domingo 22/5/22
el territorio del nómada |

Damasco en el Bierzo

CARMEN LAFORET (1921-2004), DESPUÉS DE LA RUIDOSA CONVERSIÓN QUE TRANSFORMÓ A LA NOVELISTA DE ÉXITO EN OBLATA ATRIBULADA, HABÍA FRECUENTADO CELDAS Y CONVENTOS ANTES DE RECLUIRSE AL SUR DE GREDOS PARA ESCRIBIR SU NOVELA BERCIANA: ‘LA MUJER NUEVA’.
La escritora Carmen Laforet, en su época de la ‘novela berciana’

Su irrupción en las letras españolas había sido la más deslumbrante de la posguerra, junto a la de Cela, pero a diferencia del gallego no se enredó en el aparato literario de la década ominosa. Fue haciendo su vida. El día de Reyes de 1945 ganó el primer Nadal, que estaba destinado para César González Ruano, y un año después se casó con el periodista Manuel Cerezales, descendiente de Quintela de Balboa, quien le había mecanografiado Nada, para enviarla al premio. Luego fue teniendo hijas e hijos, hasta cinco. La segunda, Cristina (1948), es una pintora y escritora muy vinculada a los Ancares. El más joven, Agustín, también es escritor y su nacimiento en 1957 supuso la ruptura con Lilí Álvarez (1905-1998), la condesa de Valdene y tenista de Wimbledon que inspiró su novela berciana.

DESPUÉS DE NADA

Desde su primera novela, el universo narrativo de Laforet gira en torno al desencanto de sus personajes, con los que mantiene un vínculo biográfico difícil de disimular. Un mundo agobiante, siempre a punto de ser despejado por la magia de una mirada limpia, pero que acaba resultando ruin. La isla y los demonios (1952) retoma los años anteriores a Nada, sus preliminares en Canarias, antes de viajar a la península. Se la dedica a Carmen Castro (1912-1997), su mecanógrafa y la hija de don Américo, casada en 1936 con el cura y catedrático Xavier Zubiri (1898-1983). Depurada de su cátedra, Carmen Castro había tenido su propia conversión antes de casarse con Zubiri. Como Laforet solía expresar públicamente su desinterés por la literatura y su dificultad para escribir, las malas lenguas atribuyeron a la mano tutorial de Carmen Castro la versión definitiva de la novela.

Entre las dos novelas publica relatos, algunos artículos y varias novelas cortas, que recogerá en el volumen La llamada (1954). Los cuentos no se agruparán hasta 1983: La niña y otros relatos. Fue un tomito de Novelas y Cuentos, la editorial que dirige Cerezales, de quien se había separado en 1970. En su catálogo publicó Luis Mateo Díez sus primeros libros narrativos, Pereira un libro de relatos y Merino y Elena Santiago las novelas galardonadas con el Novelas y Cuentos. Sus novelas breves (Siete novelas cortas, 2010, con prólogo de Álvaro Pombo) y los relatos (Carta a don Juan, 2007) de Laforet los ha reeditado Menoscuarto.

LA NOVELA BERCIANA

Pero antes de ver la luz La isla y los demonios, el 16 de diciembre de 1951, se produce su conversión, después de muchos paseos y reuniones con Lilí Álvarez («una señora guapísima, pero guapísima de verdad, alta y esbelta, con unas piernas de maravilla»), a quien secunda entonces Enrique Miret Magdalena. La experiencia dura siete años, «durante los cuales empleará ardientemente sus energías en anularse a sí misma a favor de una idea cuya moralidad se creía en la obligación de defender, a pesar de repugnarle». Son palabras de su hijo escritor. En diciembre de 1955 publica La mujer nueva, galardonada con el Premio Menorca, cuatro veces mejor dotado entonces que el Planeta. Al año siguiente recibirá el Premio Nacional Miguel de Cervantes. Se la dedica a Lilí, «madrina mía de confirmación», y sitúa su acción en «varios pueblos, un río y un valle de la provincia de León».

La primera parte de La mujer nueva quizá sea lo mejor de la obra de Laforet. Su protagonista es la réplica del hombre nuevo Paulino. Tocada por el rayo de su conversión en un viaje en tren, se debate entre el deber y el instinto, entre el marido y el amante, hasta que salta a la gran aventura de la Gracia. Pero narrativamente transcurre tan a la ligera que su desarrollo se mueve con la lógica del cuento de hadas. Luego, malogra la novela el afán catequizador. Pero es la obra fallida de una gran escritora, que entusiasmó al hispanista Gerald Brenan o a un Aranguren entonces en sintonía con los arrebatos de Lilí. Unos pocos años antes de morir, hablando de este libro con Carmen Martín Gaite, me apuntó al «nudo lesbiano» de aquel Madrid como desencadenante del trastorno transitorio de Carmen Laforet.

UNA MUJER EN FUGA

Después de su novela berciana, ya sólo publicó La insolación (1983), primera parte de una trilogía inacabada, en la que huye de la acusación de autobiografismo. Poco después de morir, salió a la luz su segunda parte, Al volver la esquina (2004), mientras permanece en manuscrito Jaque mate, en la que trabajó durante tres años. En estos libros de madurez, su autora describe como nadie las luces del mundo y las sombras de sus personajes. Otro de sus proyectos novelísticos, Toque de queda, pertenece al imaginario de la maleta extraviada en Roma o confiada a alguno de sus amigos.

Las últimas décadas de su vida, antes de ser recluida con alzheimer en sucesivas residencias, las pasó como «una mujer en fuga», según la retratan sus biógrafos Caballé y Rolón.

Damasco en el Bierzo
Comentarios