sábado. 26.11.2022
La ciudad turca de Ankara vivió ayer importantes disturbios.

Tras una jornada de calma que parecía insinuar un final de las violentas protestas de Turquía por el derribo de un parque en Estambul, la situación se complicó de nuevo por la noche con nuevas cargas policiales, esta vez en Ankara.

Las fuerzas del orden capitalinas intentaron desalojar por la fuerza la céntrica plaza Kizilay, donde se habían concentrado unas 10.000 personas. Inicialmente la policía reprimió con gases lacrimógenos y cañones de agua a cientos de estudiantes que intentaban acercarse a la sede del Gobierno del primer ministro, Recep Tayyip Erdogan. Poco después iniciaron el desalojo de la plaza, que desencadenó una batalla campal entre manifestantes y los agentes de la policía.

En el centro de Ankara hubo numerosos heridos y varios médicos confirmaron que la policía estaba disparando con balas de caucho contra los manifestantes.

Además, la policía disparó gases lacrimógenos contra hospitales y edificios de viviendas en el centro de la ciudad, causando el pánico entre manifestantes y habitantes.

«No podemos quedarnos mirando cuando algunos agresores provocan al pueblo», advirtió el primer ministro en un discurso que distó mucho de la moderación y conciliación pedida el sábado por el presidente de Turquía, Abdullah Gül.

También en Esmirna, la tercera ciudad turca, y en Adana, en el sur de país, se registraron enfrentamientos con la policía.

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