miércoles 01.04.2020
Los talleres, diezmados

El desvío de las locomotoras 251 a Madrid pone al límite al taller ferroviario de León

La máquinas llevan vinculadas al nodo leonés desde los años 70 y tienen asignada una contrata para el mantenimiento

León tiene una historia novelesca con las locomotoras 251; fue su casa, su destino, su base, la solución mecánica cuando necesitaron de mantenimiento. Hasta ahora. Las legendarias japonesas, que arrastraron el florecimiento económico que recorrió el noroeste del país, van a salir de la ciudad; y con ellas, el penúltimo vínculo de actividad que les quedaba a los talleres ferroviarios de León, diezmados de forma sonrojante en las últimas décadas, hasta dejarlos expuestos a la incertidumbre más absoluta.

Vaciar de contenido los talleres es el primer escalón de la escalera que acentúa la pérdida de efectivos en la plantilla; en los últimos años, el volumen se redujo del centenar a poco más de tres decenas. Los trabajadores conocen la decisión de trasladar la 251 a los talleres de Villaverde, en Madrid, y a la par, promesas dispersas que no equilibran en absoluto la pérdida, ni compensan la resta laboral. Los talleres ferroviarios de León sostienen una contrata de trabajadores vinculada de forma casi permanente al mantenimiento mecánico y revisión de la 251; una locomotora que conocen en los centros leoneses con la solvencia que corresponde a los operarios que han completado reformas íntegras de las máquinas.

Polo ferroviario
El descuento de la carga de trabajo de los talleres reduce la plantilla por debajo de 40 efectivos

La 251 era una de las tres líneas prioritarias de reparación asignadas a los talleres leoneses, junto con los modelos 449 y la 269; todas, sin excepción, material en periodo de retirada y en desuso, procedente del acopio rodante de décadas anteriores de la actividad ferroviaria, de un tiempo pasado que no marca el futuro y la tendencia del sector.

Todo el vínculo de la 251 con León tiene un sentido alegórico; el parque de estas locomotoras llegó a alcanzar la treintena de unidades, y desde su adquisición tuvo una referencia geográfica apegada a León; por su aportación en el movimiento de mercancías, por su potencia y prestaciones para mover convoyes, y la desenvoltura y eficiencia en las vías desplegadas en la orografía propia de esta zona; de las rampa de Brañuelas y el Manzanal, en la vía de Ponferrada y Vigo y La Coruña; en la rampa de Pajares, por las conexiones extremas que exige el paso de la Cordillera entre León y Asturias. La mayor parte de estas locomotoras estaban localizadas en torno a las bases de reparación de Lugo de Llanera (en el Principado) y en León, que va a perder la asignación en favor de la centralidad de los talleres madrileños de Villaverde.

La centralidad de la operación parece un argumento escaso frente a la holgura que aportaba a la actividad del taller de León, atenazado desde hace años por la falta de inversión y las perspectivas de recorte continuos que no permiten atisbar la llegada de nuevas líneas de trabajo.

Por eso, la reducción de dos tercios de la plantilla en los últimos años; por eso, aquellos centros de trabajo que fueron exponente hace tres décadas del polo del ferrocarril de León no son más que el primer ejemplo de su deterioro.

Para compensar la salida de la 251, a los trabajadores les han prometido la llegada de algún modelo de las máquinas 252; una aportación reducida frente a la pérdida de las «japonesas», que podría cubrirse desde ahora con el refuerzo de media docena de empleados.

El desvío de las locomotoras 251 a Madrid pone al límite al taller ferroviario de León