domingo 5/12/21
Brindis por los imperdibles de la música

Los inusuales de la escena leonesa

La Universidad de León publica ‘Inusuales’, una cartografía de la escena musical de León en el siglo XXI
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El servicio de publicaciones de la Universidad de León acaba de presentar la obra Inusuales, una guía que desgrana las características artísticas de ocho nombres de la escena musical leonesa en el siglo XXI. José Manuel Trabado, director del departamento de la Universidad y profesor de Teoría de la Literatura y Literatura Comparada de la ULE, explica al lector que el libro permite recorrer «una pequeña cartografía de territorios musicales edificados sobre puntos de encuentro». Yuri Méndez, Fabián D. Cuesta, Juan Marigorta, Myriam Gutiérrez, Arsel Randez, The Morgans y J. Carlos Suárez son los siete músicos que protagonizan las páginas de Inusuales, pero hay más. Al final del libro aparecen protagonistas de la música leonesa sin los que la escena artística habría sido diametralmente diferente. Son los músicos invisibles —o no— pero los que hacen posible que el sonido de las bandas de la provincia sea inolvidable. Es el caso del fallecido Manuel Tejada, uno de los activistas culturales a quien más se echa de menos. Manuel Tejada se encuentra entre las figuras más importantes de la modernidad artística y cultural de León. Fallecido a los 44 años, su estela e influencia sigue plenamente presente en la escena contracultural leonesa. Inventó León Arte Urbano, el festival más moderno de Léon. Hizo dos programas de radio: El perseguidor y cosas que nunca te dije. Tuvo el grupo Los Boogies, quizás el más AC/DC de León. Trabajó en el Festival Internacional de örgano Catedral de León y en el de Cine de Astorga. Incluso llegó a publicar una revista: Polo Norte. Se legado —en forma de una colección de más de 4.000 discos, 2.000 de ellos en vinilo, además de 400 películas en DVD, revistas y otros impresos— fue cedida por su familia a la Universidad de Léon.

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Eloísa Otero, autora de esta recopilación, explica que este libro nació como un encargo de alguien que tenía una deuda pendiente y un gusto especial. «No se trataba simplemente de hacer un compendio de músicos leoneses en torno a los 40 años con tendencias parecidas, aunque eso sí, hay algo que converge en ellos, todos son independientes, pero no tienen vocación marginal, cuentan con talento y energía y sus trayectorias están marcadas por el afán de superación». En ese escenario nace esta publicación cuya elaboración es fruto de la casualidad según detalla José Manuel Trabado, en el prólogo del libro. «Podemos recordar con exactitud el año de algunas canciones porque estarán para siempre ligadas a un estado de ánimo, a un episodio que vivimos y nos marcó: aquellas canciones funcionan como bisagras sobre las que giran las puertas de la memoria». Insuales’ contiene 262 páginas, numerosas fotos y un CD recopilatorio. Tiene un precio de 25 euros y puede adquirirse a través del Área de Publicaciones la ULE. Y mientras esta obra se incorpora a la memoria colectiva cultural de la ciudad de León, tanto Trabado como Otero defienden ‘Inusuales’ como el punto de arranque a futuros libros similares.

Manifiesta con acierto José Manuel Trabado que la música es un calendario emocional. «Podemos recordar con exactitud el año de algunas canciones porque estarán para siempre ligadas a un estado de ánimo, a un episodio que vivimos y nos marcó: aquellas canciones funcionan como bisagras sobre las que giran las puertas de la memoria».

Epílogos

Cada uno de los capítulos termina con un epílogo en el que músicos, analistas y productores dan su punto de vista acerca del grupo reseñado. Cristina Pimentel y Jesús Palmero, Carlos Ordás, Carlos ‘Terciopelo azul’, Zapi, Aníbal Sánchez, Isabel Medarde, Gabriel Quindós y Yago Ferreiro. Todos ellos dibujan una sinfonía sentimental sobre los músicos en la que en clave de nostalgia en unos casos — «En nuestro caso, unos ventanales enormes nos pusieron fácil la metáfora: lo que había dentro rara vez se veía desde fuera. Desde fuera, como las familias felices, todos los bares se parecen, pero sólo dentro de él podíamos ser infelices a nuestra manera»— (Yago Belmondo) o de estética, como en el caso de Isabel Medarde — «Él busca siempre el escenario (y hasta el último elemento que aparece en la imagen) de forma bien pretendida, para hacer de cada plano un sueño»— .

Destaca José Manuel Trabado que la obra no tiene una vocación totalizadora. «Es un pequeño panorama y como todo panorama, es un mapa parcial, un hilo del que tirar. A buen seguro se nos quedan músicos y grupos muy interesantes en el tintero. Serán estas ausencias una coartada gozosa para seguir insistiendo en ello».

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