domingo. 03.07.2022

Los separatistas prorrusos condenan a muerte a los brigadistas extranjeros

Londres rechaza el juicio «falso sin garantías», mientras Zelenski compara la pandemia del covid con la invasión rusa
                      Policías y rescatistas ucranianos inspeccionan los escombros tras un bombardeo en Kharkiv. SERGEY KOZLOV
Policías y rescatistas ucranianos inspeccionan los escombros tras un bombardeo en Kharkiv. SERGEY KOZLOV

La Justicia prorrusa de la autoproclamada república de Donetsk condenó ayer a pena de muerte a tres combatientes extranjeros —dos británicos y un marroquí— por luchar en la guerra en favor de Ucrania.

El juicio comenzó el lunes para Sean Piner, Aiden Aslin y Sadun Brahim, capturados por las tropas del Kremlin. Los tres reconocieron el miércoles parte de los delitos que se les atribuían, entre los que se cuenta la toma forzosa del poder y actuar como «mercenarios» en el conflicto bélico. Una vez analizada «la totalidad de las pruebas», el Tribunal Supremo probó la culpabilidad de los acusados y determinó que deberán ser «condenados a muerte», según la agencia rusa TASS.

Londres rechazó la condena. La ministra británica de Asuntos Exteriores, Liz Truss, denunció que el veredicto se ha dado en el marco de un juicio «falso, sin absolutamente ninguna garantía». El Gobierno de Boris Johnson recordó que los prisioneros de guerra no deben ser procesados por participar en las hostilidades. «Continuaremos trabajando con las autoridades ucranianas para tratar de asegurar la liberación de cualquier ciudadano británico que haya estado sirviendo en las Fuerzas Armadas ucranianas», manifestaron desde Downing Street.

Casi 7.000 voluntarios extranjeros de más de 60 países se sumaron a las filas de Kiev. De ellos, mantiene Moscú, poco más de mil fueron apresados, mientras que cerca de 400 estuvieron atrapados en la planta siderúrgica de Azovstal durante el asedio a Mariúpol.

Este veredicto es sólo una muestra más de la «pandemia» rusa, tal y como resaltó este jueves el presidente ucraniano, Volodímir Zelenski. «Las armas y sanciones son una vacuna frente a la enfermedad que ha traído Moscú. El virus se llama odio y es más mortífero que la covid-19», señaló antes de referirse a la guerra como el «Covid-22». Este patógeno, continuó, se propaga por medio de «la propagan rusa, la impunidad de los asesinos, la permanencia del petróleo ruso en el mercado global y el movimiento de su dinero manchado de sangre dentro de los sistemas financieros universales».

«¿Cuando el odio llame a tu puerta, estarás preparado? ¿Puede una mascarilla protegerte del Covid-22 ruso? ¿Por qué es tan difícil lograr garantías suficientes?», señaló el mandatario en su cuenta de Telegram, al tiempo que recordaba los más de 2.600 misiles que ha lanzado Vladímir Putin en territorio ucraniano, la mayoría contra objetivos civiles. El Ejército de Kiev libra ahora una de las batallas «más difíciles» en Severodonetsk, por lo que volvió a pedir armas pesadas a Occidente para retomar el control de la urbe en «dos o tres» días.

Durante la invasión han fallecido 283 niños y «mientras nosotros tratamos de proteger la libertad, otra persona sigue chantajeando al mundo con pasar hambre», advirtió Zelenski sobre la problemática de la exportación de grano.

La delicada situación puede derivar en una «crisis alimentaria global», lo que podría conllevar «una escasez de productos en decenas de países y millones de personas podrían morir de hambre si Rusia sigue bloqueando el tráfico en el mar Negro», declaró.

La actitud del Kremlin también genera más conflictos en otros ámbitos. La última polémica surgió a raíz de la propuesta presentada por Yevgeni Fiodorov, presidente del Comité de Asuntos Económicos de la Duma rusa, en la que instaba a cancelar una resolución del Consejo de Estados de la Unión Soviética que data de 1991 en la que se reconoció la independencia de Lituania. Fiodorov arguyó que aquel fallo fue «ilegal» pues no se celebró un referéndum.

La propuesta causó indignación en Lituania. «Sólo un Estado gobernado por bestias podría iniciar una guerra similar a la iniciada por Rusia. No me sorprende que en la política no se comporten según los estándares humanos y debemos responder en consecuencia», bramó su ministro de Asuntos Exteriores, Gabrielius Landsbergis, quien advirtió que el país está preparado para «defendernos a nosotros mismos y a nuestros socios por medios políticos, diplomáticos o de otro tipo».

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