domingo. 05.02.2023
| Reportaje | El supermaestro |

Al ritmo de las lecciones

Marcelino Palacios imparte clases en el colegio Teleno, la ULE y el Centro de Profesores de León, dirige un programa de radio, pincha música en Danzzatoria y escribe libros de texto
Marcelino Palacios posa en los pasillos del Teleno, junto a la puerta de la clase que atiende
Hace tiempo era impensable de todo punto, pero quizá hoy no choque tanto que un universitario se pueda encontrar a un profesor pinchando discos en una discoteca o sala de baile. Quizá resulte más curioso si ese mismo profesor, además de en la universidad, también se dedique a la enseñanza en Educación Primaria y sea a la vez formador de profesores, por ir adelanto sus principales actividades. Es el caso del leonés Marcelino Palacios, docente en el Colegio Público Comarcal Teleno, de La Bañeza, donde ejerce su labor como maestro con los alumnos de quinto curso, es profesor asociado de la Universidad de León y da clase en el Centro de Profesorado de la capital provincial. Pero, además, Palacios ha escrito dos libros de actividades complementarias para la editorial Macmillan, lo que le obliga a viajar por España y pronunciar conferencias, presentando los textos para refuerzo de la enseñanza del inglés. Y, por si fuera poco, los sábados por la mañana presenta en Radio León el programa Módulo Dance . La enseñanza y la música son su pasión. Menos mal que Palacios, que ha llenado de marcha los oídos de los clientes de Pachá y Capital, ya cerradas, como empleado de estas discotecas, ha tenido que dejar, en parte, su trabajo de pinchadiscos en Danzzatoria. «Hasta junio iba todos los fines de semana», explica, aunque aún hay noches en los que, si se lo piden, vuelve a su papel de pinchadiscos. Maestro y licenciado en Filología Inglesa, señala que la fórmula para desarrollar tan frenética actividad profesional se resume en «organización del tiempo y no perderlo en ver televisión», añade como coletilla «políticamente incorrecta». «Cada día es diferente» El supermaestro es un entusiasta que se alimenta de la misma energía que genera con su trabajo, igual que la dinamo de un automóvil recarga la batería: «Me gusta lo que hago. Todos los días son diferentes: se te ocurren otras formas de enseñar a los chavales y te das cuenta de cómo aprenden. Esa respuesta de los alumnos es la que te impulsa a continuar, como cuando pinchas música, que ves la respuesta de la gente y te das cuenta de si gustan las canciones que has puesto. En cambio, si un día, por lo que sea, te aburres en clase, lo mismo les ocurre a los chavales», señala de su trabajo en quinto de Primaria en el Teleno de La Bañeza. Este todoterreno de la educación se siente incapaz de trabajar en Educación Infantil y asegura que admira a los profesionales de esta etapa. «Es muy dura la Educación Infantil. Es necesaria una programación continua de actividades y un control absoluto de la clase», explica. Otra cosa son las aulas de la universidad, en las que el trato con el alumnado se realiza de «tú a tú, sin la necesidad de ese esfuerzo continuo que es necesario con los niños para que te entiendan. Con los profesores, que son los más críticos, ya sabes cómo piensan, porque son profesionales». Quizá no podía ser de otra manera, pero Palacios ensalza el esfuerzo de muchos profesionales de la educación que, tras su jornada laboral, realizan cursos de formación: «Cada vez están más motivados en el aprendizaje de nuevos métodos con los que hacer frente a la demanda educativa. Hay profesorado que, de manera voluntaria, asiste a clase de inglés después de su trabajo para afrontar los programas bilingües que se están implantando», asegura.

Al ritmo de las lecciones
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