lunes. 06.02.2023

De la falda leonesa de Pajares a la cima de ‘Forbes’

Amancio Ortega vino al mundo en 1936 en Busdongo, 79 años después logró con su imperio textil coronar durante cinco horas la cúspide de los más ricos del planeta.
El magnate Amancio Ortega el día de la boda de su hija Marta en marzo de 2012.

Trescientos minutos como el hombre más rico del mundo, justo las cinco horas antes de la apertura de la Bolsa de Wall Street al otro lado del Atlántico, momento en que el eterno número uno del ránking de los que atesoran las fortunas más descomunales del planeta, Bill Gates (propietario de la todopoderosa Microsoft), consiguiera reconquistar la cima de una nómina atestiguada al segundo por la revista Forbes. El viernes 23 de octubre de 2015 quedará grabado en la exitosa trayectoria de Amancio Ortega, fundador y dueño del imperio Inditex, como el día en que alcanzó los 79.600 millones de dólares (cerca de 71.000 millones de euros), tras lograr su grupo en el parqué bursátil una capitalización de 105.202 millones. Un hito que corona, por ahora, la carrera empresarial del prototipo de hombre hecho a sí mismo.

Pero la vida de ‘Cholo’, apelativo familiar que su hermano acuñó para el benjamín de los Ortega Gaona, no ha sido siempre un camino de vino y rosas. La historia del que el viernes fue el hombre más rico del mundo comenzó en León. Vino al mundo en la falda leonesa de Pajares, en Busdongo, donde su familia había llegado en enero de 1935 con el traslado de su padre a la estación de tren de esta localidad como montador de enclavamientos de la compañía Caminos de Hierro de España, germen de Renfe. Allí, el 28 de marzo de 1936, nació Amancio, el pequeño de cuatro hermanos. En el registro civil del Ayuntamiento de Villamanín aún se conserva su partida de nacimiento y, salvo vagos testimonios de ancianos del lugar y una casa en ruinas, la huella del año y medio que el pequeño vivió en la provincia se diluye. A muchos de sus paisanos en Busdongo, les encantaría que tuviera algún día algún gesto con su localidad natal, como por ejemplo, la instalación de una fábrica auxiliar para su imperio textil.


Ortega antes de cumplir 50 años.

Imagen de su padre en una reunión de ferroviarios

Un anhelo que recoge en su biografía Amancio Ortega. De cero a Zara uno de sus autores, el coruñés Xabier R. Blanco. Fue el primero que logró acercarse a la hermética y enigmática figura del fundador de Inditex, un hombre del que apenas existían imágenes y que iba camino de convertirse en una leyenda urbana, incluso, recuerda, había quien cuestionaba su existencia. «Todo cambió cuando su compañía salió a Bolsa, a partir de ese momento su proyección pública fue en aumento». En una pequeña entrevista informal, el periodista gallego logró mantener en 2010 una afable charla con Ortega que cristalizó en un titular reproducido por toda la prensa nacional. «Voy a seguir trabajando hasta el final», le comentó. Su biógrafo explica que esa frase logró que el valor de sus acciones se disparara.

Y es que las dimensiones de su imperio comenzaron a ser estratosféricas a partir de la salida a Bolsa (en mayo de 1991) de un conglomerado textil que en estos momentos cuenta con 6.859 tiendas en 88 países y emplea a 141.000 personas.

«Amancio Ortega es el perfil del hombre hecho a sí mismo. Todos han nacido del hambre, no de los clubs de campo o de los acomodadas calles del centro de las ciudades», remarca Xabier. Destaca, del ahora segundo magnate más rico del planeta en la lista Forbes, su «visión pragmática de la vida, su realismo y su inteligencia natural». Sin estudios, como constata en su biografía el periodista coruñés, Amancio Ortega «logra construir un imperio gracias a su olfato por las cosas elementales y a su capacidad para exprimir al máximo lo mejor de las personas de las que se rodea».

En el cara a cara, enfatiza Xabier, el fundador de Inditex es «afable y cariñoso; sabe escuchar; quedé sorprendido por su normalidad y sencillez». Esta vida lejos del boato y los grandes clubes de empresarios y banqueros puede observarse cada día en la central mundial de su conglomerado en el polígono de Arteixo, donde es frecuente verle en el comedor con el resto de sus trabajadores o recorriendo cualquier rincón de los 400.000 metros cuadrados de un complejo con 3.500 empleados.

«Donde pasa más horas es en diseño de mujer y en el área de apertura de tiendas», cuenta su biógrafo, a quien Ortega confesó que le encanta «estar al pie del cañón». Tanto que se involucra en decisiones cuyos planteamientos iniciales se va encontrando por el camino. «Un día en la zona donde se diseña sobre un espacio real cómo serán las tiendas de cualquiera de sus marcas vio que los creadores no se decidían entre dos tipos de suelo. Quisieron saber su opinión y preguntó que cuál de ellos se limpiaba mejor y ese fue el elegido. Demuestra siempre un gran pragmatismo».

Apuesta por la sencillez, quiere que sus empleados no se pierdan en vericuetos complejos, aunque a la vez «les alienta para que sean osados, pero realistas». Otro ejemplo que viene a la memoria de Xabier R. Blanco se remonta a la Navidad de 2014. «Un grupo de diseñadores analizaba por qué una colección femenina de prendas asimétricas no funcionaba en tienda. Llevaban toda la tarde dándole vueltas. Llegó por allí Ortega y les dijo que sus clientas viajan en autobús y metro y al alzar su mano para agarrarse a las barandillas de estos transportes con esa ropa se les veía el sujetador, que no era práctica, y fue retirada».

Para realizar su biografía «no abrió puertas, pero tampoco cerró ventanas, permitió que hablaran las personas que están a su lado, las que mejor le conocen». Uno de ellos, Javier Cañás Caramelo (fundador de la conocida empresa textil que lleva su segundo apellido como nombre), le contó para el libro que «para Amancio Ortega no existe el no; no hay nada imposible».

Y su largo camino empresarial da fe de ese tesón inquebrantable. Después de abandonar León, empujados por el intenso frío de la montaña más que por el ambiente bélico de la Guerra Civil, según reconoció posteriormente su progenitor, la familia Ortega Gaona vivió en distintos puntos del país hasta que aterrizaron en La Coruña cuando su benjamín tenía ocho años. Su primer empleo, como dependiente en una camisería, le permitió observar con 14 años cómo funcionaba el negocio textil. De allí se fue con 17 para trabajar en otro comercio: La Maja. Ya con un ímpetu imparable en 1963 fundó junto con su primera esposa, Rosalía Mera, su hermano y la mujer de éste Goa (acrónimo de su nombre y apellidos al revés, germen de Zara y del imperio Inditex), donde comenzaron a fabricar batas de boatiné rosas. Doce años después abrieron su primera tienda en esta ciudad gallega. Ahora su tienda fetiche, Zara, vende 50.000 referencias con 18.000 diseños.

El modelo de negocio de Inditex se estudia en las más prestigiosas universidades del mundo. Él, sorprendido, resume su filosofía en un único secreto: «Tienda, tienda, tienda; después de que las extendiera por todos los continentes se lanzó la venta por Internet», señala Xabier. Curiosamente, ironiza, «Amancio no cree en la Bolsa, no le seduce; cree más en el patrimonio tangible, edificios, otras inversiones». Los índices bursátiles le catapultaron el viernes a la cima el mundo.

De la falda leonesa de Pajares a la cima de ‘Forbes’