viernes. 02.12.2022

El entierro del plan del desvío de tráfico pesado de la N-120 a la autopista León-Astorga, del que no se sabe nada desde que la moción de censura sacó en 2018 del Gobierno al PP, le da una connotación más aguda a la presión tarifaria que sufre la AP-71. La estampa de la carretera nacional atestada de tráfico mientras la circulación ralea en los cuatro carriles de la autopista de peaje es una de las paradojas a la que se somete la estructura de tráfico en la provincia leonesa. Con el gobierno censurado quedó todo escrito; el cuerdo con la Junta, que se disponía a costear una parte relevante del coste del desvío del tráfico de transporte (que iba a bonificar hasta el 75% del total del peaje), los acuerdos con las concesionaria de la autopista, la negociación con los transportistas, que no estaban dispuestos a que la operación incrementara los costes del desvío. Cuatro años después de aquel plan, la N-120 vive saturada; la autopista, rompe techos de holgura.

Cuatro años del plan fallido para aligerar la N-120 con la AP-71
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