sábado 24/10/20
Los puestos de la discordia

La verdura no sabe dónde aparcar

El mercado de Colón cuenta con adeptos y detractores tras la resolución del Procurador del Común que pedía un cambio de ubicación
La principal queja es que los puestos, que rodean todo el edificio de la gerencia, dejan a la zona sin aparcamientos verdes. RAMIRO

A las seis de la mañana de todos los martes y viernes desde hace más de dos décadas el mercado comienza a montarse en la plaza de Colón. Un proceso que se ha visto interrumpido ahora por el coronavirus y en el que ha irrumpido la resolución del Procurador del Común que apremia al Ayuntamiento a buscar una nueva ubicación para esta cita tras la queja de los vecinos de la plaza, alegando que implica «limitaciones, incluso, de los derechos a la protección de la salud, la intimidad personal y familiar y a la inviolabilidad del domicilio, en estos casos, por los ruidos que inevitablemente acompañan a esta actividad comercial».

A pie de calle hay disparidad de opiniones, mientras que los comerciantes de la zona agraden la llegada del mercado los martes y los viernes, porque llegan «a duplicar la caja», algunos vecinos, critican los ruidos y la falta de aparcamientos que provoca, además del caos en la circulación, mientras que otros defienden los puestos.

El presidente de la Asociación de Comerciantes Ambulantes, Ricardo Torres, señala que Colón «es un mercado codiciado» y que para atender a las exigencias que implica la pandemia podrían buscar un lugar alternativo, como cuando se reformó la plaza y se trasladó a la zona del rastro. «Mientras dure el Covid, sí, pero vamos a luchar porque se quede en Colón y si hay que tomar medidas para mejorar la convivencia se hará, pero qué otro sitio, ¿donde el campo de fútbol?», asegura Torres.


Maribel Cid, desde su ventana que da a la plaza de Colón. RAMIRO

«Puede resultar incómodo, porque hay más camiones, pero el mercado es positivo», señala Juan José Carbajo, de Confitería Alonso, quien propone «peatonalizar la plaza y exigir una uniformidad a los puestos, hacerlo bonito, como se hace en otros países, y que sólo se vendiera fruta y verdura. Convertir el mercado en algo atractivo». Añade que ahora es preciso «ayudar a los vendedores más pobres y que los perjuicios del mercado son pocos frente a todo lo que reporta».

En el café Le Petit, María Méndez, señala que si quitan el mercado «los bares lo vamos a notar mucho» y añade que, sobre todo los viernes, «viene mucha gente de los pueblos. Sería un desastre, aunque también entiendo la parte de los vecinos que protesta».

Edgar Aguallo vive en Roa de la Vega, una de las calles más afectadas cuando hay mercado en Colón. El tráfico se duplica, los camiones o el ruido. «La plaza es una zona verde para aparcar y aquí no hay muchas, cuando hay mercado te quedas sin plazas», señala, para añadir: «Hay sitios más grandes para colocar un mercadillo y aquí los camiones están mal aparcados, lo peor es el tráfico y la falta de aparcamiento, porque a los ruidos te acabas acostrumbrando».

En uno de los laterales de la plaza reside desde hace unos años Maribel Cid, quien asegura que no tiene garaje y dice: «El mercado no me molesta mucho, porque tengo la ventaja de tener buen aislamiento. Cuando hay mercado me dejan un pasillito para poder salir del portal. Para mí es útil, aunque yo no compro sí lo hace mucha gente y a las cuatro de la tarde ya está todo limpio». Carmen Fernández también vive en la misma plaza de Colón. A ella le resulta «indiferente» la llegada de los puestos los martes y los viernes y también remarca que para los negocios de la zona «es beneficioso». Eso sí, el gran inconveniente para ella es el problema que se genera con el aparcamiento.

Para vecinas del entorno de Colón como María Ángeles Díez y Margarita Pedrosa, el mercado «está en un sitio muy beneficiosos para todos, en el centro» y si se trasladar a otros sitio «daría igual, las consecuencias serían las mismas para otros vecinos». Concretan que si lo trasladasen, no podrían ir a comprar las frutas y verduras, y añaden que entienden que a la gente que vive en la misma plaza la situación que se genera los días de mercado les afecte, «pero yo también tengo coche y esos días tampoco puedo aparcar».

La verdura no sabe dónde aparcar