jueves 20.02.2020
Infraestructuras

El apagón en la LE-30 agrava el déficit estructural de la circunvalación de León

La falta de iluminación se extiende por todo el trazado de la ronda y alcanza a las farolas renovadas hace dos meses
Imagen de la LE-30. RAMIRO
Imagen de la LE-30. RAMIRO

La iluminación nocturna en la ronda Sur desaparece de la memoria de los leoneses; no hay constancia de la última vez que las farolas de la segunda vía de circunvalación más importante de la ciudad funcionaron con regularidad; que las luminarias dieron luz al firme, una lengua oscura que conecta las arterias con más carga de tráfico a la ciudad. A oscuras desde el ocaso hasta el amanecer, como cualquier otra vía interurbana. No es el caso de la LE-30, ejemplo del abandono estructural que padece León, que refleja un pasillo tenebroso desde hace casi ocho años. Porque el apagón viene de lejos. Y se ha cronificado en el tiempo, sin solución a posibles adversidades, incidencias y problemas sobrevenidos, que no parecen suficiente motivo para explicar que las farolas no se enciendan cada noche.

La última vez en la que hay constancia de iluminación regular de esta arteria de la circunvalación sur de León se localiza en torno al año 2012; justo, antes de que la fiebre de robos que asoló aquellos años los tendidos y las estructuras públicas diera con el cableado que acordonaba el entorno y apagara la luz. Desaparecieron más de cien kilómetros de cables que conectaban los puntos de iluminación, los dispositivos de encendido, cualquier material eléctrico que tuviera valor en el mercado negro.

La sustracción se completó por tramos, hasta inutilizar toda la hilera de farolas que acordona la primera fase de la ronda sur; esos primeros cuatro kilómetros que conectan desde 2002 el nudo del Portillo al ramal de la N-630, en la travesía de Trobajo del Cerecedo. Los daños evaluados se acercaron al millón de euros.

Los problemas de iluminación de la ronda Sur se suceden desde hace 8 años, sin solución

En la segunda fase, que entró en servicio en 2007, se evitaron la mitad de esos problemas. Sólo se colocaron farolas en los tramos de intersección; con el polígono de Villacedré; con los ramales al polígono de Trobajo del Camino; con los enlaces finales a la autovía A-66 y a la autopista de Astorga. Las luminarias diseminadas por estos trechos presentan defectos y deterioro de tal calibre que hacen imposible que funcione el sistema de encendido.

Al otro punto de la vía de circunvalación, en el entronque con la A-60 y el scalextric del Portillo, se replica la misma escena de fondo oscuro sobre la ciudad de León, aunque se deba a causas bien distintas que aún no tienen solución. Porque la integridad de las farolas está intacta; y los puntos de luz, renovados en ese plan de recambio de bombillas y carcasas que lleva a cabo el Ayuntamiento de León desde el pasado otoño, para hacer más eficiente el sistema de iluminación nocturna de la ciudad. Pero en esos enganches, tampoco se enciende la luz. Y así se inicia un hilo oscuro entre las balizas de la circunvalación, que se extiende por la mayor parte del trazado del vial, y empobrece de forma notable la imagen de la capital leonesa, la vista nocturna, por la puerta más amplia entre las que recibe y despide la ciudad.

Hay una historia conocida en el apagón eterno de la ronda Sur; un amago de pleito entre la autoridad municipal y el gobierno central sobre a cuál de las dos administraciones le correspondía encender las lámparas y correr con la factura. Se resolvió el pulso antes del contencioso, porque el Ayuntamiento de León dispuso en 2013 de una partido de más de doscientos mil euros para dotar a la red de iluminación. Luego, la apetencia por el cobre y otros metales hizo de este lineal un foco continuo de robos y saqueos. La luz no volvió a ser fluida. Y así, ocho años ya. Ocho años a oscuras.

El apagón en la LE-30 agrava el déficit estructural de la circunvalación de León