jueves 19.09.2019
POESÍA

Contra viento y marea

días de ruta Vicente Muñoz Álvarez Prólogo de Gsús Bonilla, Lupercalia, Alicante, 2014. 200 páginas.
Contra viento y marea

El nuevo libro de Vicente Muñoz, Días de ruta, evoca la novela más emblemática de la generación beat, On the road, de Jack Kerouac, con quien siente empatía por seguir caminos paralelos: la vida en la carretera, si bien el poeta leonés no lo hace en aventura enloquecida, sino por ganarse la vida como representante de calzado, durmiendo en hoteles baratos y entre sábanas frías de soledad. Este frío es la marca externa de otro frío mayor, el del vacío interior, el del extrañamiento, «el no identificarme bajo el disfraz de hombre cuerdo» y de negocios. Es la prosa de la vida, y en prosa lo relata Muñoz, dejando el verso para otras íntimas angustias. Es la prosa del día a día que ilustra la imagen de la trinchera: resistir y luchar. Al otro lado está la entrega «al arte no remunerado de la ensoñación», que eso es la poesía. Así termina la campaña de otoño del vendedor de zapatos, del poeta disfrazado de negociante, cuya meta última es «llegar sin desplomarte / al fondo / de ti», el fondo del que brota esta poesía de lo inmediato, inconforme y disidente para no dejarse atrapar por el sistema.

En el Cuaderno de invierno cobra primacía el bosque como remedio contra las angustias de fuera y de dentro, como espacio de meditación, de sosiego y ensoñación, de renovación y pureza íntima. También la poesía y los poetas se acercan al pensamiento del escritor. Anida ahí el orgullo de la amistad con quienes, como él, «reman contracorriente / luchan contra todo, pelean siempre a la contra», conservando la dignidad como la conservaron los poetas malditos, como Allen Ginsberg, cuyo Aullido parece evocar nuestro poeta cuando escribe: «Son los mejores cerebros de mi generación y están perdidos, frustrados, rotos».

Pero a este tiempo de meditación sucede de nuevo el de ruta, la «Campaña de primavera»: «los dos ejes sobre / los que gira / mi vida / el calzado / y la poesía... / la rutina / y la ensoñación». Y otra vez el extrañamiento y el disfraz, y a esperar otra estación de calma y sosiego, que poetiza en el Cuaderno de verano: de nuevo el bosque, la huerta, el hogar, el amor, la ensoñación, el paso feroz del tiempo, lecturas, el jardín interior, pero también el desaliento, el vacío, los sueños rotos, la escritura como vaciamiento y catarsis... Seguir sería empezar otra vez el círculo, el tedio de la carretera y la espera de la poesía, a la que Vicente Muñoz se ha entregado y entrega con la pasión de lo vivido.

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