miércoles. 29.06.2022
Patrimonio industrial

La octava maravilla que dejó Caminos de Hierro del Norte en León

El rico patrimonio industrial de bienes ferroviarios que atesora la capital leonesa no siempre ha gozado de la protección necesaria
La estación de clasificación de mercancías es uno de los edificios emblemáticos del ferrocarril en la capital leonesa. MARCIANO PÉREZ
La estación de clasificación de mercancías es uno de los edificios emblemáticos del ferrocarril en la capital leonesa. MARCIANO PÉREZ

Hay un signo de grandeza en el repertorio de elementos que jalonan la historia del ferrocarril en León. Tan grande que, a veces, recibe el trato de las herencias valiosas que se interpretan como una ruina, porque mantenerlas es tan costoso como ignorarlas.

El caso del depósito de agua de los talleres de vapor que mereció la presencia del rey Alfonso XII al que le buscaron una esquina en una calle desierta del extrarradio de la ciudad la pasada semana es un ejemplo, que pone énfasis en el patrimonio ferroviario leonés, al que interesa olvidar porque conservar las cosas valiosas conlleva un coste. Hay maravillas que trascienden a la marquesina de la vieja estación, que se salvó de los hornos de la fundición por empeño de algunos políticos leoneses y algunos guardianes del legado del ferrocarril, a los que la ciudad no ha tenido la decencia de agradecer el detalle.

Se puede incidir el repaso en la grúa de carga que está sujeta en una peana de hormigón a al extremo del aparcamiento, fechada en 1935, armada en una estructura metálica acorde a la época, que se dedicaba a la carga y descarga de vagones de mercancías. Es parte de ese repertorio con el que la compañía de Caminos de Hierro del Norte aportó a la vanguardia de León que avanzó al son del ferrocarril. La estiba era signo de avance; la evolución industrial de León llegó hasta donde llegó gracias a lo que el ferrocarril dejó en depósito en esta tierra, que ahora mira con desdén a aquellos momentos de progreso, que no volverán.

El distintivo de los Caminos del Norte era una estrella que está grabada a cincel en la estructura de una de las viviendas de las casillas de los guardabarreras que permanecen en pie junto al límite que fue del paso a nivel del Crucero, la brecha y la tirita, la herida y la costura de un tren que hoy emerge a esa altura después de superar la losa que trajo la reforma. La estrella del tren era metalúrgica, puntera, exclusiva. Otra aportación a la máxima de que sabes que las perspectivas son nefastas cuando ves que el futuro nunca será tan próspero como el pasado. Ahí está a dónde llega el tren en León y a dónde llegó; y cómo llegó.

Hay que mirar con ojos de nostalgia al edificio que albergó la estación de clasificación de mercancías, emplazado junto a ese espacio que en el argot ferroviario se denomina hoy clasificación, que recompone retales si se compara el tráfico y la afluencia con otros lugares donde la inversión, la posición y la trayectoria del negocio circula a años luz del pulso que transmite en León. Un edificio armado en 1929 , por Caminos de Hierro, puntero en la época, escoltado por un depósito de agua que es también legado patrimonial en ese conjunto ferroviario que se pierde en la maraña de la playa de vías que se puede observar desde el puente del ferrocarril, n eses espacio del anonimato que disuelve el inicio de la avenida de Portugal y el final de Fernández Ladreda. El cerramiento de mampostería, el ladrillo de cara vista, los dinteles, el forjado y la cornisa, la carpintería y la cubierta en teja, ponen la guinda a un pastel que fue postre de plato de alcurnia en aquel León que floreció en torno al tren por más de cien años.

                      Aguadera de vapor arrojada en un terreno ferroviario. DL
Aguadera de vapor arrojada en un terreno ferroviario. DL
                      Casillas de las contrabarreras del Crucero. MARCIANO PÉREZ
Casillas de las contrabarreras del Crucero. MARCIANO PÉREZ

El antiguo taller de remolcado es otro testigo de cargo de aquel momento en el que el curso de la vía del tren fue un renacimiento leonés, a la pare en arquitectura, en ingeniería, en soluciones industriales, que se apegan siempre al hierro y a sus negocios auxiliares.

Ese inmueble ya tenía cimientos en 1922. Demasiado tarde para figurar en la lista de elementos pioneros si se llega a comparar con el momento del anclaje al depósito de agua de la estación de viajeros, que tiene referencias de 1880, y la última vez que se dejó ver fue en una foto entre la vegetación que circunda el perímetro del la estación vieja de clasificación, entre la maleza que ahoga con menos eficacia que el olvido. Dos columnas de hierro fundido sostenía el vaso, que no era cilíndrico ni ovalado, y sirvió a la compañía de Caminos de Hierro del Norte (qué distinción societaria tan acorde al objeto social y al propósito que perseguía) para dar soporte y servicios a una estación pujante y referente en el mapa del ferrocarril.

León había de pintar algo en el concepto socio político del estado para disponer de elementos de referencia en la modernidad que avanzaba a la par que el tren; algo pintaría para que el rey Alfonso XII hubiera abierto hueco en su agenda para inaugurar los talleres de vapor, en donde se colocó por aquel tiempo el depósito que la pasada semana Renfe colocó a ras de suelo, mientras acomoda el tiempo y el momento de la reparación de la estructura que lo sostenía en terrenos del taller de remolcado, que escolta desde casi los mismos tiempos en los que fue levantado; antes de finales del siglo XIX León disfrutaba de una posición estratégica en el mantenimiento del ferrocarril mucho más lustrosa de la que ahora defiende en medio de la resta, la pérdida de empleo, la disolución del núcleo.

                      Grúa de descarga de mercancías de principios del siglo XX. DL
Grúa de descarga de mercancías de principios del siglo XX. DL
                      Grabado conmemorativo de la inauguración de los talleres. DL
Grabado conmemorativo de la inauguración de los talleres. DL

Hay viviendas al lado de las vías, también con la vitola de la herencia patrimonial que distingue a lo exclusivo; con sus tejados de alero extendido, que impone ese perfil señorial a los edificios del gris del granito que tira a marengo desde la orilla de las vías, ahora que ya no queda casi quien mire hacia las páginas centrales del testamento del tren en León. Hay un amplio repertorio de legado histórico en los bordes de la azucarera Santa Elvira, que también tuvo que ver con la prosperidad del ferrocarril en León; su caída y condena, que superó en algunos años el desvanecimiento de la molturadora de remolacha.

Una de las situaciones más optimistas en torno de cada uno de estos legados que dejó la época dorada del ferrocarril en León, acaballada entre dos siglos y dos tiempos de encumbramiento de un sector, llega cuando se repasan las prescripciones de los técnicos de patrimonio al hilo de las necesidades de mantenimiento de estos elementos protegidos; algunos, con cuidados de ferretero para sus remaches que acordonan las chapas, aplicación de capas de imprimación y pintura, estarían al margen del peligro de muerte. Ahora, basta con comprobar si la política está a favor de invertir para salvar este legado de piezas históricas para salvaguardar el patrimonio ferroviario de León o decide hacerlo con el mismo interés que emplea para resolver el futuro del tren en la provincia.

                      Depósito de agua de talleres de finales del siglo XIX. MARCIANO PÉREZ
La estrella de Caminos de Hierro del Norte. MARCIANO PÉREZ
                      La estrella de Caminos de Hierro del Norte. MARCIANO PÉREZ
Depósito de agua de talleres de finales del siglo XIX. MARCIANO PÉREZ

 

La octava maravilla que dejó Caminos de Hierro del Norte en León
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