sábado 24/10/20
ENTREVISTA

«Los niños deben conocer la realidad aunque sea cruda, pero con esperanza»

«Hay muchas cosas en la vida que no se pueden enseñar, se tienen que inculcar con la práctica y el ejemplo», asegura Jeanette Dayana Pérez, presidenta de una fundación que nacía en México hace dos años con el objetivo de proveer una educación de calidad y valores humanos a niños de bajos recursos.
La presidenta de la Fundación Delia Morán, Jeanette D. Pérez, durante su visita a León

Convencida de que «el amor, la fuerza de voluntad y el optimismo» son más importantes que todos los dólares del mundo, la presidenta de la Fundación Delia Morán, Jeannette Dayana Pérez, viaja desde México para asistir a la inauguración de la escultura del Pendón Leonés que hoy ve la luz en la explanada de la Junta.

—¿Qué es la Fundación Delia Morán?

—Es una asociación sin ánimo de lucro que se encarga de proveer una educación de calidad y valores humanos a niños de bajos recursos en México. Pero nuestro mensaje no es sólo para ellos sino para todos los niños del mundo.

—¿Desde cuándo está en funcionamiento?

—Iniciamos la andadura en el 2013, pero trabajamos en el proyecto desde el 2009.

—¿Cuál es el modo de proceder que tiene?

—Ahora mismo tenemos un programa de contratos y servicios que se encarga de buscar a los niños en un total de trece comunidades y traerlos a la fundación. Les ofrecemos programas de diversas áreas; conocimientos, formación, artes... todo con la calidad por bandera, porque lo que queremos es que el los niños vayan conociendo otros estándares y una vez los conozcan, vayan a su casa y busquen un cambio de dirección en su vida. Ahora mismo estamos centrados en innovar nuestros programas de forma continua según vemos cuáles son las necesidades de la comunidad. Se ha vendido que la tecnología, las redes sociales, Internet, etc, son las herramientas básicas que un niño tiene para aprender, pero si en sus raíces no se asienta una buena autoestima, unas gotas de optimismo y mucha esperanza, ellos no van a aprovechar ninguna de esas herramientas que la sociedad pone a su alcance.

—¿Es la desigualdad el mayor problema a la hora de acceder a la educación en México?

—Sí. Existe la educación privada, que es muy buena, y la pública que no es todos los casos lo es. Sin embargo, hemos descubierto que no los niños con mejor coeficiente intelectual son aquellos que presentan mejores notas, ni tampoco los que tienen acceso a educación privada. Es más importante que encuentren a gente en su comunidad que les presta amor incondicional. Desde la Fundación Delia Morán creemos en la educación de calidad para todos.

—Más que una escuela, actúan como una gran familia...

—Así es, no sólo inculcamos conocimientos, sino valores. Hay muchas cosas en la vida que no se pueden enseñar, se tienen que inculcar con la práctica y el ejemplo.

—¿Ven ya algún fruto?

—Muchos. Los niños llegan con problemas de todo tipo —sobre todo familiares— carencias que por respeto a ellos no menciono al detalle. Tanto a los pequeños como a sus padres les ofrecemos terapia psicológica, analizamos cada problema que tienen y poco a poco vamos consiguiendo que estas familias estén cada vez más unidas, que los niños vayan elevando su nivel académico, que su autoestima sea mayor, que crean en que pueden alcanzar sus sueños. Que no sean esos niños que se resignan a un futuro mejor por el mero hecho de haber nacido aquí, sino que digan: ‘Yo puedo iniciar el cambio de mi familia y de esta generación’.

—¿Cuáles de esos programas de formación destacaría?

—Ahora mismo tenemos en marcha un programa de lectura en el que los niños se leen un libro por semana con sus padres. Hay que tener en cuenta que algunos no han leído nada en su vida. Por otra parte contamos con un programa de nutrición que se asemeja a una materia. Ellos tienen que aprender lo que es la nutrición y la alimentación cada día y junto con el chef deberán cocinar varios platos saludables. Y sobre todo, que la sociedad se sensibilice con nuestro proyecto. No sólo con recursos, sino con optimismo. No le digas a ese niño que lo ha hecho mal, sino que puede hacerlo mejor, no lo desanimes. Eso vale más que cualquier dólar.

—¿Y dentro del programa de valores?

—Hay muchas empresas que se jactan de decir: ‘Nuestros valores son el respeto, la tolerancia’... eso queda bien sobre el papel. Pero nosotros los inculcamos día tras día. Conforme el niño va demostrando que cumple con estos valores —amor a la naturaleza, fuerza de voluntad, tradición, nobleza y muchos otros— se le entrega un reconocimiento por haberlo puesto en práctica. La determinación es básica para que los niños logren cumplir estos valores.

—¿Qué ha hecho mal la sociedad para que esos valores hoy no sean prioritarios?

—No me atrevo a juzgar qué hemos hecho mal. Pero creo que si manejáramos nuestros conflictos personales con amor todo cambiaría. Sin odio, ni sentimiento negativo. A los niños les enseñamos que la realidad es necesaria aunque sea cruda, pero siempre con la esperanza por bandera. Porque la realidad sin esperanza supone un fracaso.

—¿Cómo llegan a la fundación?

—Realizamos un estudio sociológico y, con el apoyo del Estado y el DIF, nos ayudan a encontrar a los niños de entre 6 y 12 años que más necesidades tienen.

—¿Cuántos se forman en sus instalaciones en la actualidad?

—Ahora se forman un total de 300 niños. Todos reciben uniforme, materiales, alimento...

—¿Cómo se financia el proyecto?

—Todos los gastos corren a cargo del Fundación Delia Morán junto con el apoyo del Grupo Vidanta.

«Los niños deben conocer la realidad aunque sea cruda, pero con esperanza»