jueves. 30.06.2022

Las calles de Mariúpol constituyen ahora una sucesión de escombros, coches calcinados y camposantos improvisados, como han descrito los residentes que consiguieron huir hasta Zaporiyia.

«No queda ni un solo edificio en pie. Todo son ruinas», describe el joven Vitali, que regresó a la ciudad esta semana para buscar a su abuela, que siempre se negó a marcharse, empeñada defender la casa de los saqueadores.

«En la avenida principal hay una sucesión de tumbas de madera y de cadáveres sin sepultar. Todo lo que me habían contado se ha quedado corto con lo que he visto», relata. «Lo hemos perdido todo», sostiene por su parte Tamara, 56 años y propietaria de una mirada abatida. «Lo teníamos todo en la vida y todo nos lo quitaron», suspira recordando una casa y una ciudad que ya no existen.

«El día que pudimos salir, Mariúpol parecía destruida al 80%. Los cadáveres estaban en todos sitios. Los vecinos nos organizamos para salir en grupos y enterrarlos, pero las explosiones impedían a menudo hacerlo», añade.

Un camposanto en cada calle