jueves 21.11.2019
EL CRIMEN DE ISABEL CARRASCO De frente y de perfil

La culpa fue de la tele

Rosa Larráinzar eclipsa el desfile de testigos de la Agencia Tributaria.

La culpa fue de la tele. Y de los pueblos que se quejaban de no ver la tele. No podía ser de otra manera en el juico más mediático y televisivo de la historia de León y casi de España. Rosa Larráinzar, funcionaria jubilada de la Diputación después de 38 años de servicio, fue el detonante de la contratación de Triana Martínez en la Diputación: «Sólo veían la primera y la segunda cadena y mal. Yo le pedí a Pano (por el diputado Cipriano Elías Martínez) que trajese a alguien que entendiera de aquello, porque me llegaban las cosas y no sabía resolverlas».

Pano encontró a una ‘teleco’ en Astorga. Era Triana Martínez. Contratada a dedo mediante el simulacro de una bolsa de empleo, Larráinzar acreditó que la joven, pese a sus alabadas cualidades como cerebrito, no estudió la oposición primero, porque cuando se llevaba bien con Isabel Carrasco, Triana decía: «Esa plaza no hay quien me la quite», y, una vez que cayó en desgracia, «porque no voy a aprobar». Fue a partir del verano del 2010 cuando «ya no contaban con ella», aclaró.

Rosa Larráinzar era la jefa del servicio de Cooperación de la Diputación, veterana de la ‘casa’, licenciada en Derecho y eficaz gestora de los planes provinciales. Hasta que llegó Isabel Carrasco al Palacio de los Guzmanes cantaba las cuarenta a políticos de todos los signos, aunque ella era más bien del PP.

A Isabel Carrasco también le plantó cara. Sin éxito. Fue desterrada a San Cayetano como la mayor parte de los funcionarios y funcionarias de los servicios de la Diputación históricamente accesibles para la ciudadanía en el Palacio.

Su testimonio ilustró meridianamente cómo funcionaban las cosas en la Diputación antes y después de la llegada de Isabel Carrasco a la presidencia. La empleada, jubilada en vida de la finada, se despachó a gusto en la sala de vistas. Nada que ver, en apariencia, con el ‘sistema operativo’ de la Agencia Tributaria a la hora de fiscalizar a la contribuyente Triana Martínez, residente en León y con domicilio de notificación en la Comisaría de Astorga.

Los cinco testigos de la Agencia Tributaria, llamados a declarar por la defensa de Triana y Montserrat, explicaron por activa y por pasiva las inspecciones tributarias a la acusada motivadas, como pretende la defensa, por la persecución de Isabel Carrasco. El administrador de Astorga fue expeditivo: «El ordenador saca un chivato, un filtro y hay que ir a comprobar. Nos lo exige el programa», explicó Julián Benito Benito.

Triana no sabía que Hacienda somos todos. Incluso ella. Los funcionarios públicos recalcaron que las inspecciones se deben a desajustes en los cruces de datos. Que a Triana le perseguía el ordenador no convence al abogado de la defensa, José Ramón García. Da la puntilla al testigo con la última pregunta: «¿Y si quien mete los datos los mete mal? Indirectamente se puede provocar una inspección». Ojo al dato.

Las ordenara o no Isabel Carrasco, cosa que dejó entrever al preguntarles si sabían quién daba la orden en Valladolid, al fisco no le faltaba razón, aunque a veces por pocas cantidades. Hacienda no perdona.

Si no fuera por la gran alfombra como espacio neutral entre testigos y juez, jurado popular y partes del crimen, ayer la sala de vistas hubiera pasado por un plató de televisión. Cámaras hay de sobra, para el circuito institucional y para el documental que prepara Justin Webster sobre el asesinato.

Hubo sonrisas y lágrimas. Triana se emocionó cuando Rosa Larráinzar sacó a colación los tiempos de «vida y dulzura» entre la presidenta y la ‘teleco’. «Los compañeros de café me decían que no la ayudara, no se fiaban de que le contara a Isabel Carrasco lo que decían».

Cuando la «despidieron», dijo antes de rectificar «cuando no sacó la plaza», la jefa de Cooperación también quedaba a tomar café para consolar a Triana. Y eso que la joven se había enfadado con ella por retirarse del tribunal de la oposición amañada con «un recomendado de un amigo de la presidenta». «Ya lo había dicho en Personal. No sé por qué me metieron en el tribunal. Primero no sabía del tema y segundo, había ido a comer dos veces a casa de los padres de Triana y no quería estar». La sustituyó Isabel Fernández, afín a Isabel Carrasco. El culebrón continúa.

La culpa fue de la tele