viernes. 02.12.2022

Europa aguanta la respiración tras el triunfo de la extrema derecha italiana

La alegría de los dirigentes euroescépticos confirma la amenaza de que el bloque extremista se extienda en la UE
                      Giorgia Meolini, ayer, tras el triunfo de su partido Hermanos de Italia. ETTORE FERRARI
Giorgia Meolini, ayer, tras el triunfo de su partido Hermanos de Italia. ETTORE FERRARI

La victoria de la ultraderecha en Italia no ha dejado indiferente a nadie en Europa. Diferentes partidos y líderes políticos acogieron este lunes el triunfo de Giorgia Meloni con reacciones que variaron entre la resignación de Bruselas y la euforia entre las formaciones de extrema derecha a lo largo del Viejo Continente.

Unión Europea

El resultado de las elecciones italianas deja a la Unión Europea (UE) en una situación delicada; más cerca de la fragmentación que de la unión que defiende Bruselas. La Comisión Europea evitó valorar el resultado de las elecciones del país y se limitó a asegurar que espera tener una «cooperación constructiva» con el próximo gobierno italiano. De convertirse en un socio incómodo, como ya lo son Polonia y Hungría -en manos de Gobiernos ultraconservadores-, Ursula von der Leyen advirtió que la UE cuenta con las herramientas necesarias para disuadir a los Estados miembro de aplicar políticas contrarias a los ideales europeos. Bruselas ya ha utilizado esos mecanismos con Hungría, con el bloqueo de 7.500 millones de fondos europeos al país.

Francia

Para Marine Le Pen y Éric Zemmour, líderes de la extrema derecha francesa, la victoria de Meloni es prueba de que «llegar al poder es posible» para un partido patriota y soberanista. «Bravo a Giorgia Meloni y a Matteo Salvini por haber resistido las amenazas de una UE antidemocrática y arrogante», escribió en Twitter Marine Le Pen, líder de Reagrupación Nacional (ex Frente Nacional), más cercana a Salvini que a Meloni. «¿Cómo no mirar esta victoria como la prueba de que sí, llegar al poder es posible?», se preguntó por su parte, el ultra Éric Zemmour. El fundador del partido Reconquista aplaudió la victoria de Meloni y del pueblo italiano, «un pueblo orgulloso y libre que se resiste a morir». Zemmour considera que el «cemento» que explica las recientes victorias de sus aliados ideológicos en Suecia y en Italia es «claramente, la cuestión identitaria».

Polonia

Con un simple «Congratulations», en inglés, felicitó a Meloni el primer ministro de Polonia, Mateusz Morawiecki. Su ultranacionalista coalición gubernamental Ley y Justicia (PiS), ve en el triunfo de la candidata italiana una extensión de su bloque, ahora en un país fundador de la Unión Europea (UE).

Hungría

El primer ministro, Viktor Orbán, felicitó a Meloni con un escueto mensaje en sus redes sociales por su «más que merecida». Poco después, volvió a cargar contra los «burócratas» de Bruselas por las sanciones contra Rusia y señaló, en referencia al triunfo de Meloni, que «no es de extrañar que gente enfadada esté reemplazando uno a uno a los líderes prosanciones de Europa», agregando la expresión «avanti ragazzi» (adelante, muchachos).

Suecia

Los Demócratas de Suecia (SD), el partido ultraderechista que se erigió en vencedor moral de las elecciones del país nórdico, optaron por la discreción. El SD fue la fuerza más votada del vencedor bloque derechista en los comicios generales del 11 de septiembre, solo aventajada en voto por los socialdemócratas. Sin embargo, no se plantea que su líder, Jimmie Akesson, pueda convertirse en primer ministro. Quien recibió el encargo de formar gobierno fue el moderado Ulf Kristersson, quien pese a quedar tercero negocia con centristas y liberales una nueva alianza. Precisa el apoyo de SD, aunque seguramente como aliado externo. En Suecia no se rechaza ya de plano la colaboración con los ultras. Pero a cierta distancia.

Alemania

«Pese a las advertencias antidemocráticas de la presidenta de la CE, los italianos, como los suecos, han optado por un cambio de política», escribieron los dos copresidentes de Alternativa para Alemania (AfD), Alice Weidel y Tino Chrupalla. AfD no está en una posición de fortaleza. Las tensiones internas entre su ala radical y los llamados moderados la han debilitado. y sigue excluida como socio o aliado externo.

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