sábado 24/10/20
David Fernández Sifres | Escritor

«Soy como soy por los libros que leí de niño»

El escritor leonés David Fernández Sifres posa en el interior de la Pulchra. MARCIANO PÉREZ

Alejandra, María y Pablo reciben una fotografía en la que los tres aparecen abrazados delante de la Catedral de León. Solo hay dos problemas: no se conocen entre sí y jamás han estado en esa ciudad. Este es el arranque de la última novela de David Fernández Sifres. Titulada, La foto imposible, es un relato en el que la calidad literaria no es el único aliciente del autor. La obra tiene el objetivo de encaminar a los lectores por la senda del español mientras descifran el misterio. Autor multipremiado, David Fernández Sifres es uno de los escritores de literatura juvenil con más talento creativo que advierte de que los lectores con prejuicios se están perdiendo historias «espectaculares»

—¿Cómo surge el proyecto con la editorial?

—En la editorial habían leído BIS, un thriller juvenil que publicó SM en la colección Gran Angular y que habíamos escrito a cuatro manos Jorge Gómez Soto y yo. Les gustó, pensaron que era el tipo de novela que querían para su nuevo proyecto y se pusieron en contacto conmigo a través de mi web. Me contaron la idea que tenían, me pareció un reto interesante y diferente a lo que había hecho hasta ahora y me animé.

—¿Te dieron alguna pauta para ponerte a trabajar?

—Si, claro. Se trata de un proyecto novedoso y tenía unas reglas claras. Más allá de que querían una historia atractiva, con un lenguaje directo, con temas cercanos a los jóvenes y que enganchara al lector con facilidad, el hecho de que se tratara de una lectura para extranjeros que aprenden español, con un nivel muy concreto del idioma, me limitaba bastante a la hora de escribir: longitud, expresiones, tiempos verbales, vocabulario… Pero, sobre todo, la propia estructura de la historia: tres protagonistas, con la misma relevancia, que en dos momentos de la novela tienen que separarse, de manera que cada uno de ellos tenga dos capítulos propios, y asegurando que cada protagonista, en sus capítulos, tiene un nivel de español diferente al de los otros dos (sencillo, medio, avanzado). Esta es quizá la base del proyecto Historias que leemos juntos, un libro que pueden leer a la vez todos los alumnos de la clase, eligiendo cada alumno, en dos momentos concretos y en función de su competencia lingüística, a qué personaje quiere seguir. Lo interesante, así lo veo yo, es que la información que aparece en estos capítulos que se reparten entre los alumnos es fundamental para entender la historia y poder seguir leyéndola, de forma que una vez leídos estos capítulos individuales debe exponerse en clase el contenido para que los demás obtengan las piezas que les faltan y puedan todos continuar con la lectura común.

—¿Cómo te planteaste el reto?

—No quería que fuera un mero ejercicio de escritura para mí, o un mero ejercicio de lectura para el alumno. Quería que fuera una auténtica novela juvenil, de manera que las limitaciones que me imponían, y que hemos comentado, las sufriera yo como escritor, pero que fueran transparentes para el lector. En este sentido, intenté pensar siempre no en un lector extranjero que está aprendiendo español, sino en un lector que tuviera el español como lengua materna: el reto para mí era que este último lector pudiera disfrutar de la lectura sin notar estas limitaciones, sin echar de menos los subjuntivos, las subordinadas...

—Me parece muy chulo que el alumno pueda elegir personaje en función de sus conocimientos del idioma. ¿ Podrías explicar cómo te pusiste a escribir con este objetivo?

—Yo también he estudiado idiomas y sé que cuando no tienes el mejor nivel te sientes inferior. Quería evitar esto; quería que quienes escogieran al personaje con un nivel más sencillo se sintieran cómodos leyendo y, a la vez, que lo que ocurriera en sus capítulos fuera tan importante como lo que sucedía al personaje de nivel mas alto. De alguna forma, que sintieran que su nivel de idioma les permitía participar en el conjunto en igualdad de condiciones. Estoy seguro de eso les da confianza y les anima a seguir aprendiendo.

—¿Por qué la novela se desarrolla en León?

—Me pidieron que la historia estuviese ambientada en España, porque eso motiva a os lectores extranjeros, y que les hiciera una propuesta. La verdad, lo cuento como fue, pensé inmediatamente en Jesús Calleja y en Dani Martínez. Como leonés, yo admiro y agradezco que lleven León como bandera y, en el caso de Jesús, que lo haya dado a conocer en multitud de países. Pensé que era mi oportunidad de hacer lo mismo -salvando las abismales diferencias-, de poner mi granito de arena por mi tierra, y se lo propuse a la editorial. Les hablé de la historia de León, de sus monumentos, gastronomía y demás, y aceptaron inmediatamente. Y me puse a ello.

—¿Qué referencias a León encontrarán los jóvenes lectores alemanes?

—No sé si las recuerdo todas, pero los personajes llegarán a la ciudad en AVE y avión, pasearán por Ordoño, tapearán por el Húmedo, comerán chorizo, cecina, cocido maragato, la dueña de un hostal les hablará de León como cuna del parlamentarismo, de San Isidoro… Y, como queda de manifiesto en la cubierta del libro, la trama principal gira en torno a la Catedral.

—¿Qué más autores que conozcas participan con ellos?

—El mío es el segundo libro de este proyecto. El primero, que también sale ahora en octubre, se titula Desconexión total y lo ha escrito Lourdes Miquel, que es escritora y catedrática de español como lengua extranjera.

—Tengo la convicción de que las relatos que se escriben para niños son más literatura que muchas de las novelas que se publican para los adultos.

—Lo que yo tengo claro es que son literatura con mayúsculas y, de eso doy fe, es más complicado escribir para niños que para adultos. La literatura infantil y juvenil es una gran desconocida en nuestro país. Los adultos con prejuicios se están perdiendo historias espectaculares.

—Has ganado varios premios. ¿Son los niños lectores diferentes? ¿tienen más capacidad crítica; más profundidad para profundizar?

—A los niños les da igual quién sea el autor, que sea conocido o no, que tenga trayectoria o que sea un recién llegado. Quieren historias magníficas, que los atrapen, que los hagan viajar, emocionarse, sonreír, reír a carcajadas… Son lectores muy exigentes que no dudarán en decirte, siempre con igual franqueza, que les encanta tu libro o que, por el contrario, se han aburrido como morsas. Son también lectores diferentes porque lo que lean ahora ayudará a conformar su identidad como adultos. Lo digo en cada entrevista: yo soy como soy por los libros que leí siendo niño. Si mis lecturas hubieran sido otras, yo no sería exactamente igual.

«Huyo de los libros con moralina pero en ocasiones sí incluyo en mis historias los temas que me preocupan»

«Voy a tratar de inventarme   la mejor historia que pueda, y te la escribiré  de la mejor manera que sepa»

—¿Cómo emprendes cada historia?

—Precisamente así: pensando en que, principalmente, los lectores serán niños. Siempre me repito una frase, dirigiéndome a ese lector imaginario: Voy a tratar de inventarme la mejor historia que pueda, y te la escribiré de la mejor manera que sepa.

—¿Son los niños capaces de comprender problemas actuales? ¿Covid, crisis económica, etc?

—Sin duda alguna. Siempre digo que a los niños se les puede hablar de cualquier cosa, pero no de cualquier manera. Hay que saber presentarles cada tema. Y no hay que olvidar que escribimos para que se diviertan, para que disfruten. Huyo de los libros con moralina, o abiertamente pedagógicos, pero en ocasiones sí incluyo en mis historias los temas que me preocupan, pensando que también les pueden preocupar a los niños y, por tanto, interesarles. Uno de mis libros infantiles más vendidos, Un intruso en mi cuaderno, tiene relación con el cáncer infantil, pero es una historia pretendidamente optimista y esperanzadora. En primavera publicaré, también con Edelvives, Cómo ríen las sirenas, un libro que escribí porque mis hijos comenzaban a preguntarme sobre la muerte y el duelo. En otros aparece la Segunda Guerra Mundial, o el Muro de Berlín, los poblados de África o los pequeños pueblos con casas de adobe y una infancia que era diferente… No sé, son temas en el fondo universales que nos preocupan a todos; también a los niños.

«La literatura infantil es una gran desconocida. Los adultos se están perdiendo historias espectaculares»

—¿Cómo logras que un niño se apasione por la lectura? ¿Cuáles fueron tus primeras lecturas infantiles?

—Unos libros me han funcionado mejor que otros con ellos, lógicamente, pero siempre intento ser honesto y tratar a los niños con la seriedad y el respeto que merecen. Como decía, escribir de la mejor manera que sé, las mejores historias que puedo inventar en ese momento, sin guardarme nada. Y creo que en mis libros me presento sin disfraces, sin artificios: esto me preocupa, esto me apasiona, esto me interesa, y te lo cuento abriéndome a ti, de la forma en la que te corresponde, porque eres un niño, pero abriéndome de verdad. Estoy seguro de que los niños notan eso. En cuanto a mis lecturas, recuerdo especialmente la colección completa de Los Cinco, o la de Los tres investigadores, pero también tengo muy presente que mis padres me leían los cuentos de los Hermanos Grimm.

«Soy como soy por los libros que leí de niño»
Comentarios