viernes 30/10/20

El holocausto del chavismo

La crisis venezolana pone al borde del colapso la frontera con Colombia
Decenas de miles de mujeres y niños venezolanos deambulan sin protección. MARIO CARCEIDO

La crisis de Venezuela, agravada por la escasez de gasolina, tiene al borde del colapso humanitario el principal paso fronterizo con Colombia donde a diario se mezclan miles de personas que quieren salir de la nación caribeña con los que buscan regresar empujados por la pobreza y la pandemia de la covid-19.

El ir y venir de venezolanos de distintas edades, entre ellos numerosos niños, es una constante en La Parada, el caserío del lado colombiano donde comienza el puente internacional Simón Bolívar, principal paso fronterizo entre los dos países, de nuevo convertido en un hervidero de gente pese a que está cerrado desde hace meses.

El cruce de venezolanos hacia Colombia, que al comienzo de la cuarentena por el coronavirus disminuyó notablemente, aumentó en las últimas semanas por las trochas y pone en aprietos a las autoridades y organismos humanitarios que multiplican sus esfuerzos en La Parada, en las afueras de Cúcuta, ciudad de referencia en la zona, para tratar de atenderlos a todos y evitar que la multitud acabe propagando la pandemia. «Estamos registrando ya un retorno importante de migrantes desde Venezuela hacia el interior de Colombia y hemos empezado unas medidas especiales que tienen que ver con desincentivar el paso por los pasos irregulares, por las trochas», dijo a Efe el secretario de Fronteras y Cooperación Internacional de Norte de Santander, Víctor Bautista.

HUIR DE LA MISERIA

Entre los recién llegados están María Carvajal y su familia, quienes recorrieron más de 730 kilómetros desde Maracay, en el estado de Aragua, hasta San Cristóbal, en el estado del Táchira, fronterizo con Colombia, con la esperanza de poder comenzar de nuevo. «Duramos cuatro días para poder llegar aquí con toda mi familia», dice la mujer a Efe y explica que entre ellos hay seis niños que soportaron largas caminatas.

Según relata, a veces tenían suerte y conductores de vehículos «nos daban la cola (autostop), nos ayudaban un ratico, pero llegó un momento en que duramos 13 horas caminando».

Entre las pocas pertenencias que llevan María y sus familiares hay «algunos instrumentos para arreglar cabello» y así ganar algo para comer porque a pesar de las dificultades, a Venezuela no piensan regresar.

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