martes. 05.07.2022
Beirut

Un año en ruinas y sin vista al futuro

Doce meses después de la explosión que arrasó Beirut, los libaneses siguen sumidos en una de las mayores crisis desde el siglo XIX
Vista de la ciudad libanesa de Beirut tras las explosiones del puerto. WAEL HAMZEH

«Estaba cubriendo la noticia para el periódico Khaleej Times cuando recibí una llamada diciendo que mi amigo de la infancia estaba atrapado bajo los escombros. Chadi Abou Chakra era sordomudo así que no pudo gritar para que los rescatadores supieran dónde estaba», dijo la periodista francolibanesa Christiane Waked.

La tarde del 4 de agosto de 2020, dos explosiones redujeron gran parte de la ciudad de Beirut a escombros cuando un incendio en el puerto, por donde entra el 60% de los productos de importación del país, alcanzó un almacén que contenía 2.750 toneladas de nitrato de amonio, un componente que, a menudo, se utiliza para la fabricación de explosivos. Más de 200 muertos, 6.500 heridos, 9 desaparecidos y alrededor de 300.000 desplazados fue el saldo que se cobró esta tragedia que, según apuntan los informes oficiales, podría haber sido evitada.

La segunda explosión, la más fuerte y cuya onda expansiva arrasó con todo lo que se encontraba a 20 kilómetros a la redonda, se sintió en los países de alrededor y llegó a escucharse incluso en la isla de Chipre. «Nos están bombardeando los israelíes», escribía hace un año Waked por whatsapp mientras se refugiaba con su madre bajo una mesa. Todo apuntaba a un ataque de Israel contra un supuesto arsenal de la milicia chií, Hezbollah, en el puerto de Beirut. «Desafortunadamente, las últimas sanciones impuestas contra todos aquellos que obstaculizan el futuro incierto del Líbano no son suficientes», aseguró Emmanuel Dupuy, analista geopolítico y fundador del think tank Ipse. «La UE, Francia y los EE UU tendrían que ponerse de acuerdo sobre la designación de Hezbollah como responsable». Sin embargo, tanto Israel como la milicia apoyada por Irán negaron esta versión.

Nitrato de amonio

La mercancía había permanecido 7 años en el puerto con conocimiento de las autoridades

Al día siguiente, el gobierno libanés conformó un comité de investigación liderado por el Primer Ministro, Hassan Diab, y otros miembros del gobierno, todos con responsabilidad legal en cuanto al almacenaje del nitrato de amonio en el puerto. Dos días más tarde, Diab, aseguró que se había tratado de un accidente. En cambio, según AJSP (Association des Juristes de Sciences Po), «autoridades libanesas de aduanas, militares, agencias de seguridad y jueces habían alertado en varias ocasiones de que el nitrato de amonio almacenado en el puerto de Beirut era un polvorín a punto de explotar y, en caso de que eso ocurriera, volaría la ciudad completa».

Las explosiones de Beirut se sumaron a la larga lista de problemas en los que estaba —y sigue estando— sumido el país. Los libaneses salieron a la calle y los hospitales, que ya estaban colapsados por la pandemia, funcionaban por encima de sus capacidades, especialmente cuando el más céntrico fue alcanzado por la onda expansiva. Los servicios de rescate no daban abasto, a pesar de la ayuda internacional, y la población civil se involucró de todas las maneras posibles. El caos se hizo con lo que quedaba de las calles de Beirut y Diab, ahora imputado, decidió adelantar las elecciones. Desde entonces, ya han sido tres los gobiernos que han tomado posesión en el país del cedro.

Sospechosos: Siria y Hezbollah

Además de la poca transparencia del gobierno libanés, los acontecimientos en torno a la investigación de las explosiones han generado una mayor confusión. El asesinato del fotógrafo militar que investigaba las causas del estallido junto a los investigadores internacionales en la zona cero, Joseph Bejjani, llevado a cabo por dos encapuchados frente a su casa se suma a las sospechosas muertes de los coroneles Mounir Abou Rjeily, que había sido el primero en alertar del peligro que suponía la mercancía del puerto, y Joseph Skaf, con el que mantenía una estrecha amistad.

Al mismo tiempo, la investigación del periodista libanés Firas Hatoum encontró vínculos entre la fragata abandonada, en la que había llegado la mercancía, y el régimen sirio. Savaro ltd, la compañía que había adquirido inicialmente el nitrato, compartía dirección postal, en el Reino Unido, con otras empresas vinculadas a tres ciudadanos ruso-sirios a los que EE UU había sancionado por haber apoyado al gobierno de Damasco durante la guerra. Esto levantó sospechas acerca de si el destino real del barco era Beirut en lugar de Mozambique, como constaba de manera oficial.

Tanto Siria como Rusia gozan de una buena relación con Hezbollah, que ya había declarado con anterioridad su intención de hacerse con este material para la fabricación de explosivos que utilizaría en su guerra contra Israel. En 2015, la inteligencia británica había detectado cuatro operativos de la milicia en Londres y 3 toneladas de nitrato de amonio. Alemania informó también de una operación de características similares en su territorio.

Gran parte de los libaneses sospechan que Hezbollah estaba alimentando su arsenal con el nitrato almacenado en el puerto de Beirut o que iría a parar finalmente a territorio sirio. Sin embargo, aún no se ha llegado a ninguna conclusión al respecto y todas las partes parecen querer posponer una investigación seria.

«La nación entera es una víctima»

Sea como sea, después de la tragedia en la que tantos perdieron la vida hace un año, son muchos los que tienen que seguir viviendo con un sentimiento agridulce. Citando al poeta libanés, Jalil Gibrán: «Las colinas de mi país están inmersas en lágrimas y sangre, pues se han ido los míos y mis amados, y yo estoy aquí, viviendo como lo hacía cuando los míos y mis amados disfrutaban de la vida y sus alegrías, y cuando las colinas de mi país estaban benditas y rodeadas por la luz del sol». Sin embargo, nada más lejos de la realidad. «Un miembro del comité de familias de las víctimas me dijo: «Souraya, todos nosotros somos víctimas. La nación libanesa entera es una víctima», recordó la libanesa expatriada Souraya al-Ahmar. «Lo que me dijo fue un duro golpe porque me identifiqué como una víctima y pude dejar ir, por primera vez, mi culpa por haber sobrevivido», continuó. «Hoy más que nunca, ser consciente de que nuestro país es una víctima es muy importante. Así es como seremos capaces de seguir luchando como una nación donde se sirva justicia».

Chadi Abou Chakra entes de la explosión. DL

El Líbano —que lucha contra la escasez de medicamentos, combustible y electricidad con una devaluación de su moneda nacional de más del 90% frente al dólar—, depende hoy de la ayuda internacional. El pasado lunes, Francia anunció que organizaría hoy una conferencia de forma conjunta con la ONU para inyectar 300 millones de euros en la economía libanesa, que es objetivo constante de las potencias regionales para su desestabilización.

Waked concluyó diciendo, con dificultad, que sabía que su amigo Chadi «está ahora en un lugar mucho mejor que el infierno en el que se ha convertido Beirut. Hoy, después de un año, sigue habiendo impunidad y todas las instituciones públicas están fracasando en el Líbano, especialmente el sistema judicial, que nunca ha llevado a los políticos corruptos ante la justicia».

Un año en ruinas y sin vista al futuro