viernes 21/1/22

BIOCOMBUSTIBLES DE QUESO Y VINO

INDUSTRIA. Recuperan hidrógeno y metano para generar energía limpia, automatizando la producción
Producción de biogás. marciano pérez

A partir de residuos de las industrias de queso y vino, investigadores del Instituto de Ingeniería (II) de la UNAM, en la Unidad Juriquilla, obtienen hidrógeno y metano, biocombustibles gaseosos útiles para generar electricidad en un proceso limpio.

El investigador Germán Buitrón Méndez encabeza un equipo de académicos que utiliza el mosto o zumo de las uvas y su cáscara, además del suero de la leche resultante de la industrialización del queso, para darles valor agregado.

«El efluente vitivinícola lo recogemos durante la vendimia (de junio a noviembre) entre Tequisquiapan y Ezequiel Montes, zona donde están concentradas las bodegas y viñedos, mientras que el resto del año obtenemos el suero de la leche para trabajar en el laboratorio y generar electricidad con el biogás», resaltó Buitrón.

Ya colectados, los residuos se llevan al laboratorio del Instituto donde se procesan con microorganismos (bacterias y arqueas) en varios reactores y una planta piloto en un proceso en serie.

Los efluentes vitivinícolas vienen con un pH ácido, lo que es ideal para iniciar el proceso en dos etapas: en la primera generamos hidrógeno en condiciones ácidas en un reactor, y ácidos grasos volátiles. El material viene también con etanol, parte de éste se oxida y se forma ácido acético, propiónico, butírico e hidrógeno. Se cosecha el hidrógeno y los ácidos grasos se pasan al reactor productor de metano, en donde la materia orgánica ya está más fácilmente asimilable, explicó Buitrón.

«En la etapa acidogénica, donde producimos hidrógeno, utilizamos bacterias que les gustan pH ácidos, que es como viene el efluente. En el reactor metanogénico están las arqueas, que también son microorganismos y les gusta el pH neutro. En el reactor podemos darles esas condiciones», detalló.

El proceso de los microorganismos trabajando en los reactores está automatizado y controlado con un modelo matemático que sabe alimentar del primer reactor lo que necesita el segundo reactor, con el objetivo de maximizar la producción de metano.

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