martes. 29.11.2022

La tensión racial vuelve a EE UU por la cacería a tiros de un joven

Tres hombres blancos persiguieron rifle en mano a un corredor afroamericano aficionado
Un manifestante lleva una mascarilla y una camiseta con el rostro de Ahmaud Arbery.

Hasta la semana pasada Ahmaud Arbery no era más que otra víctima enterrada en los archivos policiales de la Georgia profunda, donde las autoridades de un condado plagado de acusaciones de nepotismo y tráfico de influencias no hacían ningún esfuerzo para esclarecer su muerte. Desde que un vídeo mostrase esta semana el momento en el que dos hombres blancos armados con rifles lo seguían por una carretera para darle caza, su nombre ha pasado al panteón de Black Lives Matter.

Ahmaud Arbery es ahora el nuevo Trayvon Martin, el nuevo Michael Brown o tantos otros afroamericanos que han perdido la vida en el curso de la vida cotidiana, sin imaginarse que en la mente de un blanco armado eran sospechosos de algún delito.

Martin, de 17 años, volvía de comprar caramelos. Brown, de 18 años, cigarrillos. Arbery, de 25, hacía jogging, como todos los días. Un expolicía y su hijo decidieron que era sospechoso de supuestos robos que se estaban cometiendo en el barrio, aunque los archivos policiales revelan que en los dos meses previos sólo se había producido un robo en la guantera de un coche. Nadie se molestó en investigar esa excusa hasta que el Bureau de Investigaciones de Georgia tomó cartas en el asunto, una vez que el vídeo difundido por una cadena de televisión local se hizo viral.

En apenas 36 horas, Gregory McMichael, un expolicía de 64 años, y su hijo Travis, de 34, habían sido detenidos como sospechosos de asesinato. Al parecer McMichael nunca dejó atrás el oficio y su hijo se sentía protegido por la placa y los contactos del padre.

«Parece que su intención era detener al sospechoso de un crimen y aguantarlo hasta que llegaran las fuerzas del orden y eso, de acuerdo a las leyes de Georgia, es perfectamente legal», concluyó el fiscal del distrito George Barnhill.

La muerte de Arbery se produjo el 23 de febrero en Brunswick (Georgia), a tres kilómetros de su casa. Un hombre que conducía detrás del coche de los McMichael grabó el vídeo de 34 segundos con toda tranquilidad y se detuvo mientras Travis forcejeaba con Arbery. Se oyeron disparos. Arbery retrocedió ensangrentado y cayó al suelo.

En estos dos meses varios investigadores han tenido que retirarse del caso al denunciar la familia conflicto de intereses. Todavía el caso irá ante un gran jurado, que decidirá la presentación de cargos, no sólo contra los McMichael sino contra William Bryan, el hombre que filmó el vídeo y que, al parecer, participaba en la cacería.

Arbery se resistió. Los McMichael dicen que no respondió a la orden de detenerse e incluso se enfrentó a ellos cuando trataron de capturarle. Su argumento es que en el forcejeo se disparó el rifle. Sólo que en el vídeo se oyen claramente tres disparos, lo que a juicio del barrio incendiado por ese testimonio gráfico prueba la intención de matarle.

Ni la distancia social del coronavirus ha impedido que los afroamericanos vuelvan a las calles para reclamar justicia para otra vida inexplicablemente truncada.

Arbery hubiera cumplido esta semana 26 años. «Si quieren perseguirnos como perros se encontrarán con cien de nosotros», les desafió uno de los manifestantes.

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