martes 12.11.2019
| Reportaje | La patrona, de nuevo en casa |

El adiós a la Virgen milagrosa

La imagen del Castro se despidió de Astorga bajo la lluvia y volvió a provocar una oleada de fervor popular que cristalizó en la presencia de 35.000 romeros en su regreso al santuario
El adiós a la Virgen milagrosa

astorga

Todo salió como estaba previsto, no faltó ni la lluvia. Con las primeras luces del día los procuradores de la tierra recogieron a la Virgen del Castro del convento de Sancti Spiritus, en el que las monjas de clausura la velaron toda la noche y le cambiaron el atuendo por otro más propio para el traslado. Entre cánticos y rezos la pequeña talla fue portada hasta la catedral, abarrotada de fieles, en la que aquélla fue objeto de la última de las misas para rogar agua para los campos.

La imagen mariana fue portada a hombros por sacerdotes a la salida del templo, y escoltada por el obispo, Camilo Lorenzo. Una representación municipal acudió a la despedida.

Una fuerte lluvia empezó a caer mientras la Virgen de Castrotierra abandonaba la ciudad por la bajada del Postigo, lo que motivó que los procuradores de la tierra decidieran proteger la talla con un plástico. Los pendones se empaparon, pero muchos mozos optaron por pujarlos desplegados, en la confianza de que las telas se secarían de esta forma más deprisa. De ese modo, envuelta en un manto de plástico, llegó la Virgen a Celada de la Vega, donde, a petición de los devotos y en vista de que la lluvia había cesado, la talla fue descubierta para continuar así el resto del camino. También al llegar a esta población los romeros dedicaron a la venerada imagen una salve y una canción popular, mientras un sacerdote le dedicó la caricia protectora de un incensario.

Fuentes de los procuradores de la tierra indicaron ayer que la procesión de regreso reunió a más fieles que la llegada, y cifraron en unas treinta y cinco mil personas el número máximo de participantes en el acto. La Virgen fue recibida por representantes municipales de los ayuntamientos por los que atravesó el cortejo. Los romeros caminaron a buen ritmo a lo largo de los 19 kilómetros que separan el santuario de Castrotierra de Astorga, y amenizaron el camino con música de dulzaina y tamboril, en un ambiente de devoción pero también marcadamente festivo. Una vez en el castro la Virgen del Rosario fue portada de nuevo al encuentro con la patrona, y ambas iniciaron la subida hasta el santuario en el que tuvo lugar la misa de bienvenida. Al término de ésta muchos fueron los romeros que se animaron a disfrutar de una comida campestre en los alrededores de la iglesia.

El adiós a la Virgen milagrosa