miércoles 21.08.2019

Escolares por encima de 147

Nace la Asociación Leonesa de Altas Capacidades, un grupo de padres y madres que reclaman un modelo educativo que identifique a los alumnos y evite el fracaso escolar.
Escolares por encima de 147

«Me siento mal cuando en el colegio saco un 8 en el examen y los profesores me dicen que no es suficiente, que tengo que sacar un 10. Siempre me exigen un sobresaliente y yo no quiero que me traten de manera diferente porque no siempre voy a sacar la máxima nota». Yarei García Lara tiene 13 años. Es uno del 15% de los menores leoneses con una alta capacidad intelectual. Una prueba realizada por el equipo educativo del Colegio San Claudio le destapó un cociente intelectual de 147. Una media alta es 100. Einstein, por ejemplo, tenía 160.

Un grupo de padres y madres se han asociado para dar apoyo e información a las familias de escolares con altas capacidades intelectuales. El objetivo de las Asociación Leonesa de Altas Capacidades (ALAC) es unificar a la mayoría de las familias para trabajar conjuntamente y lograr que el modelo educativo identifique cuanto antes a los menores y se les ofrezca un sistema de trabajo que les evite frustraciones y fracaso escolar.

Yarei exteriorizó los primeros síntomas de que algo no funcionaba bien en su vida cuando estudiaba cuarto de Primaria. «Creí que estaba deprimido», asegura su madre, Estelita Lara. «Sólo le interesaba el fútbol», explica.

Yarei tiene otro hermano, Enol. de 9 años, también diagnosticado como un niño con altas capacidades. Su cociente intelectual es 146. En las aulas de Educación Infantil destacaba sobre los demás. «Siempre levantaba la mano para responder a las preguntas que hacía la profesora, pero ella me decía que la bajara que ya sabía que yo tenía la respuesta, eso me causaba tristeza», recuerda. «Me hicieron pruebas de formación de figuras, cálculo mental, manejo del lenguaje y dibujo». El resultado estaba claro.

La tranquilidad de las familias ante el diagnóstico — «ya sabíamos qué era lo que pasaba»— se convirtió en «una responsabilidad».

Víctor Martínez es el padre de Sofía y David, también diagnosticados con altas capacidades. «David comenzó a hablar y a leer muy pronto. Tenía muchas habilidades con las matemáticas». Tuvo suerte. Su profesora detectó que sobresalía por encima de los demás y en segundo de Primaria le hicieron el test que destapó un 148 de cociente intelectual. Ahora está en quinto, pero sus padres le han ocultado su diagnóstico. «Se siento listo y seguro, no notamos que tenga ningún cambio de comportamiento así que esperaremos algo más a decírselo». Víctor sabe que su hijo aprende de manera diferente y por eso reivindica un apoyo en sus estudios. «Necesitan que se les potencie no que se les frene». Y es que, en la mayoría de los casos, los escolares con altas capacidades se aburren en clase a base de escuchar tantas repeticiones, pero necesitan avanzar. Yarei lo define con una frase: «Tenemos más capacidad para aprender pero no lo sabemos todo».

Y esa capacidad para aprender y avanzar por encima de la media de la clase es lo que llevó a los profesores de Samuel a adelantarlo un curso.

Un curso por delante

Samuel tiene 7 años y estudia en el colegio Camino del Norte. Es el único diagnosticado en el centro. Tiene un cociente intelectual de 148. «El año pasado hacía primero de Primaria y lo han adelantado un curso. Se aburría», cuenta su madre, Adriana Lago. «La tutora de su clase me decía que molestaba al resto de los alumnos» y por eso decidieron adelantarlo un curso. «Sigue sacando notables». Pese a todo su madre insiste, «no sé como saca buenas notas si no mira el libro». Y es que estos alumnos asimilan a mayor velocidad todo lo que se explica en clase.

El secretario de la asociación, Pablo Nuñez, padre de Víctor, también con altas capacidaes, anima a las familias a que se integren en la asociación. «Nuestro interés es informar a los padres que estén preocupados, a los profesores y a toda la comunidad educativa».

Comentarios como «este niño es muy maduro para su edad», «no vale», «es un vago», «molesta en clase», «es rebelde» o «se aburre» pueden describir a un menor con altas capacidades.

Escolares por encima de 147