viernes. 07.10.2022

La tesis de que el crimen fuera cometido en un ataque de ira como venganza por el inminente desahucio del asesino confeso y su familia pierde vigor entre los investigadores. Gana fuerza el argumento del robo con violencia que, en un momento dado, se fue de las manos a su autor.

Así las cosas, el sumario de la causa incorpora documentación referente aun sobre con 3.000 euros que se halló en poder de la esposa del acusado. En su declaración, que consta en las actuaciones, figura su argumento. Sostiene que su marido bajó a tirar la basura uno de los días del confinamiento y se encontró un coche aparcado en la calle, con las ventanillas bajadas y un sobre de dinero en el asiento del copiloto, que recogió y le entregó a la madre de sus hijos para hacer frente a su delicada situación económica, ya que se encontraba en paro.

«La víctima, llevaba a veces mucho dinero encima, de la recaudación del bar, y quizás la idea era darle un tirón y quitarle el bolso», explicaron fuentes policiales. De hecho, en la escena del crimen el bolso de la mujer apareció volcado, totalmente vaciado, hasta los peines. Quizás alguien dio la idea al autor confeso de que sería fácil robar a su casera. Quizás otro vecino. Uno de ellos, el del primero, fue detenido por encubrimiento y luego puesto en libertad con cargos. Los agentes investigan ahora quiénes eran los que más contacto tenían con el asesino.

El arma nunca apareció. El sospechoso contó que la había tirado en la calle, en una alcantarilla a la derecha de la salida de su portal. Que después de limpiarse la sangre de la lallecida se fue a dar una vuelta por el barrio y compró dulces para sus hijos. Luego, regresó a su casa, se quitó la ropa, la metió en la lavadora y se duchó. Su mujer explicó que le había visto una herida en la mano, pero que él le dijo que se había cortado arreglando un patinete de su vecino del primero. Es el otro implicado en la causa penal.

El 25 de marzo de 2020, se halló en el interior de su domicilio el cuerpo sin vida de una mujer de 65 años. Era la propietaria de un bar y de todo el inmueble en el que residía.

La víctima, hallada por uno de sus hijos en el suelo de su dormitorio, presentaba múltiples heridas por arma blanca. En el piso no se encontraron señales de robo ni forzamiento en las entradas o accesos. Ninguno de los vecinos manifestó haber oído ruidos extraños o discusiones en el domicilio. Tampoco se tenía constancia de que la fallecida tuviera enemistades, ni se detectaron sospechosos. Luego todo cambió.

La Policía no cree la tesis de la venganza por desahucio y tira del hilo de los 3.000...
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