viernes 21/1/22
                      Los migrantes, a la intemperie junto a la alambrada entre la frontera de Bielorrusia y Polonia. STRINGER
Los migrantes, a la intemperie junto a la alambrada entre la frontera de Bielorrusia y Polonia. STRINGER

La crisis provocada por Alexánder Lukashenko en la frontera con Polonia ha traído una tregua implícita en el conflicto que Bruselas y Varsovia mantienen desde hace meses por el respeto a la independencia judicial o los derechos de las personas LGTBI. La UE ha cerrado filas con el Gobierno de Mateusz Morawiecki frente a Bielorrusia y la sospechosa connivencia del Kremlin en este conflicto migratorio. Así que si la estrategia de Minsk era erosionar al bloque aprovechando las desavenencias con uno de sus socios, ha fracasado.

A partir de ahí surge una pregunta que no tiene una respuesta clara: ¿Polonia se está acercando a la UE o es esta la que terminará plegándose a algunas de sus exigencias? De momento llegan señales en ambas direcciones.

Las autoridades polacas están viendo que no pueden con la avalancha de migrantes que están atrapados en su línea divisoria y que llegan empujados por las tropas del régimen bielorruso. El endurecimiento de sanciones o las gestiones diplomáticas para intentar taponar vuelos con destino a Minsk para refugiados iraquíes, sirios o yemeníes se escapan de la influencia de Varsovia. Y esa labor la están llevando a cabo las instituciones europeas.

Porque ante este pulso de gran alcance el Ejecutivo de Ursula von der Leyen, como el Consejo Europeo que preside Charles MIchel, no sólo han elevado el tono, también están pisando el acelerador para tomar decisiones más contundentes que permitan terminar con esta «guerra híbrida». Incluso la OTAN no ha dudado en expresar su apoyo, calificando de «inaceptable» la situación.

Polonia (como también los socios bálticos Lituania y Letonia) se encuentran en primera línea. Y lidiando con uno de los asuntos que más divisiones genera en el seno de la UE, la migración. Paradójicamente el problema mas grave lo está sufriendo uno de los países que en 2015 se negó a aceptar refugiados, que ha hecho todo lo posible para cargarse el sistema de ‘cuotas’ y que está gobernado por un partido ultraconservador (el PiS) que se ha servido del fenómeno para sacar rédito electoral.

Durante meses y ante el ‘golpe bielorruso’, Polonia se ha negado a contar con más ayuda europea que la de la chequera (para financiar muros y alambradas). Y sí exigía más sanciones al tiempo que asumía que le convenía la acción diplomática del bloque. Pero el jueves daba un paso más. Solicitaba formalmente la asistencia de agentes del Centro sobre Tráfico de Migrantes de Europol (EMSC, por sus siglas en inglés).

La de guardacostas y fronteras de la UE (Frontex) está también dispuesta a desplegarse en la zona, pero de momento Polonia no la ha requerido.

Porque implicaría un mayor nivel de control por parte de la Comisión Europea. Y eso vende mal en casa. Además pondría en cuestión al menos una parte de su tesis. Lo que está sufriendo el país y que «amenaza a la estabilidad y la seguridad» de toda la UE (como viene reiterando Morawiecki) es un «acto de guerra» de Bielorrusia no una crisis humanitaria.

En consecuencia, las autoridades polacas siguen bloqueando a las ONG, a los periodistas y resuelven con devoluciones en caliente.

Varsovia ha conseguido de la UE algo que hace apenas dos semanas pareció quedar zanjado. Reabrir el debate sobre la chequera mencionada.

Von der Leyen le dijo a finales de octubre que no que había dejado «muy claro» (a Polonia, pero también a Austria, Bulgaria, Chipre, República Checa, Dinamarca, Estonia, Grecia, Hungría, Lituania, Letonia y Eslovaquia) «que existe una posición común de la Comisión y el Parlamento Europeo de que no habrá financiación para muros ni alambres con púas».

Pero Michel matizó (y mucho) ese mensaje esta misma semana en una comparecencia conjunta con Morawiecki desde la capital polaca. El presidente del Consejo Europeo dijo: «La financiación europea de infraestructuras físicas para proteger las fronteras está respaldada por el servicio legal del Consejo, es legalmente posible según el marco legal actual». Así que punto para Polonia. La cuestión es si el acercamiento quedará ahí.

La crisis de Bielorrusia aplaza el conflicto entre Polonia y la UE