domingo 23/1/22

Vigilantes privados gestionan el corte de tráfico en la principal vía de Eras

El cierre en hora punta de Reyes Leoneses y Cruz Roja causa un atasco histórico en la ciudad
                      Agentes privados, que regulaban el tráfico en Reyes Leoneses. DL
Agentes privados, que regulaban el tráfico en Reyes Leoneses. DL

En pleno caos, la avenida de Padre Isla, y la prolongación hacia la carretera de Carbajal, se convirtió en una réplica de la ronda este. La carga de tráfico derivó del corte del nudo clave para la fluidez del barrio más populoso de la ciudad en una hora de regreso, del trabajo, de las compras, o del ocio. Regreso a casa en un lugar acordonado. «Es por un rally», excusó la voz que atendió desde de la centraliza de la policía local de León a las preguntas de los usuarios, sorprendidos por el trance de no poder llegara casa en coche y de no tener donde aparcar, por la saturación de la zona.

Dos horas de cierre de los accesos a Reyes Leones, desde las rotondas de cabecera y desarrollo, desde el enganche a San marcos y Suero de Quiñones hasta la circular de la intersección con Santos Ovejero, sin opción de filtro en Cruz Roja, ni en la perpendicular que hace esta vía hasta asomar a la glorieta de Pinilla, rotonda del Avión mediante, y puente incluido, rompió el techo de cristal del colmo del tráfico en León. Coches en círculo y boucle, en torno a una cadena de manzanas en las que se decidió estrangular el tráfico en hora punta. Con especial efecto para los residentes de la zona, que no pudieron acceder a su casa en dos horas, entre las ocho y las diez de la noche, con una temperatura exterior de dos grados.

Pese al frío, se caldeó el ambiente. Sobre todo, una vez que los afectados comprobaron el distinto grado de la intensidad del corte, con diversos criterios dejados a decisión de agentes reguladores que no eran policías de tráfico. Llegar al garaje, no. Pero se podía acceder a un centro comercial de la zona, gracias a la regulación especial en la plataforma derecha de Reyes Leoneses desde el engarce de la avenida Santos Ovejero. Ahí estaba localizada una situación inaudita en los anales de la regulación del tráfico en la capital leonesa. El control lo ejercían operarios privados, de una empresa de seguridad, que hacían las veces de policías municipales. Ataviados con un chaleco reflectante y una porra colgada a la cintura.

Agentes de la policía local de León rehusaron analizar este asunto, sus causas y sus razones, y se limitaron a explicar a este periódico que el corte, en general, estaba motivado por la celebración de una prueba de motor.

Una de las réplicas del seísmo de circulación que ocasionó el corte tuvo los efectos más severos en la avenida del Padre Isla, y en la carretera de Carbajal, donde termina por vomitar casi todas las bocanas de tráfico recurrente que circunvala León por el Este, y programa la entrada desde Cantamilanos, o la ronda interior figurada que termina por convertir a la calle Álvaro López Núñez en un apéndice más de la circunvalación imaginaria; al fondo, estaba el primer cepo, en el cierre de Cruz Roja; el segundo, en el puente tendido a Pinilla; el tercero, en el perímetro de Suero de Quiñones, donde se daba comienzo a la pescadilla que terminaba por morderse la cola en Santos Ovejeros, donde la ya citada vigilancia privada decidía si sí o si no.

Dos horas de caos. Poco antes de las diez, se levantó la barrera; las vallas quedaron apostadas en los chaflanes. Esta tarde, entre las cuatro y las nueve se prevé repetir la operación.

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