUBERTA

En plena pandemia, Carles Puigdemont presentó ayer desde Bruselas la autodenominada asamblea de representantes, una especie de parlamento paralelo, en el que solo participan dirigentes independentistas. Se trata de la parte que faltaba para completar el Consejo para la República, presidido por Puigdemont desde Bruselas y desde el que trata de seguir pilotando el movimiento secesionista. Sin embargo, el acto fundacional de la asamblea de cargos electos tuvo hoy ausencias muy considerables. La CUP acudió únicamente como observadora y ERC ni siquiera participó. Hubo representantes de JxCat, PDeCAT, Demòcrates, la ANC y Omnium. Los republicanos ya hace tiempo que consideran el Consejo para la República un «chiringuito» de Puigdemont, pero hasta ahora habían acudido a todas sus reuniones.

Baño de masas

El último acto fue en febrero, en Perpiñán, y se convirtió en un baño de masas para el expresidente. En esta ocasión, y a dos meses de las elecciones, los republicanos tenían claro que el acto, celebrado entre Bruselas y el Palau de la Generalitat, sería «partidista» y «electoralista» y decidieron plantar al líder nacionalista. Alianzas trasnversales JxCat y ERC ya hace tiempo que han roto y sus estrategias convergen cada vez menos. Está por ver si tras los comicios vuelven a pactar. Los planes de los republicanos pasan por tejer «amplias alianzas» en la Cámara catalana y mantener el diálogo abierto y la colaboración con el Gobierno central. Nada que ver con la vía rupturista por la que aboga Puigdemont, quien aprovechó su intervención de hoy para presentar la que es su propuesta electoral para los próximos comicios. Una suerte de nueva hoja de ruta con la que pretende alcanzar la independencia. El expresidente, huido en Bélgica, llamó a «hacer efectiva» la declaración unilateral de independencia del 27-O de 2017 a través de lo que denominó un «desbordamiento democrático». Este pasaría por que el independentismo obtenga más del 50% de los votos y los escaños en las elecciones, por constituir un gobierno independentista y por organizar movilizaciones «sostenidas en el tiempo» para defender la DUI. En paralelo, el Govern, el Parlament y los ayuntamientos deberían «desplegar los efectos de la declaración de independencia».

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