jueves 28/10/21

La nueva y apacible vida de Montserrat y Triana en Asturias

La autora del asesinato de Isabel Carrasco y su hija no han recibido ninguna sanción disciplinaria desde que están en Villabona
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Montserrat González durante la declaración en el juicio. RAMIRO

Privadas de libertad desde hace hoy seis años, Montserrat González y Triana Martínez, la autora confesa del crimen de Isabel Carrasco y su hija, considerada cooperadora necesaria, viven una tercera etapa de reclusión mucho más pacífica que sus complicados inicios en el Centro Penitenciario de Villahierro y su fase algo menos tormentosa en Villanubla (Valladolid). No consta un solo parte de incidencias en Villabona desde que Instituciones Penitenciarias concedió a través de su Secretaría General el ansiado traslado que llevaban pidiendo las dos. El tiempo ha demostrado que sí podían adaptarse a la vida en reclusión. Sólo era cuestión de encontrar el espacio. Desde el 9 de octubre de 2018 son internas de la cárcel de Asturias.

En Villabona han tomado la determinación de asumir las circunstancias. Hoy hace media docena de años, tres disparos (uno al centro de la espalda y dos a la cabeza para rematarla) terminaron con la vida de la presidenta de la Diputación Provincial de León en la pasarela del puente del río Bernesga más cercana a la sede del Partido Popular, a donde se dirigía la víctima para acudir a un acto de campaña de Mariano Rajoy en Valladolid. «Volvería a hacerlo, era su vida o la de mi hija y lo tuve fácil para elegir». Lo dijo Montserrat en la primera sesión del juicio en la Audiencia Provincial que deparó una condena de 22 años de prisión. La pena no varió en ninguna de las instancias judiciales por las que pasó la causa.

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Triana Martínez durante la celebración del juicio. RAMIRO

Sí lo hizo la conducta. En la penitenciaría de Mansilla de las Mulas la inadaptación fue evidente. Ahora se ha sabido que entre los partes de incidencia múltiples que se registraron en aquella etapa, figura incluso uno por daños en el material de trabajo. Las reclusas del módulo 10 de León no fueron modélicas. Los funcionarios asistieron atónitos a numerosas quejas por escrito de las dos reclusas ante la dirección de la prisión por supuestas prácticas de discriminación que nunca tuvieron repercusiones laborales para los trabajadores del centro. «Nunca se les hizo nada, sinceramente. Al revés, se tuvo con ellas la paciencia que no se habría tenido nunca con otros presos por el asunto que era y por la repercusión que estaba teniendo el caso».

No hubo problemas de ese tipo nunca con Raquel Gago. Ni los hay ahora. Las tres coincidieron solamente en la etapa de prisión preventiva unos meses, pero sus comportamientos fueron bien dispares. «Raquel lloraba y lloraba al principio y luego acabó ganándose el cariño de los funcionarios. Le gustaba mucho charlar con ellos», señalan desde Villahierro. Abandonó la penitenciaría tras un segundo ingreso y permanece ahora en Alcalá de Henares, a la espera de la concesión de un primer permiso. Depende de un informe subjetivo.

La nueva y apacible vida de Montserrat y Triana en Asturias