sábado. 25.06.2022

Con cerca de medio millón de habitantes, Transnistria se encuentra en una especie de limbo. No tiene reconocimiento jurídico. Ni siquiera de Rusia. Es una especie de Estado fantasma que, en la práctica, funciona como si fuese un Estado independiente. Aunque no del todo: en este territorio hay desplegados al menos dos mil soldados rusos en diversas bases militares.

También cuenta con un ingente arsenal de armas que posee desde el final de la Guerra Fría. Algunos expertos moldavos dicen que una explosión aquí sería equivalente a una bomba nuclear. Pero lo cierto es que solo sus dirigentes y Rusia saben cuántas armas hay guardadas y en qué estado están. En Transnistria no hay transparencia. Funciona sin aplicar ningún tipo de ley o de reglamento internacional. Aquí se han denunciado casos de tráfico de armas nucleares y de trata de seres humanos.

Un Estado fantasma en la Europa del siglo XXI que es el paraíso del crimen organizado. Armados en el karaoke Transnistria se declaró independiente de Moldavia a principios de los 90. Lo hizo en pleno proceso de desintegración de la Unión Soviética. La mayoría del país, de habla rumana, deseaba separarse de la antigua URSS. La élite, de mayoría rusoparlante, se negaba y se produjo una breve guerra civil que dejó cientos de muertos.

En 1992 se declaró un alto el fuego que se respeta hasta hoy. Fue entonces cuando llegaron las tropas rusas. Sobre el papel, eran ‘fuerzas de paz’, destinadas a garantizar la seguridad de miles de toneladas de armas que se guardan en Kolbasna. La realidad es que, tres décadas después, a pesar de los llamamientos internacionales para que abandone el país e inutilice las armas, Rusia jamás ha querido irse de Transnistria ni deshacerse por completo del arsenal. «Para nosotros el gas que viene de Rusia es gratis. Para Putin se trata de un enclave estratégico en Europa. Jamás va a renunciar a él», explica Slavic. Hasta que Rusia invadió Ucrania, Transnistria era observada como una especie de anomalía dentro de Europa.

Una amenaza real

Para muchos, era un conflicto interno de Moldavia, que jamás ha reconocido su soberanía. Pero la guerra lo ha cambiado todo. Ahora es percibida como una amenaza real. Sobre todo, en Ucrania y en Moldavia. En la cercana Odesa temen que los soldados desplegados aquí puedan sumarse a un posible ataque para hacerse con la joya del mar Negro. En Moldavia sospechan que Putin puede ver en Transnistria el espejo del Dombás. Es decir, una «excusa» para atacar el país con el pretexto de que quiere proteger a los prorrusos que viven en la zona. El mundo mira con inquietud a Transnistria, que ha reaccionado encerrándose todavía más en sí misma.

Para los periodistas occidentales nunca ha sido fácil acceder. Ahora rechazan o no contestan a las solicitudes. Un escenario propicio para las mafias y los estafadores que piden 400 euros por cruzar la frontera sin acreditación. Lo curioso es que dentro de este núcleo la vida sigue igual para la gente corriente de uno de los países más pobres de Europa. Pero los jóvenes observan con distancia la nostalgia soviética que lo impregna todo...

Rusia tiene en Transnistria, región separatista de Moldavia, dos mil soldados y un gran...
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